Archivo mensual: junio 2014

¡Este verano, estudia con RB Psicòlegs!

Ofrecemos nuestro servicio de estudio asistido durante los meses de julio, agosto y septiembre, en nuestra nueva sede en Av. Barcelona, 224 de Terrassa.

Estudia en grupos reducidos, ayudado por psicólogos y psicopedagogos con experiencia con alumnos con dificultades de aprendizaje. Prepara los exámenes de recuperación o refuerza lo que has aprendido durante el curso. Mejora tu capacidad de atención y de memoria, aprende a organizarte y a planificar, haz servir las técnicas de estudio más adecuadas…

Llámanos al 622 26 60 40 o mándanos un correo electrónico a rbpsicolegs@gmail.com, e infórmate de nuestros horarios y tarifas. Tenemos precios a partir de 25€ a la semana, y la matrícula es gratuita.

 ¡Aprovecha el verano!

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La reactancia

Imagen: nforo.net

Imagen: nforo.net

En psicología, denominamos reactancia al comportamiento ocasionado por la privación de la libertad para escoger, y que resulta en hacer o desear justo lo contrario de lo que se nos está prohibiendo u obligando a hacer.

Esto se debe a la activación motivacional que se genera al querer mantener la libertad de actuar: nos sentimos amenazados cuando coartan nuestras libertades, así que nos rebelamos. La intensidad de esta rebelión depende de varios factores, como puede ser la percepción general de libertad que tenemos, la importancia que tiene para nosotros lo que nos quieren prohibir, quién es la persona o entidad que marca las normas, si esa normativa es limitada en el tiempo o alcance (es decir, si sólo limita un aspecto y puedo encontrar alternativas, o por el contrario es muy amplia)…

Esta actitud es especialmente evidente en niños y adolescentes. Basta que se les diga que no pueden hacer algo para que lo deseen con todas sus fuerzas, o que les pongamos unas normas, especialmente las que requieren un esfuerzo, para que no deseen realizarlo. Ésta sería buena parte de la base de la psicología inversa: por ejemplo, si le dices a un niño que tiene que hacer un dibujo para el colegio, lo más probable es que te diga que no le apetece, que ya lo hará después… mientras que si dejas unos rotuladores y unas hojas de papel, y le dices que no los toque, que son para luego, casi seguro que se lanza tras de ti a pedirte que por favor le dejes hacer un dibujo.

Teniendo esto en cuenta, y con un poco de anticipación, se pueden evitar muchos conflictos con los hijos a base de ofrecer alternativas, moderar los castigos, utilizar más el refuerzo positivo, las recompensas y las consecuencias, etc (que no la psicología inversa que, como ya dijimos, suele ser contraproducente).

¡Niño, cómete el pollo!

Imagen: blog.foodnetwork.com

Imagen: blog.foodnetwork.com

Llegas cansado/a a casa, haces un esfuerzo por preparar una cena sana y nutritiva, un salmón con verduritas (¡con lo caro que está el pescado!), hasta lo presentas como un concursante de Masterchef con las coloridas verduras haciendo una camita y el pescado encima… Y tu niño de cuatro años arruga la nariz y te dice “¡No me gustaaaa!”. Es una escena muy habitual, ya que los niños suelen sentir recelo hacia muchos alimentos.

Nuestra respuesta suele ser “Tú pruébalo”, si tenemos temple, o una bronca monumental de tipo “pues-no-pienso-tirarlo-porque-el-pescado-está-carísimo-y-no-me-da-la-gana-de-que-seas-tan-raro” si ese día andamos un poco susceptibles. El peligro que corremos es que estas conductas se repitan cada vez más. Bien sea porque le funciona para obtener la atención, por reafirmar su independencia, por tener un punto oposicionista… el niño descubre el poder que tiene negarse a comer ciertos alimentos. Si se está todo el tiempo riñendo al niño, castigándole sin postre, amenazándole con dejarle sin parque, abriéndole la boca a la fuerza… se está estableciendo un método nada saludable y sobretodo demasiado agresivo para relacionarse con el pequeño. Y lo que es más, se pueden estar sentando las bases para una mala relación del niño con la comida, que pueda llevarle a desarrollar un trastorno alimentario.

