¡Mamá, mira mi hermanooooo!

Abel- ¡Mamá, Caín está intentando asesinarme otra vez!
Madre (a lo lejos)- ¡Caín, deja de asesinar a tu hermano!

La rivalidad entre hermanos, las continuas peleas y discusiones, son el pan de cada día en las familias con hijos, y una forma segura de estresarnos, ponernos de mal humor y acabar pareciendo ogros a base de gritar todo el día. El ambiente en casa está lleno de llantos, quejas, gritos y/o malas palabras, y nada tiene que ver con la paz y la armonía que esperábamos conseguir en nuestro propio hogar.

Los hermanos se pelean. Ésta es una verdad universal que se da incluso entre los hermanos más tranquilos y pacíficos, hasta que alcanzan una edad en la que consiguen más control y su relación puede volverse de complicidad (o no). Pero una cosa son las peleas puntuales, y otra que éstas amenacen el buen funcionamiento de la familia al centrar toda nuestra atención y dedicar toda nuestra energía a mediar en sus conflictos.

Lo primero que debemos pensar es que, como decíamos antes, los hermanos se pelean, así que debemos evitar sentirnos culpables o fracasados como padres. Todos los niños buscan la atención de sus padres, los más pequeños son egocéntricos, no saben compartir… Todas estas cualidades inherentes a nuestros hijos crean un caldo de cultivo para la competitividad entre hermanos. A partir de aquí, sí que podemos aprender a gestionar las emociones de los niños, enseñándoles a controlar sus impulsos, a llevarse mejor, y con el tiempo la conflictividad se reducirá. No existen los milagros, con los niños hay que tener dosis infinitas de paciencia y ser constantes, pero con el transcurrir de las semanas y los meses sí que seremos capaces de constatar la mejoría.

Algunas de las estrategias que podemos poner en práctica son las siguientes:

1- Trata a los niños individualmente- Da igual si tienes 2, 3 o más, cada niño es único y diferente, tiene su propio temperamento, sus propias necesidades… Hay niños que necesitan que les estimulen más, otros necesitan más mimos, otros una actividad vigorosa, otros prefieren pasar más tiempo solos… Tampoco tienen que tener todo igual o tenemos que regalarles lo mismo, cada uno tiene sus gustos y es válido que cada niño tenga sus propios juguetes. Debemos quererles lo mismo, pero el trato no tiene por qué ser igual. No necesita la misma atención un bebé que un niño de 3 años o un adolescente, y eso se lo debemos hacer entender. Cuando alguno de nuestros hijos se sienta dolido, debemos escucharles y explicarles lo que no podemos cambiar, o admitir los errores que hayamos podido cometer y porqué.

2- Aprende a sacar tiempo- El trabajo y la casa se llevan buena parte de nuestro tiempo diario, pero independientemente de quien trabaje fuera o dentro o ambas cosas, nuestros hijos necesitan pasar tiempo con nosotros, así que debemos plantearnos cómo sacar el máximo partido del tiempo del que disponemos en casa. Lo mejor es que los dos padres se involucren por igual en la atención a los hijos, y también que introduzcamos a los niños en nuestras actividades cotidianas. Si papá hace la cena, Juan puede ser su pinche. Si mamá dobla ropa, Anita puede emparejar calcetines. Se trata de buscar el máximo aprovechamiento de las situaciones. Aunque no parezcan óptimas para la educación de nuestros hijos, cualquier momento es bueno para conocerles mejor, para explicarnos lo que hemos hecho durante el día, lo que hacíamos nosotros con nuestros padres…

3- Dales tiempo en exclusiva- Los niños necesitan atención completa y no tener que competir con nadie por ella. Es como si tuvieran una batería en su interior que debe cargarse regularmente, de forma que luego puedan estar más relajados. La ventaja es que los niños no necesitan esa atención de la madre y del padre simultáneamente, sino que cualquier situación en la que no tengan que competir por la atención es positiva, así que si tenemos la posibilidad de dejar a uno de nuestros hijos con los abuelos, los tíos, unos amigos… además de que uno se vaya con el padre y el otro con la madre, cualquier combinación es buena para que los hermanos experimenten lo que suelen vivir los hijos únicos.

4- No les compares- Tenemos que evitar todo lo que suene a competición, desde el “mira tu hermano qué bien se porta” al “a ver quién se come primero la sopa”. Ellos ya son bastantes competitivos entre sí, así que no necesitan que les animemos. Es mucho mejor dirigirnos a ellos sin más, si se portan mal decírselo tal cual, sin involucrar a los hermanos.

