La profecía autocumplida

Imagen: harrypotter.wikia.com

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Expresión acuñada por el sociólogo Robert K. Merton en su libro Teoría Social y Estructura Social (1949), la profecía autocumplida o autorrealizada es una predicción de cómo va a ir algo, que por el simple hecho de pensarse o decirse hace que se haga realidad. No tiene nada de mágico ni paranormal, sino que es una muestra del poder que tienen los pensamientos sobre nuestras capacidades y nuestro rendimiento.

Cuando nos referimos a algo que no es fortuito, sino que depende de las acciones que podamos emprender, el hacer una predicción negativa baja nuestra motivación. Por ejemplo, si pensamos “las entrevistas se me dan mal, seguro que no consigo el trabajo”, nos estamos condicionando negativamente. Nos ponemos más nerviosos, tenemos menos convicción, nuestro rendimiento es peor… y acabamos por no conseguir el empleo.

Esta manera de pensar también puede afectar a los que nos rodean (efecto Pigmalión). Por ejemplo, cuando nuestros hijos nos traen las notas, lo que menos les ayuda es que les digamos “con estas notas no vas a servir ni para barrendero (por favor, que no se ofendan los barrenderos, que es una profesión muy honrada, pero son palabras textuales de una madre)”. Este tipo de afirmaciones no consiguen nada positivo, sino que desmoralizan y bajan la confianza en uno mismo.

Por mucho que nos decepcionen, siempre podemos expresarnos en otros términos. En el mismo caso, podemos decir: “ya sabes que estas notas no son buenas, e imagino que te sentirás tan decepcionado como yo… espero que hayas aprendido en qué te has equivocado para hacerlo mejor la próxima vez”. Siguen siendo unas palabras muy duras, pero a la vez expresan un mensaje con mayor confianza en el niño y en el futuro. Aún podemos hacerlo mejor, y decir: “¿Cómo te sientes? ¿Qué crees que podrías haber hecho diferente para que las notas hubieran sido mejores? ¿Crees que hay algo en lo que pueda ayudarte?”. Con estas preguntas, promovemos la inteligencia emocional, la resolución de problemas,  el aprendizaje de los errores, el vínculo…

En definitiva, tenemos que ser más conscientes del daño que hacen tanto las palabras como los pensamientos negativos, y tratar de evitarlos. Son palos en las ruedas gratuitos a la hora de conseguir los objetivos que nos proponemos. Las expectativas positivas, en cambio, influyen en la ejecución de forma que favorecen la consecución de metas. El camino elegido depende sólo de nosotros.

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