Cada niño es distinto, y hay que pensar y tratar de comprender porqué no comen. En los bebés, puede que sean niños tranquilos que no gastan mucha energía y por tanto no son comilones, o puede que les desagraden ciertos sabores (¿verdad que tú no soportas las coles de Bruselas? Ellos también tienen derecho a que no les guste algo), o si la madre ha hecho lactancia materna prolongada que se niegue a comer esperando que le dé el pecho, o que en realidad lo que quieren es comer solitos… Con ellos podéis poner en práctica el baby led weaning (BLW) o alimentación complementaria a demanda, en la que el propio bebé va eligiendo qué y cuánto comer. Con los niños un poco más mayores, como ya hemos comentado, puede ser por obtener la atención, por oposicionismo, por imitación de otros niños…

Es importante establecer una estrategia. Por ejemplo, una de las técnicas que mejor funcionan es presentar los alimentos muchas veces seguidas al pequeño, para que se acostumbre a su sabor, textura, olor y aspecto. Es suficiente un trozo pequeño o una cucharadita durante 8 ó 10 días para que incluso el alimento que les produce más rechazo les acabe pareciendo aceptable. Igual nunca llega a entusiasmarles, y se puede pactar con él que elija un alimento que no le cocinaremos nunca a cambio de que sí coma otros similares (por ejemplo, “no te haré nunca coliflor, pero a cambio el brócoli sí lo comerás”).

También influye la presentación y la técnica escogida para cocinar el alimento. Si es posible, se puede tratar de hacer presentaciones divertidas (es muy fácil convertir un huevo cocido en unos ojos con pupilas de aceitunas negras, la red está llena de ideas), o cambiar la cocción en agua de las verduras por hacerlas al vapor o asarlas al horno, que son métodos igual de sanos pero que resultan en texturas diferentes.

Otras estrategias pueden ser establecer un tiempo suficiente pero máximo para comer y luego retirar la comida (sobretodo sin enfadarse, y para casos de niños que son muy lentos comiendo), presentar el plato menos apetecible primero y “esconder” el que más gusta en la cocina, darle a elegir el menú entre dos comidas que no sean de sus favoritas, darles raciones muy pequeñas para que las vean “asequibles”, dejarles experimentar con el alimento, tocarlo, que nos ayuden a comprarlo en el súper o a prepararlo en casa, dárselo en crudo para que cocido lo acepten mejor (por ejemplo, la zanahoria), hablarles de las propiedades fantásticas que tienen los alimentos incluso con bromas y cuentos (“la zanahoria va muy bien para la vista, ¿has visto alguna vez un conejo con gafas?”), montar un mini-huerto urbano en el balcón o la terraza…

A veces se opta por dejar en el comedor escolar a los niños que comen mal. El colegio o la guardería no tienen porqué llevar toda la carga de los niños que son malos comedores, por mucho que hagan las comidas principales allí. Es importante que los padres apliquemos buenas estrategias en casa, que fuera de las comidas principales se ofrezcan alimentos sanos (a media mañana y para merendar ofrecer fruta, zumos y batidos preparados en casa y donde pueden “colarse” algunas verduras también…), que ofrezcamos un buen ejemplo comiendo de todo nosotros mismos, y sobretodo hacer de la comida un tiempo agradable para charlar en lugar del peor rato del día. Los niños deben sentarse a la mesa incluso aunque digan que no les gusta la comida y no darle importancia, hablando de otras cosas. Con paciencia y constancia, se puede conseguir que acepten comer un buen abanico de alimentos diferentes, y que crezcan con unos buenos hábitos alimenticios que les duren toda la vida.

¡Próxima inauguración!

Estamos muy contentos de poder anunciar que dentro de muy poco vamos a inaugurar una nueva sede de RB Psicòlegs, en el Centro OJOS DE BUDA (de próxima inauguración).

En menos de un mes estaremos en la Avenida de Barcelona, 224, en Terrassa (frente a la Plaza Catalunya). Una sede más grande, donde tendremos la oportunidad de ofrecer nuevos servicios: grupos de apoyo terapéutico, estudio asistido en grupos reducidos, charlas y talleres en el propio centro…

Todo ello siguiendo con el mismo espíritu que hemos tenido hasta ahora: hacer de la psicología algo cercano, accesible y extensible a todos los ámbitos de la vida, para conseguir mayor bienestar y satisfacción en nuestro día a día.

