Archivo mensual: octubre 2015

Miedos infantiles

Imagen: upgradedape.com

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Con el estreno de la película “Del revés (Inside Out)”, muchos niños han aprendido a distinguir algunas de las emociones básicas: alegría, tristeza, asco, ira y miedo, y la función que ejerce cada una a la hora de tomar decisiones y actuar. En una escena, la niña protagonista (Riley) va corriendo de forma alocada por la casa pero, gracias a Miedo, pasa cuidadosamente por encima de un cable sin caerse.

Entonces, ¿el miedo es bueno o es malo? El miedo es una emoción que ayuda en nuestra supervivencia. Si no tuviéramos miedo, haríamos muchas más actividades peligrosas que acabarían por dañarnos. El miedo es por tanto útil y normal. Es importante que dejemos que los niños expresen su miedo, que sepan que a nosotros también nos asustan algunas cosas, y nunca ridiculizarlos ni castigarlos. Normalizar las emociones y expresarlas nos ayuda mucho a la hora de lidiar con ellas.

Hay tres niveles en los que el miedo se manifiesta: a nivel fisiológico (el corazón se acelera, los músculos se tensan, sudamos…), a nivel de pensamiento (“no voy a poder hacerlo”, “esto va a salir mal”, “me voy a hacer daño”…) y a nivel conductual (focalizar la atención en el origen del miedo, evitar acercarnos a lo que nos asusta, cambiar de actividad…).

En niños suele ir evolucionando según la edad. En los dos primeros años son habituales el miedo a los extraños, a los ruidos, a las alturas… Aparece también la ansiedad por separación, cuando se quedan con alguien que no es uno de sus cuidadores principales, en especial su madre. Hasta los 6 años, se van incorporando nuevos miedos (a la oscuridad, a los monstruos, a personajes de películas, a algunos animales…). A partir de los 6 y hasta la adolescencia, los miedos se van volviendo más realistas (a la sangre, al dolor, a la muerte… y también a temas escolares o con sus amigos) y van abandonándose los más imaginarios, como los monstruos. En la adolescencia, los miedos a animales pueden mantenerse, pero suelen presentarse miedos relacionados con su desempeño social o personal, a no conseguir lo que se proponen. En cambio, bajan los miedos relacionados con los riesgos (accidentes, conductas peligrosas…), que unido a la necesidad de mostrarse más “adulto” ante sus iguales pueden llevarle a no tomar precauciones o realizar prácticas de riesgo.

Para ayudarles con sus miedos, lo principal es modelar una actitud tranquila, no contagiarles nuestros propios miedos y evitar sobreprotegerles. La exposición a lo que nos da miedo es la forma más efectiva de superarlo, así que intentaremos no reforzarles un patrón de evitación. Una persona valiente no es aquella que no tiene miedo, sino quien a pesar de su miedo hace lo que se ha propuesto. Podemos acompañarles y ayudarles a mantener la calma, y felicitarles por su valentía. Si le cuesta exponerse, intentaremos hacerlo de forma progresiva, enseñándole a controlar la respiración, dándole algunas herramientas útiles para distraer los pensamientos (cantar, tener un amuleto o un muñeco…) e introduciendo juegos, cuentos, humor e imaginación siempre que sea posible.

Por ejemplo, si tenemos un niño al que le da miedo la oscuridad, podemos jugar a montar una tienda de campaña con unas sábanas, utilizar unas linternas, hacer sombras de animales… Le vamos exponiendo progresivamente a situaciones con poca luz en un ambiente lúdico y relajado, de forma que la transición hacia la situación que le asusta (entrar en habitaciones oscuras, dormir sin la luz encendida…) sea paulatina y llegue a ella sin forzar ni obligarle.

En caso de que los miedos persistan o generen mucha ansiedad a los niños, es recomendable consultar con un profesional, para que evalúe la situación y ofrezca la ayuda necesaria.

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El síndrome del emperador

Imagen: rightwisconsin.com

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Carlos tiene 9 años. Es muy exigente, lo quiere todo y lo quiere ya. Le da igual si no llegáis a fin de mes o si tenéis que trabajar 10 horas diarias. Si no obtiene lo que quiere, se muestra irritado, agresivo, incluso puede llegar a la violencia física. La culpa siempre es de los demás, o tuya. No muestra empatía. Cuando no está enfadado, está triste o ansioso. Tiene baja autoestima.

Este caso es ficticio, pero las características de Carlos son muy reales en los niños que padecen el llamado Síndrome del Emperador. Los expertos no parecen ponerse de acuerdo en cuanto al origen de este trastorno. Se hace mucho hincapié en el aspecto ambiental (tener padres permisivos y/o sobreprotectores, que ambos padres no presenten un “frente común” en cuanto a normas y límites, el consumismo de la sociedad actual, la pérdida de valores morales, la abundancia de gratificaciones inmediatas que proporcionan televisión, videojuegos y otras actividades de ocio modernas…), pero también se habla de posibles causas genéticas, dado que no todos los niños criados en un ambiente similar desarrollan este fenómeno.

