Archivo mensual: octubre 2012

La técnica del disco rallado

Foto: radio-gt.com

Una de las quejas más habituales de los padres es que se pasan el día gritando a sus hijos para que les hagan caso. Eso crea un ambiente muy tenso, además de agotarnos física y psicológicamente. Y, peor aún, los niños se acostumbran a los gritos y aprenden a utilizar el mismo tono, de forma que el nivel de decibelios en casa sube y sube.

Hay que evitar la escalada. No debemos enzarzarnos en la discusión con los niños y estar continuamente dando argumentos, que al final nos hacen llegar al límite y comenzar a gritar. Para no caer en este hábito, especialmente con los niños que tienen respuesta para todo, podemos utilizar la técnica del disco rallado.

Es una técnica tremendamente simple pero efectiva. Cuando queramos que nuestros hijos hagan algo que sabemos que van a intentar prorrogar o evitar con mil y una excusas, les damos una orden breve y directa (“saca la agenda”, “recoge los juguetes”, “vete a la ducha”). Ante cada nueva argumentación, repetiremos la orden, sin alterarnos lo más mínimo ni levantar el tono de voz. Como mucho, podemos cambiar la entonación, pero es importante que las palabras sean las mismas.

Como con todos los cambios, encontraremos resistencia inicial y puede que tengamos que repetirlo diez o quince veces, pero no hay que confundirlo con las ocasiones en que no escuchan, parecen sordos y les repetimos la instrucción una y otra vez sin éxito. Esta técnica hay que utilizarla sólo para evitar una discusión, no cuando el niño no nos está haciendo caso. Es efectiva porque la utilizaremos en las situaciones en las que nos enzarzamos con ellos en discusiones interminables, ellos saben que así van aplazando y a veces hasta se libran de la tarea. Para los padres, tiene la ventaja de que tenemos clarísimo lo que vamos a decir, así que podemos estar relajados sin tener que pensar cómo rebatir los argumentos de nuestros hijos.

Intentad no quemar la técnica enseguida. Usadla sólo cuando veáis que empieza una discusión, que os estáis alterando en exceso o que vuestros hijos os dan una excusa detrás de otra. Pronto veréis que a la segunda o tercera repetición, el niño ya dice “vaaaale”, y se pone con la tarea. ¡Y no os olvidéis de reforzarles la conducta positiva como si no hubiera pasado nada!

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El lenguaje corporal

Foto: Peter Hapak

Cuando nos relacionamos con los demás, nos comunicamos tanto con lo que decimos como con lo que mostramos a través de nuestro lenguaje corporal. Cuando estamos relajados, a gusto con la compañía y expresando sinceramente lo que sentimos, nuestras palabras se corresponden con nuestro tono de voz,  la expresión de nuestro rostro, la postura de nuestro cuerpo, nuestros gestos y  movimientos. Pero cuando hay una disincronía por el motivo que sea (timidez, nerviosismo, al mentir…), nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos pueden ser delatados con pasmosa facilidad por nuestro cuerpo.

Cuando queremos ocultar algo, solemos prestar atención sobretodo a nuestra cara, porque es donde la verdad se refleja más claramente. No se nos ocurrirá adular a alguien que nos resulta antipático diciéndole “¡qué bien te sienta el corte de pelo!” poniendo cara de asco (o sí, si queremos ser sarcásticos). Es relativamente fácil cambiar nuestra expresión facial: es donde podemos ejercer mejor control de los movimientos, aunque haya muchas microexpresiones que puedan revelar cómo nos sentimos. Las microexpresiones son pequeños movimientos de los músculos alrededor de los ojos y la boca que suelen traicionar la expresión facial que queremos mostrar.

Podríamos pensar que los movimientos corporales no son tan importantes, pero también dan mucha información. Por ejemplo, se realizó un estudio con varias personas, que llevaban una docena de luces diminutas en partes clave del cuerpo, lo que permitía distinguir su postura y movimientos a pesar de estar en una habitación completamente a oscuras. El estudio mostró que los observadores fueron capaces de distinguir si eran hombres o mujeres, incluso la identidad de sus conocidos, sólo por la forma de caminar. También lo probaron con actores, pidiéndoles que se movieran mostrando emociones básicas, y nuevamente los observadores no tuvieron ningún problema en identificarlas.

Ser conscientes de los gestos que nos delatan nos puede resultar útil en multitud de situaciones. Por ejemplo, si queremos ocultar nuestro nerviosismo y parecer seguros de nosotros mismos en una entrevista de trabajo, es importante que nuestra sonrisa se extienda hasta nuestros ojos, que nuestros hombros estén hacia atrás y nuestra espalda recta (una buena postura es también importante para nuestra salud en general), el cuerpo ligeramente inclinado hacia nuestro interlocutor para mostrar interés, las manos reposando juntas pero no cruzadas (así evitaremos un exceso de gesticulación si estamos muy nerviosos) y mejor aún situadas en nuestro regazo, y controlar los movimientos de nuestras piernas y pies cruzándolos a la altura de los tobillos.