Os mantendremos informados de todas nuestras novedades. Mientras tanto, seguimos estando disponibles para cualquier duda o consulta de la manera habitual, por teléfono al 622 26 60 40 y por correo electrónico a rbpsicolegs@gmail.com. Recordad que la primera consulta es gratuita.

Todas las bofetadas son a destiempo

Imagen: clearsay.net (Peter Dazeley)

Imagen: clearsay.net (Peter Dazeley)

Seguro que has oído infinidad de veces lo de “una bofetada a tiempo”. A veces se montan debates acalorados sobre el tema, incluso entre personas que no tienen hijos, cuando hablan de cómo los niños de hoy están muy consentidos o que en su momento a ellos les dieron “un par de tortas bien dadas” y que no tienen ningún trauma.

No hay ninguna justificación para pegar a un niño, que quede bien claro. Que un azote no le va a causar un trauma es cierto, pero también es una gran verdad que no va a enseñarle nada positivo tampoco. El azote o el cachete son consecuencias de la pérdida del autocontrol por parte del adulto. Claro que el niño para de hacer lo que estaba haciendo: una mole que casi triplica su estatura y cuadriplica su peso (o más) le ha dado un golpe y posiblemente también le ha gritado. Eso asusta a cualquiera. Pero nosotros ¿qué queremos? ¿Domesticar o educar?

Los niños menores de 3 años carecen de la capacidad para controlar sus impulsos. Simplemente siguen cualquier idea que les pase por la cabeza, sea meterse un objeto pequeño en la boca, beber de cualquier botella que encuentren o subirse a cualquier lugar por el que puedan trepar. Ellos exploran, no lo hacen ni por fastidiar ni desafiando al adulto, sino porque su curiosidad innata y su incapacidad para medir las consecuencias les lleva a ello. La solución a esta manera de actuar es previniendo la exposición del niño al peligro (no dejar nada peligroso a su alcance, poner cierres de seguridad en cajones y puertas, sujetar las estanterías a las paredes…).

A partir de los 3 años empiezan a ganar control, pero no es algo que suceda de la noche a la mañana: serán capaces de controlarse una vez, pero se lanzarán otras muchas veces. Con los años sí irán consiguiendo mejor control, pero es un proceso largo que algunos ni siquiera dominan en la edad adulta, como demuestra la pérdida de control a la que llegamos al gritar o pegar.

A medida que los niños se van haciendo mayores y se puede hablar con ellos (aunque sea a gritos) suele reducirse la frecuencia de los cachetes, y es justo a los más pequeños e indefensos a los que más se les aplica el castigo físico. Basta sentarse un rato en un parque para darse cuenta que es algo muy extendido, que se hace sin pensárselo dos veces pese a estar prohibido por ley desde hace algunos años.

Otro motivo por el que el cachete no enseña es porque confunde a los niños y pone en duda nuestra coherencia. No es raro ver a padres decir “no se pega” mientras dan un azote o golpean las manos de los niños. ¿En qué quedamos? ¿No está bien que ellos peguen, pero nosotros sí podemos pegarles? Si no se pega, no se pega, ni ellos ni nosotros. Si nunca te han pegado, la frontera que te separa de llegar al castigo físico es muy definida.

También queremos hacer hincapié en que los niños aprenden mucho por imitación. Un niño al que se le pega es más probable que sea un niño que pega. Un adulto al que se le pegó de pequeño es más probable que sea un adulto que pega a sus hijos (o a su pareja). Estamos en una sociedad muy agresiva, donde podemos observar violencia por todas partes y a todas horas, prisas, estrés, discusiones… La exposición a cualquier forma de agresividad suele comportar habituación: no nos parece tan chocante cuando nos acostumbramos a verlo. Un entorno con un bajo nivel de agresividad nos ayudará a criar hijos más estables, con más control de las reacciones, más seguros de ellos mismos…

Si tienes dificultades de autocontrol, no sabes cómo gestionar la ira o necesitas estrategias para la educación de tus hijos, podemos ayudarte. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, e infórmate.