Archivo mensual: junio 2013

La profecía autocumplida

Imagen: harrypotter.wikia.com

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Expresión acuñada por el sociólogo Robert K. Merton en su libro Teoría Social y Estructura Social (1949), la profecía autocumplida o autorrealizada es una predicción de cómo va a ir algo, que por el simple hecho de pensarse o decirse hace que se haga realidad. No tiene nada de mágico ni paranormal, sino que es una muestra del poder que tienen los pensamientos sobre nuestras capacidades y nuestro rendimiento.

Cuando nos referimos a algo que no es fortuito, sino que depende de las acciones que podamos emprender, el hacer una predicción negativa baja nuestra motivación. Por ejemplo, si pensamos “las entrevistas se me dan mal, seguro que no consigo el trabajo”, nos estamos condicionando negativamente. Nos ponemos más nerviosos, tenemos menos convicción, nuestro rendimiento es peor… y acabamos por no conseguir el empleo.

Esta manera de pensar también puede afectar a los que nos rodean (efecto Pigmalión). Por ejemplo, cuando nuestros hijos nos traen las notas, lo que menos les ayuda es que les digamos “con estas notas no vas a servir ni para barrendero (por favor, que no se ofendan los barrenderos, que es una profesión muy honrada, pero son palabras textuales de una madre)”. Este tipo de afirmaciones no consiguen nada positivo, sino que desmoralizan y bajan la confianza en uno mismo.

Por mucho que nos decepcionen, siempre podemos expresarnos en otros términos. En el mismo caso, podemos decir: “ya sabes que estas notas no son buenas, e imagino que te sentirás tan decepcionado como yo… espero que hayas aprendido en qué te has equivocado para hacerlo mejor la próxima vez”. Siguen siendo unas palabras muy duras, pero a la vez expresan un mensaje con mayor confianza en el niño y en el futuro. Aún podemos hacerlo mejor, y decir: “¿Cómo te sientes? ¿Qué crees que podrías haber hecho diferente para que las notas hubieran sido mejores? ¿Crees que hay algo en lo que pueda ayudarte?”. Con estas preguntas, promovemos la inteligencia emocional, la resolución de problemas,  el aprendizaje de los errores, el vínculo…

En definitiva, tenemos que ser más conscientes del daño que hacen tanto las palabras como los pensamientos negativos, y tratar de evitarlos. Son palos en las ruedas gratuitos a la hora de conseguir los objetivos que nos proponemos. Las expectativas positivas, en cambio, influyen en la ejecución de forma que favorecen la consecución de metas. El camino elegido depende sólo de nosotros.

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Introducción a las altas capacidades

Imagen: ampacam.blogspot.com.es

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Usamos la expresión “altas capacidades” para englobar una serie de variantes de una capacidad superior a la media en algunas o varias de las diferentes inteligencias (verbal, lógico-matemática, espacial, interpersonal…), así como otros recursos como la creatividad, la memoria o la percepción. Antes de profundizar más en el tema, creemos necesario definir cada uno de los términos.

En concreto, vamos a distinguir entre superdotación, talento (simple o complejo) y precocidad:

  • Superdotación o sobredotación– Un superdotado es una persona que presenta una aptitud elevada (centil superior a 75) en todas las capacidades intelectuales. Al no requerir tener un nivel extremo, y presentar también una buena inteligencia interpersonal, algunos casos pueden ser difíciles de detectar, por estar muy bien integrados y adaptados a su grupo-clase.
  • Talento– Hablamos de talento simple cuando se tiene una capacidad muy elevada sólo en una habilidad concreta (centil superior a 90, pudiendo, por tanto, obtener en este área un rendimiento muy superior a un superdotado) y de talento complejo cuando son varias las habilidades de nivel muy elevado (por ejemplo el talento académico, que incluye la inteligencia verbal, la lógico-matemática y una buena memoria). El resto de ámbitos presenta un nivel igual o incluso inferior a la media.
  • Precocidad– La precocidad es un fenómeno asociado al desarrollo, ya que el niño está más avanzado en algunas áreas respecto a sus pares, asemejándose más a niños mayores. Al finalizar el desarrollo, sus capacidades se hallarán en la media o bien puede acabar mostrando talento en algún área en particular, pero las demás serán las que le correspondan por edad.

La identificación de las altas capacidades debe realizarse con prudencia en niños menores de 6 años, dado que faltan pruebas para evaluar aspectos tan importantes como la creatividad, y se recomienda repetir la evaluación al cabo de unos pocos años. No obstante, es importante detectarlos para intentar aprovechar su potencial desde el principio y ofrecerles la mejor respuesta educativa a sus necesidades específicas.

La psicología inversa

Imagen: nopuedocreer.com

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La psicología inversa es fácil de aplicar: consiste en decir lo contrario de lo que pensamos o queremos conseguir. Es una técnica utilizada sobretodo con los niños, ya que es habitual que muestren resistencia a lo que se les ordena (reactancia). De hecho, es algo que la mayoría hemos oído a nuestros padres e incluso nuestras pareja (o que hemos dicho), sin ser demasiado conscientes de que se tratara de psicología inversa, el consabido “Haz lo que te dé la gana, que a mí me da igual”.