La escucha activa

La escucha activa es una habilidad que consiste en asegurarse de que entendemos lo que nos explican, interactuando con el que habla pero manteniendo el foco de interés única y exclusivamente en el mensaje del otro. De esta manera, nos aseguramos de haber entendido perfectamente lo que el otro quiere decir, sin distraernos pensando en lo que vamos a aportar nosotros al diálogo. También le animaremos a hablar, a través de nuestro lenguaje corporal y con algunas técnicas, de forma que podamos fomentar o recuperar la comunicación con nuestra pareja, hijos adolescentes…

A continuación ofrecemos las pautas a seguir para poner en práctica la escucha activa:

  1. Cuando alguien quiera hablar con nosotros, dejaremos lo que estemos haciendo y centraremos toda nuestra atención en él. Por ejemplo, si estábamos leyendo un libro, lo cerraremos y lo dejaremos a un lado, nos giraremos para poner todo nuestro cuerpo orientado hacia el otro, en una posición relajada, y le miraremos a los ojos. Con esto, también prestaremos atención al lenguaje corporal del otro, por si podemos entrever que hay algo más que lo que nos están contando (esto es especialmente útil en el caso de los niños, que pueden estar contándonos una cosa sin saber exactamente cómo se sienten, y necesitan que tiremos del hilo).
  2. Haremos gestos de asentimiento y expresaremos que vamos siguiendo la conversación, sin interrumpir mientras se nos expone un argumento. Asentiremos o negaremos con la cabeza, sonreiremos o nos sorprenderemos, diremos “sí”, “no”, “ajá”, “claro”, “entiendo”, ¿y entonces?”… según lo requiera la conversación.
  3. Nos aseguraremos de haber entendido lo que nos han dicho de diversas formas, por ejemplo, repitiendo la frase tal cual de forma interrogativa (¿Pablo te dijo que no sabías jugar a fútbol?), parafraseándola (¿Pablo te gritó que eras un mal jugador?) o reformulándola poniéndola en nuestras propias palabras (¿Entonces Pablo se había enfadado porque fallaste el pase?). Todas estas técnicas animan al otro a dar más detalles o a explicar otras historias relacionadas (es que Pablo siempre me está diciendo esas cosas, que no sé jugar, que siempre suspendo…), de forma que podemos ir llegando al fondo de la cuestión, a pensamientos y sentimientos que el otro no sabe o se atreve a explicar.
  4. Pasaremos lo que nos ha dicho a un lenguaje de sentimientos, bien reflejando simplemente lo que nos ha contado (“pareces muy preocupado por esto”) o “traduciéndolo” a sentimientos concretos (“debes sentirte frustrado con esta situación”). Utilizaremos también el silencio, dando tiempo a que el otro ordene sus pensamientos. No debemos presionarle a hablar, los silencios deben ser cómodos.
  5. Preguntaremos por lo que piensan hacer para solucionar el problema en lugar de aconsejar o dar nuestra opinión (“¿has pensado qué hacer?” en vez de “¡pues no vuelvas a quedar con él!” o “¡vaya un amigo, nunca me ha caído bien!”).
  6. Si vemos a nuestro interlocutor muy bloqueado o empeñado en hacer algo que nos parece mala solución, sí podemos sugerir alguna acción (“¿Qué crees que pasaría si le llamaras?”) o recordarle situaciones similares (“¿te acuerdas de aquella vez que te peleaste con Laura?”).
  7. Expresar lo que la conversación ha significado para nosotros, validando que haya supuesto un esfuerzo para el otro (“me alegro de que me lo hayas contado”, “es un tema difícil, has sido muy valiente al compartirlo”).

Como muchas de las estrategias que proponemos, puede parece forzado o manipulador al principio, pero a medida que lo practicamos nos va resultando más natural, y los resultados son positivos, especialmente cuando la comunicación está algo dañada y la otra persona no está demasiado comunicativa, o cuando empezamos bien pero luego terminamos en una confrontación. Es importante entender el punto de vista del otro, así que no debemos asumir que ya sabemos de qué nos habla porque es un tema que también nos atañe.

¿Cómo subo mi autoestima?

