El síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del desarrollo tipificado por primera vez en el DSM IV en 1994, pero que en la nueva edición publicada este año se incluye dentro de la categoría TEA (trastornos del espectro autista), donde quedan recogidos tanto el SA como el autismo, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Se considera que no son trastornos diferenciados sino niveles de afectación diferentes dentro del continuo del espectro autista.

Las características de los afectados por el SA son:

  • Dificultades en las relaciones sociales- Les cuesta entender el lenguaje no verbal, las convenciones sociales, les falta empatía, en lugar de dialogar monologan, les cuesta hacer y mantener amistades…
  • Problemas con el lenguaje y el habla- Puede costarles comenzar a hablar o tener un lenguaje avanzado para su edad, en cualquier caso posteriormente suele costarles entender la ironía y los dobles sentidos, adecuar el volumen a la situación, adaptarse a su interlocutor (pedantes), tono de voz monótono o peculiar…
  • Rendimiento cognitivo medio o alto, pero intereses limitados y obsesivos- Hay pocos temas que les interesen, pero saben muchísimo sobre ello, a veces incluso muestran una capacidad de memorización asombrosa de datos, que pueden parecer irrelevantes, falta de interés hacia todo lo demás…
  • Necesidad y hasta dependencia de rutinas- Siguen un patrón a la hora de realizar muchas de sus actividades cotidianas, con gran rigidez, les cuesta cambiar de actividad, reacción exagerada ante cualquier obstáculo o novedad…
  • Dificultades de desarrollo a nivel motor- Suelen ser considerados torpes, tanto en psicomotricidad fina como gruesa.
  • Estereotipias- Aleteo, caminar de puntillas…
  • Hipersensibilidad- Taparse los oídos ante exceso de ruido, la nariz por olores intensos, se quejan de que la ropa pica o aprieta…

La intervención es tan variada como dispares son los individuos que presentan SA, pero en general va encaminada a mejorar las habilidades sociales y la capacidad de comunicación, a aumentar la flexibilidad tanto cognitiva como conductual, el autocontrol ante las situaciones que les desbordan, favorecer el desarrollo motor

El papel de los padres como coterapeutas es fundamental en este tratamiento, de pronóstico optimista. El SA no tiene “cura”, pero con una buena intervención desde la infancia puede reducirse mucho la afectación de la vida cotidiana y dar lugar a adultos posiblemente algo excéntricos y peculiares pero bien integrados y capaces de llevar una vida absolutamente normal (Bill Gates y Steven Spielberg son sólo dos ejemplos de personas conocidas a las que se ha diagnosticado SA).

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