Archivo mensual: noviembre 2014

Conoce nuestra Aula de Estudio

A partir del próximo lunes 17 de noviembre, estaremos todos los lunes y miércoles (también viernes si nos lo solicitáis) de 18:15 a 19:15 en el espacio “Aula de estudio”, en nuestra sede de la Avenida Barcelona, 224.

Allí te ayudaremos a hacer los deberes y a estudiar, pero también a utilizar bien la agenda, a organizar tu espacio en casa, a planificar tu hábito de trabajo y la preparación de los exámenes… Nuestro equipo está formado por psicólogos y psicopedagogos especializados en Necesidades Educativas Específicas, de forma que sabemos dar respuesta a cualquier dificultad de aprendizaje.

¡Llámanos para informarte, te esperamos!

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El duelo

Imagen: funny-quotes.picphotos.net

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En psicología, llamamos “duelo” al proceso de adaptación por el que pasamos después de una pérdida. Solemos asociarlo al fallecimiento de un ser querido, pero en realidad hay muchos tipos de pérdida que originan un proceso de duelo: un aborto, una separación, una enfermedad importante, la pérdida del trabajo, del estatus económico, un traslado a otra ciudad o país… Podemos hacernos una idea de cuánto nos afecta cada tipo de pérdida mirando la escala de Holmes y Rahe.

Cada duelo tiene unas características propias que lo hacen más o menos difícil de superar: si la pérdida ha sido inesperada, si hemos sufrido otra pérdida reciente, la red social de la que disponemos… También las personas tenemos diferentes situaciones que marcarán el ritmo el proceso, de forma que es difícil estimar a priori cómo será ese proceso o cuánto durará. La combinación de todos estos factores dará lugar a un duelo “normal” (aquel que, a mayor o menor ritmo, va mostrando una evolución), un duelo complicado (aquel con factores de riesgo para impedir elaborar un duelo “normal”) o un duelo patológico (aquel en que el proceso de duelo se ve alterado por la aparición de problemas o trastornos como consumo de drogas o alcohol, depresión, intentos de suicidio…).

El duelo suele dividirse en diferentes etapas, que varían según los autores. Si la pérdida ha sido inesperada, lo más habitual es pasar primero por una fase de incredulidad o de negación, de no aceptar que la pérdida es real. Después es común pasar por una fase en que los sentimientos son muy intensos (rabia, tristeza, culpa…). En la siguiente fase, la intensidad baja, y se empiezan a retomar pequeñas actividades de antes de la pérdida. Finalmente, se recoloca lo perdido en un lugar en que posiblemente nos acompañe toda la vida, pero ya no es tan doloroso e incluso podemos recordar con una sonrisa los buenos momentos. Hay personas que incluso llegan un poco más alla, dando una significación nueva a esa pérdida, agradeciendo el aprendizaje o la situación nueva en la que nos ha permitido situarnos.

Si vamos avanzando en nuestro proceso, por lento que sea, es una buena señal. Pero si estamos bloqueados, si nos sentimos muy desesperanzados, si estamos llevando a cabo conductas de riesgo para nuestra salud… es importante buscar la ayuda de un profesional. El dolor por la pérdida no se puede eliminar de raíz, hay que pasarlo y aprender a vivir sin lo que hemos perdido. Pero el psicólogo puede ayudar a gestionar las emociones, dándonos técnicas y tareas que nos permitan expresar lo que sentimos, librarnos de pensamientos inadecuados, volver a hacer actividades que nos permitan disfrutar de lo que tenemos…. En definitiva, que nos permitan recuperar el bienestar con la vida.

Si tú o alguien de tu entorno está atravesando un duelo complicado o patológico, podemos ayudaros. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, y te informaremos.

Nuevo taller de Técnicas de Estudio

El próximo sábado 8 de noviembre arrancamos la primera edición de nuestro taller de Técnicas de Estudio para Secundaria. Constará de 6 sesiones, cada sábado de 10 a 12h, desde el 8 de noviembre hasta el 20 de diciembre, en nuestra sede en la Av. Barcelona, 224 (centro Ojos de Buda). El precio es de 60€, e incluye el taller y los materiales.

¡Llama ya para reservar, las plazas son muy limitadas!

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Cómo perdonarse a uno mismo

Imagen: angelslightworldwide.com

Imagen: angelslightworldwide.com

Hay muchísimos refranes y frases hechas referidos a los errores y la culpa: nadie es perfecto, todos somos humanos, rectificar es de sabios… Y es cierto, todos nos equivocamos y los errores son muy útiles porque nos ayudan a aprender. Sin embargo, incluso aunque nos demos cuenta del error y pidamos perdón, los errores nos siguen persiguiendo y atormentando.

Y es que a veces lo más difícil es perdonarse a uno mismo. La culpa es un sentimiento persistente. Cuando hacemos algo que daña a otra persona, lo importante es aprender qué nos llevó a ello, corregirlo e intentar que no se repita. Eso es lo que nos hace ser más respetuosos, más comprensivos, más responsables… La culpa no aporta nada si no nos motiva al cambio, no ayuda a quien se perjudicó y desde luego no nos ayuda a nosotros si nos bloquea, nos impide crecer, nos hunde… El culparse sin más nos quita autoestima, nos hace sentir malas personas y que no merecemos lo bueno que nos pasa.

Hemos crecido en una sociedad en la que el error se ve como algo malo, algo que necesita un castigo. Si nuestro error no nos acarrea una consecuencia a la altura del mismo pues nos autocastigamos. Es importante que aprendamos a perdonarnos, cambiando el enfoque de lo que es un error, aceptando que es inevitable equivocarse, y a sacar lo mejor de ese error.

Lo primero es aceptar que lo que pasó pasó, no podemos volver atrás para cambiarlo, así que rumiar sobre lo que pasó, lo que pudimos hacer, lo que no debimos hacer… no sirve para nada. El tiempo sólo corre hacia adelante, así que debemos enfocarnos en lo que podemos hacer de ahora en adelante. Podemos reflexionar y analizar, pero sólo como experiencia de la que aprender. Hay que pedir perdón, y pensar qué podemos hacer de ahora en adelante para que los demás recuperen la confianza en nosotros y para compensar de alguna manera el daño que les hicimos.

La perspectiva también es útil. Puede que lo que a nosotros nos parece grave por estar implicados, en realidad no sea tan terrible. Hablar de ello con alguien nos puede ayudar, bien porque nos permita darnos cuenta de cosas que nosotros no somos capaces de ver, porque nos dé ideas sobre cómo arreglarlo o bien porque nos diga que a él también le pasó, como actor o como receptor, y que no es tan grave. También necesitamos perspectiva en el sentido de que el contexto en el que se dio el error no es el mismo que en el que estamos ahora. En aquel momento igual nos faltaba información, o nuestra situación no nos permitía muchas más opciones. Si somos capaces de revisar el error en su contexto, podremos ver que quizá no teníamos otra salida, que las circunstancias nos llevaron a ello… No es justo juzgar algo que pasó con la información de la que disponemos ahora.

Y finalmente, quiérete y trátate bien. A veces somos demasiado severos con nosotros mismos, nuestros peores críticos, nos exigimos demasiado… La autocomplacencia no nos lleva a ninguna parte, pero exigirnos más allá de nuestras capacidades y circunstancias tampoco es justo. Debemos ser nuestros mejores amigos, diciéndonos las verdades pero queriéndonos a pesar de nuestros defectos.