Cómo perdonarse a uno mismo

Imagen: angelslightworldwide.com

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Hay muchísimos refranes y frases hechas referidos a los errores y la culpa: nadie es perfecto, todos somos humanos, rectificar es de sabios… Y es cierto, todos nos equivocamos y los errores son muy útiles porque nos ayudan a aprender. Sin embargo, incluso aunque nos demos cuenta del error y pidamos perdón, los errores nos siguen persiguiendo y atormentando.

Y es que a veces lo más difícil es perdonarse a uno mismo. La culpa es un sentimiento persistente. Cuando hacemos algo que daña a otra persona, lo importante es aprender qué nos llevó a ello, corregirlo e intentar que no se repita. Eso es lo que nos hace ser más respetuosos, más comprensivos, más responsables… La culpa no aporta nada si no nos motiva al cambio, no ayuda a quien se perjudicó y desde luego no nos ayuda a nosotros si nos bloquea, nos impide crecer, nos hunde… El culparse sin más nos quita autoestima, nos hace sentir malas personas y que no merecemos lo bueno que nos pasa.

Hemos crecido en una sociedad en la que el error se ve como algo malo, algo que necesita un castigo. Si nuestro error no nos acarrea una consecuencia a la altura del mismo pues nos autocastigamos. Es importante que aprendamos a perdonarnos, cambiando el enfoque de lo que es un error, aceptando que es inevitable equivocarse, y a sacar lo mejor de ese error.

Lo primero es aceptar que lo que pasó pasó, no podemos volver atrás para cambiarlo, así que rumiar sobre lo que pasó, lo que pudimos hacer, lo que no debimos hacer… no sirve para nada. El tiempo sólo corre hacia adelante, así que debemos enfocarnos en lo que podemos hacer de ahora en adelante. Podemos reflexionar y analizar, pero sólo como experiencia de la que aprender. Hay que pedir perdón, y pensar qué podemos hacer de ahora en adelante para que los demás recuperen la confianza en nosotros y para compensar de alguna manera el daño que les hicimos.

La perspectiva también es útil. Puede que lo que a nosotros nos parece grave por estar implicados, en realidad no sea tan terrible. Hablar de ello con alguien nos puede ayudar, bien porque nos permita darnos cuenta de cosas que nosotros no somos capaces de ver, porque nos dé ideas sobre cómo arreglarlo o bien porque nos diga que a él también le pasó, como actor o como receptor, y que no es tan grave. También necesitamos perspectiva en el sentido de que el contexto en el que se dio el error no es el mismo que en el que estamos ahora. En aquel momento igual nos faltaba información, o nuestra situación no nos permitía muchas más opciones. Si somos capaces de revisar el error en su contexto, podremos ver que quizá no teníamos otra salida, que las circunstancias nos llevaron a ello… No es justo juzgar algo que pasó con la información de la que disponemos ahora.

Y finalmente, quiérete y trátate bien. A veces somos demasiado severos con nosotros mismos, nuestros peores críticos, nos exigimos demasiado… La autocomplacencia no nos lleva a ninguna parte, pero exigirnos más allá de nuestras capacidades y circunstancias tampoco es justo. Debemos ser nuestros mejores amigos, diciéndonos las verdades pero queriéndonos a pesar de nuestros defectos.

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