La técnica del disco rallado

Foto: radio-gt.com

Una de las quejas más habituales de los padres es que se pasan el día gritando a sus hijos para que les hagan caso. Eso crea un ambiente muy tenso, además de agotarnos física y psicológicamente. Y, peor aún, los niños se acostumbran a los gritos y aprenden a utilizar el mismo tono, de forma que el nivel de decibelios en casa sube y sube.

Hay que evitar la escalada. No debemos enzarzarnos en la discusión con los niños y estar continuamente dando argumentos, que al final nos hacen llegar al límite y comenzar a gritar. Para no caer en este hábito, especialmente con los niños que tienen respuesta para todo, podemos utilizar la técnica del disco rallado.

Es una técnica tremendamente simple pero efectiva. Cuando queramos que nuestros hijos hagan algo que sabemos que van a intentar prorrogar o evitar con mil y una excusas, les damos una orden breve y directa (“saca la agenda”, “recoge los juguetes”, “vete a la ducha”). Ante cada nueva argumentación, repetiremos la orden, sin alterarnos lo más mínimo ni levantar el tono de voz. Como mucho, podemos cambiar la entonación, pero es importante que las palabras sean las mismas.

Como con todos los cambios, encontraremos resistencia inicial y puede que tengamos que repetirlo diez o quince veces, pero no hay que confundirlo con las ocasiones en que no escuchan, parecen sordos y les repetimos la instrucción una y otra vez sin éxito. Esta técnica hay que utilizarla sólo para evitar una discusión, no cuando el niño no nos está haciendo caso. Es efectiva porque la utilizaremos en las situaciones en las que nos enzarzamos con ellos en discusiones interminables, ellos saben que así van aplazando y a veces hasta se libran de la tarea. Para los padres, tiene la ventaja de que tenemos clarísimo lo que vamos a decir, así que podemos estar relajados sin tener que pensar cómo rebatir los argumentos de nuestros hijos.

Intentad no quemar la técnica enseguida. Usadla sólo cuando veáis que empieza una discusión, que os estáis alterando en exceso o que vuestros hijos os dan una excusa detrás de otra. Pronto veréis que a la segunda o tercera repetición, el niño ya dice “vaaaale”, y se pone con la tarea. ¡Y no os olvidéis de reforzarles la conducta positiva como si no hubiera pasado nada!

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