El lenguaje corporal

Foto: Peter Hapak

Cuando nos relacionamos con los demás, nos comunicamos tanto con lo que decimos como con lo que mostramos a través de nuestro lenguaje corporal. Cuando estamos relajados, a gusto con la compañía y expresando sinceramente lo que sentimos, nuestras palabras se corresponden con nuestro tono de voz,  la expresión de nuestro rostro, la postura de nuestro cuerpo, nuestros gestos y  movimientos. Pero cuando hay una disincronía por el motivo que sea (timidez, nerviosismo, al mentir…), nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos pueden ser delatados con pasmosa facilidad por nuestro cuerpo.

Cuando queremos ocultar algo, solemos prestar atención sobretodo a nuestra cara, porque es donde la verdad se refleja más claramente. No se nos ocurrirá adular a alguien que nos resulta antipático diciéndole “¡qué bien te sienta el corte de pelo!” poniendo cara de asco (o sí, si queremos ser sarcásticos). Es relativamente fácil cambiar nuestra expresión facial: es donde podemos ejercer mejor control de los movimientos, aunque haya muchas microexpresiones que puedan revelar cómo nos sentimos. Las microexpresiones son pequeños movimientos de los músculos alrededor de los ojos y la boca que suelen traicionar la expresión facial que queremos mostrar.

Podríamos pensar que los movimientos corporales no son tan importantes, pero también dan mucha información. Por ejemplo, se realizó un estudio con varias personas, que llevaban una docena de luces diminutas en partes clave del cuerpo, lo que permitía distinguir su postura y movimientos a pesar de estar en una habitación completamente a oscuras. El estudio mostró que los observadores fueron capaces de distinguir si eran hombres o mujeres, incluso la identidad de sus conocidos, sólo por la forma de caminar. También lo probaron con actores, pidiéndoles que se movieran mostrando emociones básicas, y nuevamente los observadores no tuvieron ningún problema en identificarlas.

Ser conscientes de los gestos que nos delatan nos puede resultar útil en multitud de situaciones. Por ejemplo, si queremos ocultar nuestro nerviosismo y parecer seguros de nosotros mismos en una entrevista de trabajo, es importante que nuestra sonrisa se extienda hasta nuestros ojos, que nuestros hombros estén hacia atrás y nuestra espalda recta (una buena postura es también importante para nuestra salud en general), el cuerpo ligeramente inclinado hacia nuestro interlocutor para mostrar interés, las manos reposando juntas pero no cruzadas (así evitaremos un exceso de gesticulación si estamos muy nerviosos) y mejor aún situadas en nuestro regazo, y controlar los movimientos de nuestras piernas y pies cruzándolos a la altura de los tobillos.

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