5- Fomenta la empatía- Si favorecemos la expresión de los sentimientos y ayudamos a nuestros hijos a entender cómo se sienten los demás, estaremos enseñándoles a crecer con inteligencia emocional. Incluso si los sentimientos que se expresan son tan fuertes como “¡es que la odio!”, debemos aceptar que en ese momento se sienten así, y no decirles “¡no odies a tu hermana, tienes que quererla!”. Es mejor si les decimos “ahora sientes que la odias porque estás enfadado, es un sentimiento normal hacia la otra persona cuando nos peleamos, pero creo que cuando se te pase verás que sientes también cosas buenas”.

6- Refuerza el buen comportamiento- Da igual que simplemente estén viendo la tele sentados en el sofá, haz notar lo bien que se está cuando no se están peleando, diles lo contento/a que estás de que estén tranquilos haciendo algo juntos… A todos nos gusta oír que estamos haciendo algo bien, y tendemos a repetir los comportamientos que nos comportan alabanzas. Los niños no son una excepción: necesitan que les digamos qué comportamientos concretos suponen “portarse bien” y si les motivamos los repetirán. También puedes utilizar la economía de fichas de forma simplificada: por ejemplo, dales algo de la calderilla que ronde por casa cuando están juntos y portándose bien para que lo guarden en una hucha pequeña (para que tengan la recompensa pronto), y cada vez que la hucha se llene llévalos a hacer la actividad o a comprar lo que decidan (helados, cine, juego de 2ª mano de la consola…) con el dinero acumulado.

7- Ayúdales a crear lazos- Dales tareas para hacer juntos, ponles en el mismo equipo para jugar a algo contra ti, hazles recordar buenos tiempos enseñándoles fotos de fiestas o vacaciones, convence a los mayores de que sean tus ayudantes con los pequeños, y a los pequeños a hacer cosas bonitas por los mayores… Cuanto más unidos se sientan de niños será más probable que su unión continúe en la edad adulta, y además les estaremos enseñando cómo trabajar en equipo, una habilidad muy necesaria a nivel académico y laboral.

8- Distráeles- Pon la tele, la consola o sácales de casa. Reserva las actividades que sabes que triunfan para los momentos de crisis. Normalmente el cansancio es un factor que influye en la cantidad y en la intensidad de las peleas, así que ten guardado tu as en la manga para el rato en que no puedas atenderles y/o más necesites que se porten bien.

9- Introduce la música en el día a día- Desde las canciones “para recoger” de los más peques a música relajante para hacer actividades de pensar y música animada para las tareas, el ambiente estará más relajado y positivo. Cantando y bailoteando se hace todo más ameno.

 10- Sepárales- Si nada más funciona, manda a cada uno a su habitación, dales tareas por separado o que uno esté con papá y otro con mamá, lo que sea para que no tengan ocasión de rozar continuamente.

11- Enséñales a relajarse- El nerviosismo también influye en la relación entre hermanos, reduciendo la paciencia para con las particularidades de los demás. Debemos enseñar a nuestros hijos a reconocer cuándo hay un agente estresor (el cansancio, el aburrimiento, los nervios por un examen…) y enseñarles a respirar profundamente hinchando el estómago. También pueden resultar útiles las visualizaciones, más imaginativas para los más pequeños (un personaje mágico que con su varita hace desaparecer la idea de pellizcar a su hermanito/a, un policía en miniatura en el cerebro que les enseña la señal de stop…) y más simples para los más mayores (meter los malos pensamientos en una caja y guardarla en el armario, inspirar cogiendo energía positiva y espirar soltando los malos rollos…).

12- Da ejemplo- Cuando trates con ellos o con tu pareja, evita los gritos, las críticas, los desprecios… Mantén la sonrisa siempre que puedas, aunque sea una tarea engorrosa. Comparte y ofrece lo que tú tienes en vez de protestar si alguien lo coge. Utiliza el “por favor”, el “gracias” y el “perdona” contínuamente. Los niños aprenden mucho por imitación, así que deben ver la amabilidad, la generosidad y el autocontrol en la práctica.

Somos conscientes de que la lista es muy larga, pero es que como hemos dicho cada niño es distinto, y unas estrategias funcionarán mejor o serán más fáciles de aplicar para cada caso particular, así que poquito a poco. La recompensa a la constancia realmente merece la pena.

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