“Lo más importante es cómo te ves” (Fuente: fitmindfitlife.com)

La falta de autoestima nos hunde cuando las cosas no nos vienen de cara y nos impide reconocer y disfrutar las cosas buenas que hay en nuestra vida. Un buen nivel de autoestima no sucede de la noche a la mañana, se consigue reforzándola diariamente porque incluso personas con un nivel adecuado tienen momentos de crisis, pero tienen los recursos para volver a subirla. Si no es tu caso, aquí van unas pautas para subirla y mantenerla arriba:

  • Mírate con ojos de buen amigo- seguro que hay alguien en tu familia o entre tus amigos que objetivamente no es especialmente guapo, pero como le quieres te fijas en lo bueno y te parece que es lo más bonito del mundo. Pues esos mismos ojos son los que debes utilizar para mirarte a ti. Céntrate en todo lo bueno. Escribe una lista con todo lo que te gusta de ti, sea físico (ojos bonitos, pelo brillante, manos de largos dedos, sonrisa…) o de tu personalidad (cariñoso, trabajador, amable, buen amigo…). Repasa también todas tus habilidades, las cosas que sabes hacer (enfoca siempre lo bueno, por ejemplo en lugar de pensar que no sabes cocinar piensa que preparas unas ensaladas estupendas). E incluye lo que otras personas han alabado en ti a lo largo de los años.
  • Revisa tus logros- Fíjate en lo que has conseguido en tu vida, sea lo que sea, cualquier logro es bueno. Incluso si te ayudaron, piensa que eres una persona con recursos, que sabe pedir ayuda cuando lo necesita. Si aún así no estás convencido, plantéate un pequeño reto y llévalo a cabo. Es importante que busques la información necesaria, que planifiques la ejecución… Incluso si no te saliera bien, fíjate en lo bueno que es que intentes cosas nuevas, que eres una persona capaz de ponerse retos, de prepararse y organizarse. En cuanto a la ejecución, sigue leyendo el próximo punto.
  • Nadie es perfecto- Los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada. Los demás nos equivocamos y mucho, pero los errores nos hacen aprender. Cuando te equivoques, trata de arreglarlo, averigua la solución correcta, y piensa que para la próxima ya sabes mucho más, y que seguro que lo haces mejor. Y, por supuesto, ese error no desmerece todo lo demás. Las personas tenemos muchas facetas, tal vez eso que nos hemos propuesto no llegue nunca a salirnos perfecto (sólo hubo un Mozart o un Picasso), pero tenemos otros talentos y habilidades (seguro que Mozart nunca preparó unos macarrones tan ricos como los tuyos… ¡Chúpate ésa, Mozart!).
  • Felicítate por lo que haces bien- Tendemos a dedicarle muchísimo tiempo a pensar lo que ha ido mal, y nada o muy poco a lo que sale bien. Desde el buen gusto que tenemos al escoger la ropa, lo bien que nos sienta un peinado, lo buenos conductores que somos porque paramos en todos los pasos de cebra… No lo des por hecho, lo has hecho tú y tienes que reconocerte el mérito que tiene.
  • Trátate como una prioridad- Siendo más asertivo, dedicándote más tiempo a ti mismo, haciendo algo que te apetezca por delante de otras obligaciones que no sean urgentes… No te sientas egoísta por ello sino todo lo contrario. Piensa que si tú estás bien tendrás mucha más energía y buen humor, y eso repercutirá en todos los aspectos de tu vida (así que si dejas al bebé una hora con tu madre y la dedicas a hacer algo que te guste, no estás siendo egoísta, sino que te estás cuidando para ser una mamá feliz, aunque las camas sigan sin hacer).
  • Pon en práctica “la semana de la autoestima”- Hazte una foto con una gran sonrisa y pégala en el espejo. Escribe en un papel tres (y si son cinco mejor) cosas buenas sobre ti de cada categoría (físico, personalidad, habilidades y logros) y pégalo debajo de la foto. Busca una canción que te dé energía y te haga sentir bien. Cada mañana, ponte música, mírate al espejo mientras te arreglas, céntrate en todas las cosas de la lista, búscalas otra vez en ti, mira tu foto sonriente, sonríe a tu reflejo y anímate (“¡Buenos días!¡Qué día tan estupendo!¡Vamos allá!).

Como hemos dicho, una buena autoestima no se construye en un día, así que pon estos consejos en práctica tan a menudo como puedas hasta que sientas que tu autoestima está fuerte. Sobretodo tienes que cambiar tu forma de pensar en cuanto a lo que vales y a cómo encajar las equivocaciones, interiorizando la idea de que somos personas valiosas y capaces, que nos merecemos lo mejor, y que lo malo nos sirve para aprender.

III Jornadas de Altas Capacidades

Cartel del evento

El sábado 20 de octubre se celebran en Barcelona las terceras Jornadas de Altas Capacidades Intelectuales, dirigidas sobretodo a pedagogos, profesores y psicólogos, ya que sobretodo se centrarán en la intervención educativa, pero que también están abiertas a padres y a cualquiera que pueda estar interesado en el tema.

Nosotros estaremos allí, y la semana que viene esperamos poder publicar algunos artículos con lo último sobre un tema que a veces no es considerado un problema, pero que requiere una atención especial en el aula y a nivel emocional, ya que no es nada sencillo ser padres de un niño con altas capacidades.

No sabemos si aún quedarán plazas, pero si os interesa podéis buscar información en la página del Colegio de Pedagogos de Catalunya, http://www.pedagogs.cat.