Es normal que los niños pequeños tengan rabietas. No obtener lo que desean, llevarse una desilusión, no cumplir sus expectativas… les genera frustración, y al no tener capacidad para gestionarla la expresan llorando y enfadándose. ¡Incluso los adultos tenemos a veces dificultades para tolerar la frustración! No todos nos tomamos igual que las expectativas no se cumplan: depende tanto de nuestro nivel de exigencia como de nuestro perfeccionismo, de nuestra educación, de nuestra experiencia…

¿Cómo enseñamos a los niños a aumentar la tolerancia a la frustración? Por un lado trabajando su inteligencia emocional: enseñarles qué es la frustración, cuándo aparece, dónde la sienten y cómo expresarla de forma apropiada (y que se les respete que para ellos era importante eso que querían). Es importante también que sepan que cuando no estamos bien (si estamos cansados o enfermos, por ejemplo) nos es más difícil lidiar con nuestras emociones. Otro puntal es tener unas normas y límites claros y consistentes, para que no se creen falsas expectativas (y no vale rendirse y ceder justamente porque estamos cansados). Todo esto intentaremos hacerlo desde la paciencia, el cariño y el sentido del humor siempre que sea posible. Reforzando positivamente en lugar de castigar. Pasando tiempo con ellos en lugar de ordenar. Dando un modelo positivo y coherente (no podemos exigirles hacer cosas que nosotros mismos no somos capaces de hacer). Y si nos equivocamos nos disculpamos, que nadie es perfecto, y lo volvemos a intentar.

Si es complicado lidiar con un bebé de 2 años, no es nada sencillo lo que nos viene a continuación. Con 6-7 años aparecen las mentiras, actitudes retadoras, comparaciones con otros padres… Y conforme avanzamos los retos son aún mayores, hasta que en la adolescencia parecemos estar cada uno en una esquina de un ring en el que todo lo que vemos blanco a ellos les parece negro. Educar nunca ha sido fácil, pero hoy en día es aún más complicado por la variedad casi infinita de opciones que se nos ofrecen en todos los sentidos, la cantidad de información que nos llega y que a veces parece confundirnos más que ayudarnos, la falta de tiempo y el ritmo loco de nuestras vidas… Pero retomando el caso ficticio de Carlos, con 9 años nuestras perspectivas son mejores que  con 11 o con 15, así que tiene aún mucho margen de aprender y que los problemas se solucionen. A la hora de educar siempre es más fácil cuanto más pequeños son, así que cuanto antes nos pongamos a ello mucho mejor.

Descuento del 50% en terapia de pareja

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Imagen: inkedweddings.com

En RB Psicòlegs queremos ayudaros a recuperar la armonía en vuestra relación. Sabemos que el verano a veces puede convertirse en una época complicada para las parejas: en lugar de disfrutar el tiempo extra para estar juntos, salen a relucir todas las desaveniencias presentes y pasadas.

Por eso, queremos ofreceros un descuento especial del 50% por cada sesión de terapia de pareja que realicéis durante el mes de octubre en nuestra sede situada en la calle Topete 35 (despacho 9), de modo que el coste por sesión quedaría en 30€. Recordad que podéis concertar una primera visita informativa totalmente gratuita y sin compromiso, donde podremos conocernos y resolver todas vuestras dudas.

Llamadnos al 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o mandadnos un correo electrónico a rbpsicolegs@gmail.com para solicitar vuestra visita informativa.

¡Nuevas tarifas 2015!

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En septiembre entraron en vigor las nuevas tarifas. A partir de ahora, las sesiones individuales costarán 50€, las sesiones de terapia de pareja 60€ y las sesiones familiares (con 2 profesionales) 70€ (encontrarás una lista más completa de nuestros servicios con su coste correspondiente en la pestaña “tarifas”).

El precio de la terapia online se mantiene en 30€/sesión, siendo la alternativa más económica para aquellos tratamientos que permitan esta modalidad. La tarifa plana de reeducación de las necesidades educativas específicas (TDAH, dislexia, TEA, AACC…) también se mantiene en 120€/mensuales para una hora semanal (consultar condiciones y el resto de tarifas en la pestaña “tarifas”).

Seguimos haciendo descuentos en horario de mañana (entre 9 y 14h), y a familias monoparentales y/o numerosas, desempleados y jubilados, si venís a nuestra consulta de la calle Topete 35, despacho 9. Hemos ampliado nuestros descuentos también a estudiantes universitarios, para que todos aquellos que pasáis por situaciones complicadas a nivel económico podáis tener una atención psicológica de calidad.

Además, nuestros grupos de apoyo terapéutico permiten recibir atención psicológica en algunas situaciones (duelo, duelo perinatal, dolor crónico, separación/divorcio…) en las que necesitamos tanto consejo y herramientas de un profesional como un grupo de personas que están pasando por lo mismo, y así podernos expresar libremente y sabiéndonos comprendidos. El coste de estos grupos es de 60€/ mensuales (sesiones de 1h y media semanales).

Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 e infórmate, la primera consulta es gratuita y sin compromiso.