¡Socorro, tengo un hijo hipersensible (y más)!

“¡Me rindo!” (Fuente: parentingtouchstones.com)

Hay algunos investigadores que han apuntado que más del 15% de los niños son hipersensibles. Especialmente en el mundo anglosajón, autores como el pediatra William Sears hablan de high-need children (“niños de altas necesidades“), y también encontramos definiciones por otros autores como spirited (“animoso”) o explosive (“explosivo”), para referirse a un cuadro que se caracteriza por hipersensibilidad, mucha intensidad y energía, una gran percepción, mucha persistencia

No está tipificado como trastorno, porque son niños que dan resultados absolutamente normales en todos los tests, no tienen problemas de aprendizaje… De hecho, incluso se cree que suelen ser niños con una inteligencia superior a la media. No obstante, sus padres suelen quejarse de que tienen unas rabietas tremendas, que duran varias horas aunque se les ignore, que lloran hasta vomitar o quedarse afónicos, que no pueden salir con ellos a ninguna parte por miedo a que la monten en público, que no se hacen con ellos, son tremendamente difíciles de controlar

Los padres de estos niños se desesperan, se sienten frustrados, fracasados como padres… Todo el mundo les dice que sus hijos están mimados, que no les hagan caso y les dejen llorar, pero ellos saben que no funciona, su casa es un infierno y han llegado a tener auténtico pánico de quedarse a solas con sus hijos.

Las características de estos niños son que todo es “más” que con el resto de niños, una gran sensibilidad a cualquier sensación, especialmente auditiva y táctil (se tapan los oídos en los sitios ruidosos, se quejan de que les pica la etiqueta o les molesta un hilo en los calcetines, se ponen la manga sobre la nariz con muchos olores), son muy perceptivos (pueden hacer comentarios sobre tu estado de ánimo, están muy pendientes de todos los detalles de nuestro vestuario o la decoración de la casa), son muy intensos (lloran más que nadie, gritan más fuerte, se ríen a carcajadas a la mínima), son perseverantes (cuando se empeñan en hacer algo no hay manera de hacerles cambiar de idea), les cuesta adaptarse a los cambios (si les decimos que vamos a hacer una cosa y luego cambiamos de idea la rabieta está asegurada)…

En estos casos, hay que ser muy constantes, tener mucha paciencia y una gran creatividad, ya que los avances se dan poco a poco y lo que un día nos resulta efectivo, al siguiente ya no funciona. Enfocaremos el problema desde dos vertientes: cómo evitar las rabietas, y cómo controlarlas si se producen, para ayudar al niño a tranquilizarse. En el próximo artículo daremos las pautas.

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