Los expertos desaconsejan esta técnica con los niños, ya que mina la autoridad de los padres provocando que los hijos hagan justo lo contrario de lo que se les pide. Una buena alternativa es la “técnica de la imitación“, ofreciendo un modelado en lugar de buscar activamente la oposición del niño.

No obstante, en psicoterapia existe una técnica conocida como intervención paradójica, que está fuertemente relacionada con la psicología inversa. En los clientes que ofrecen mucha resistencia al cambio, el hecho de quitarles la presión les puede beneficiar. También puede permitirles ver las cosas desde un nuevo punto de vista. Decirles “esto es más fuerte que tú, no todo el mundo puede con ello” puede hacerles emplear otras emociones, como el orgullo, que les dé fuerzas.

La técnica de la imitación

Imagen: topnews.in

Imagen: topnews.in

Lo de “técnica de la imitación” es un nombre que utilizamos entre nuestro equipo para entendernos. No nos consta que nadie le haya dado un nombre (si alguien la conoce por otro nombre, por favor decídnoslo), simplemente empezamos a hacer esto con nuestros hijos y se lo fuimos explicando a los demás al constatar que funciona muy bien. Es una mezcla entre el modelado que se da en aprendizaje vicario y la psicología inversa.

En muchas ocasiones, necesitamos que nuestros hijos hagan cosas que no les apetece hacer, y que parece que justo porque se lo pedimos menos ganas de hacerlo tienen: un dibujito para el regalo de fin de curso de la profesora, un regalo artesanal para el día del Padre… Nos podemos quedar afónicos explicándoles lo triste que se pondrá papá, la rabia que les dará no haber participado, que es un momento o que será divertido. El niño dice que no y no hay manera de convencerle.

Aquí es donde entra la técnica de la imitación. Ante la negativa, en lugar de insistirles, optaremos por hacer nosotros lo que queremos que hagan ellos. Les podemos decir “vale, pues hago yo uno”, o simplemente “como quieras” (nada muy opuesto para no minar nuestra autoridad fomentando la desobediencia) y sentarnos a hacerlo. Lo más importante es no darle más atención, y sí ponerle nosotros mucho interés y muchas ganas. El niño pasará entonces a interesarse por lo que estamos haciendo, y antes o después querrá imitarnos, haciendo lo que queríamos que hiciera y además de buena gana.

Aún no nos ha fallado con el tramo de edad de 3 a 6 años, ¡ya nos explicaréis qué tal funciona si lo intentáis con niños mayores!

El trastorno oposicionista desafiante

Imagen: tdahsalamanca.wordpress.com/

Imagen: tdahsalamanca.wordpress.com

También llamado trastorno negativista desafiante por oposición, es un patrón de comportamiento infantil caracterizado por un rechazo a la autoridad de los adultos que se relacionan con el niño. De manera reiterada, el niño se niega a hacer lo que le dicen, se muestra hostil, responde de forma irrespetuosa, se burla… provocando una gran impotencia entre padres y profesores, que no saben cómo tratar con él o cayendo en una escalada de discusiones y/o castigos que lejos de resolver la situación parece que la empeoran.

Los criterios diagnósticos según el DSM-IV (el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría) son los siguientes:

A. Un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante, de al menos 6 meses de duración, y en el que están presentes cuatro o más de los siguientes comportamientos:

a. Se encoleriza e irrumpe en pataletas                                                     b. Discute con adultos                                                                                         c. Desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas                                                                                                                d. Molesta deliberadamente a otras personas                                       e. Acusa a otros de sus errores o mal comportamiento                     f. Es susceptible o fácilmente molestado por otros                              g. Colérico o resentido                                                                                       h. Rencoroso o vengativo

B. Deterioro clínicamente significativo en la actividad social, académica o laboral.

C. Los comportamientos no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastorno del estado de ánimo.

D. No se cumplen los criterios de trastorno disocial y, si el sujeto tiene 18 años o más, tampoco los del trastorno antisocial de la personalidad.

Este trastorno puede darse en solitario, aunque en muchos casos es comórbido (aparece de forma habitual) en niños afectados de TDAH. También es un factor de riesgo en la aparición de un trastorno de conducta en la juventud.

Se desconocen las causas que provocan la aparición de este trastorno, aunque se han apuntado dos teorías principales, una relacionada con el desarrollo (dificultades en la adquisición de autonomía) y otra con el aprendizaje (refuerzo de las conductas negativas por parte de los adultos). También se han apuntado el  propio temperamento del niño, el estrés, los sucesos traumáticos… Personalmente, creemos que probablemente todos tengan parte de razón, y sean varios los factores contribuyentes.

El tratamiento propuesto generalmente suele ser de tipo farmacológico y/o psicoterapéutico. Entendemos las dudas que genera administrar medicación a los niños, y que se prefiera un acercamiento desde la psicoterapia, pero no hay que descartar la ayuda que puede aportar la medicación, especialmente en los niños de tipo más ansioso u obsesivo. También queremos destacar la importancia de la figura de los padres como coterapeutas, ya que son ellos los que pasan mayor número de horas con los niños y su labor es importantísima. En los casos en los que también se dan conductas problemáticas en el aula, sería positiva una mediación escolar que permita explicar a los profesores el tratamiento que se está llevando a cabo y darles una pautas para ayudarles a apoyar al niño en su proceso.