Archivo mensual: noviembre 2015

El papel del padre primerizo

Para el padre, por pura razón biológica, el proceso perinatal (embarazo, parto, postparto, lactancia) es algo externo, y es lógico que no lo viva tan intensamente como la madre. Aunque no quisiéramos, para nosotras es casi imposible olvidarnos ni por un momento de que estamos embarazadas, por las molestias, el cansancio, los movimientos… Los futuros padres no tienen ese recordatorio constante, así que es razonable que su implicación sea menor.

El problema viene cuando esa menor implicación (voluntaria o a veces incluso impuesta por su pareja) va creando un distanciamiento entre ambos, hasta el punto de que el papá puede llegar a tener celos del bebé o sentimientos de abandono por su pareja, y la mamá una gran carga de estrés y agobio por sentir que lleva la mayor parte de la carga, o de soledad por no sentirse apoyada. Especialmente el primer año de vida del bebé, por la gran dependencia que tiene de sus cuidadores, es de mucha demanda, y la relación de pareja puede dañarse irreversiblemente.

¿Cómo se puede evitar ese distancimiento? En primer lugar, siendo ambos conscientes de que el embarazo es cosa de tres, papá, mamá y bebé, y hay un vínculo que formar entre todos. Ese vínculo no aparece mágicamente. Incluso la madre, que ha podido vivir intensamente el embarazo, puede tardar un tiempo (horas, días y hasta semanas) en conectar con su bebé, con más razón la persona que no lo ha llevado en su vientre.

Hay que trabajar la conexión desde el principio, acudiendo si se puede a las visitas en el hospital y al curso preparto, sintiendo al bebé, hablándole o cantándole, implicándose en los detalles como la compra de la canastilla, leyendo algún libro sobre embarazo y crianza… Es un camino a recorrer en pareja, y aunque parezca que no vamos a querer más a nuestro hijo por elegir sus pijamas, sí que aumenta la confianza en la pareja y en nuestra capacidad para cuidar del recién nacido.

Una vez nacido el bebé, las posibilidades de implicarse pueden ser muchas incluso aunque se instaure la lactancia materna: el papá puede ocuparse de que expulse los gases, de baños, de portearle… Y también de cuidar a la mamá a recuperarse de un proceso físicamente exigente (hasta un vaso de agua se agradece mucho en esas circunstancias), y permitirle también tener algunos momentos para sí misma (ni que sea poderse dar una ducha sin parar el agua constantemente para asegurarse de que los lloros que oímos sólo están en nuestra cabeza).

Cuando nace un bebé, nacen también una mamá y un papá, son roles nuevos que debemos incorporar a nuestra personalidad, y es algo que nos va a requerir un tiempo. Pero seguimos teniendo otros roles que atender, seguimos siendo individuos, pareja, hijos, amigos… y todas esas parcelas requieren su atención (aunque evidentemente no en el mismo porcentaje ni todos los días).

Por supuesto, para que el padre se implique más, la madre tiene que dejarle. El bebé no necesita que los pantalones coordinen en color con la camiseta, ni llevar un moñito perfectamente centrado (que además nadie nace sabiendo, la práctica hace la perfección), sino unos padres felices, que disfrutan del tiempo que pasan con él, lo más descansados posible… La etapa de bebé es corta, enseguida van ganando autonomía, y es mucho más habitual oír a los padres quejarse de lo rápido que ha pasado que de lo largo que se les ha hecho.

En RB Psicòlegs somos expertos en psicología perinatal. Si tenéis cualquier dificultad relacionada con el embarazo, parto, postparto, lactancia… no dudéis en consultarnos en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escribidnos a rbpsicolegs@gmail.com.

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