Archivo mensual: febrero 2014

¿Cómo nos afecta estar desempleados?

Imagen: patdollard.com

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Los efectos del desempleo varían en función de la situación de cada uno y del tiempo que se prolongue, pero en general podemos hablar de ansiedad, frustración, insomnio, estrés, desánimo, pérdida de autoestima, pesimismo… hasta el punto de que nuestra salud se vea afectada gravemente, llegando a obesidad, trastornos digestivos, estados depresivos, adicciones…

Es inevitable que el desempleo nos afecte. Nuestra situación económica peligra, nuestra vida social se reduce, muchos de nuestros proyectos pueden verse frenados en seco… Todos los cambios cuestan de asimilar, pero en este caso y debido a la situación en que se halla el país, quedarse en paro o lanzarse a buscar el primer empleo se antoja como una misión imposible.

En otros tiempos, quedarse en paro podía verse como una buena oportunidad de hacer un cambio a mejor, como ese empujoncito que nos ayudaba a alejarnos de nuestra zona de confort. Ahora mismo, se vive como un drama y como poco menos que una sentencia a ser desempleados de larga duración.

En esta situación, como en muchas otras, nuestros pensamientos son los que van a marcar la diferencia entre mantenerse a flote o caer en una espiral descendente. Algo que debemos tener muy claro es que hay cosas que no están en nuestras manos: la situación es la que es, hay poco trabajo y muchos aspirantes, y conseguir un empleo es difícil. Pero ante esta situación, que escapa a nuestro control, estamos nosotros y nuestros pensamientos, que sí podemos controlar.

Es nuestra decisión si vamos a luchar o vamos a bajar los brazos y dejar que se nos venga el mundo encima. Claro que es difícil mantener el optimismo si no sabemos si podremos pagar la hipoteca o el alquiler, o si podremos dar de comer a nuestros hijos a fin de mes, pero ése es el peor caso y lo que sí que acabará pasando sin luchar. Pero si no me rindo mis perspectivas son siempre mejores. Necesitamos marcarnos rutinas, decidir cuáles son nuestros objetivos y planear una estrategia.

Y es que no todo pasa por conseguir un trabajo, sea cual sea. Hemos de valorar nuestra situación, revisar nuestras fortalezas y nuestras debilidades, y en función de ello decidir. Decidir si queremos un trabajo cualquiera, si queremos el mismo tipo de trabajo, si podemos prepararnos para hacer otra cosa, si podemos ponernos por nuestra cuenta, si nos planteamos un traslado, o incluso si podemos permitirnos reducir gastos y no trabajar durante un período de tiempo más o menos largo. En el próximo artículo hablaremos de estrategias concretas para evitar el desánimo y cómo organizarnos para conseguir nuestro objetivo.

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¿Por qué es tan caro ir al psicólogo?

Imagen: bubblews.com

Imagen: bubblews.com

Una queja que los profesionales escuchamos a menudo en nuestra vida privada es “¡Es que ir al psicólogo es muy caro!”, a veces acompañada de “Si total sólo es ir a hablar un rato!”. Entendemos que ir al psicólogo es un desembolso importante, pero la consideración de caro o barato responde a dos ejes fundamentales: uno es si se paga demasiado para lo que es y el otro es si se paga demasiado para lo que se obtiene.

En el primer caso, el precio medio oscila entre los 40-80€ por una sesión de una hora. No hay un precio fijado, aunque sí unas recomendaciones de los Colegios Profesionales. Así, cada profesional decide cuánto cobrar en función de muchos factores. Hay que considerar los gastos que tiene un psicólogo por ejercer su profesión: cuota de autónomo, cuota del Colegio de Psicólogos, costes del despacho o gabinete, sueldo del personal que trabaja para él, retenciones e impuestos… Estos gastos son más o menos comunes a todos los profesionales de la salud (pediatras, ginecólogos, traumatólogos…).

A esto, hay que sumar los gastos en libros, seminarios, cursos… que realiza el psicólogo, y que garantizan una formación completa y actualizada en su área. En el caso de los profesionales de RB Psicòlegs, la media es de una o dos asistencias mensuales a algún tipo de formación, además del tiempo que dedicamos a leer revistas y libros especializados. También hay que añadir el coste de las pruebas psicológicas, que es muy elevado.

En cuanto al tiempo de dedicación, éste no se limita a la hora que se está con el cliente, sino que hay que sumarle el tiempo de preparación previo y la gestión de la información posterior, el tiempo de corrección de las pruebas, la elaboración de informes, los desplazamientos en las visitas a domicilio… Esto hace que el número de horas disponibles para estar con clientes no sea de 8 horas diarias, sino muchas menos. Otros profesionales sanitarios pueden ver tres o cuatro pacientes por hora, mientras que los psicólogos podemos ver ese número en toda una jornada. Nuestro trabajo implica recordar no sólo lo que hemos hecho hasta ahora, sino todo lo que se nos ha explicado, las aficiones, lo que le desagrada, el nombre de la pareja, los hijos y hasta la mascota, para poder conocer bien al cliente y diseñar un tratamiento adaptado a sus características, sus puntos fuertes y débiles, sus recursos… Un psicólogo muy sobrecargado de trabajo jamás podrá recordar con ese nivel de detalle y hacer un tratamiento tan específico.

En cuanto a lo que se obtiene, eso es algo que no se puede cuantificar. Acudir a un psicólogo y realizar un tratamiento de algunas semanas o meses es un gasto considerable, pero es esperable que no haga falta acudir de nuevo a consulta y que las herramientas que nos ha proporcionado el profesional nos permitan afrontar los problemas y los retos de ahí en adelante, con energía, con positividad, con recursos suficientes para superar las adversidades… El bienestar psicológico, el equilibrio personal, la armonía en la familia… en definitiva, el disfrutar de la vida y ser felices tiene un valor incalculable.