Archivo mensual: octubre 2016

Explicar la muerte a un niño

Imagen: everythingispattern.com

A mediados del siglo pasado, nadie se planteaba cómo explicar la muerte a los niños. Cuando ésta sucedía en la familia, a la persona fallecida se la velaba en casa, y los niños naturalmente se hallaban presentes, nadie se planteaba no decirles lo que había pasado y sacarlos de la escena. En la actualidad, sin embargo, hemos convertido el proceso en algo muy aséptico. Se va al tanatorio, donde está todo ya preparado, y sólo podemos ver a nuestro ser querido en una sala escondida y en una urna de cristal.

Esto ha permitido que la presencia de los niños en los ritos funerarios sea opcional, y a menudo se les aparta de todo el proceso, dejándoles con algún otro familiar o amigo, pensando que es mejor para ellos no pasar por una situación traumática. Así, los niños crecen sin tener que enfrentar las pérdidas, evitándoles el dolor. Incluso cuando la muerte le llega a una mascota se opta por decir que se ha perdido, que se la ha llevado un amigo a vivir al campo… ¿Hacemos bien evitando que los niños se enfrenten a la muerte?

La respuesta es que no. La muerte forma parte de la vida, sucede en todas las familias, y tarde o temprano alguna tendrá lugar en el entorno cercano del niño. No todas las pérdidas son iguales, hay factores que varían de una pérdida a otra y hacen que pueda ser más o menos complicada de afrontar. Evidentemente, la vida no es perfecta, y puede que la primera pérdida que debamos afrontar sea una muy difícil, por proximidad o por las circunstancias. Sin embargo, lo más habitual suele ser el fallecimiento de alguna persona mayor o de una mascota, y lo más recomendable es decir siempre la verdad e incluir al niño en el proceso de duelo.

La edad del niño es importante a la hora de decidir cómo explicarles lo que ha sucedido. Debe quedarles claro que ya no vamos a volver a verle, así que debemos huir de metáforas como que se ha ido de viaje o que está en una estrella. La imaginación del niño puede hacerle interpretar que ha ido en una nave espacial y que tiene la opción de volver. Para las familias creyentes, dar una explicación acorde a su fe es correcto, pero intentando siempre puntualizar que quien se marcha lo hace de modo definitivo. También es bueno destacar que si ha sido una enfermedad, ésta era muy, muy grave y que los médicos lo pueden curar casi todo, excepto estas enfermedades tan y tan complicadas. Así evitaremos que los niños cojan miedo ante enfermedades comunes.

En cuanto a las emociones, debemos mostrarlas y favorecer su expresión. Si estamos tristes, no debemos escondernos. Ninguna emoción es mala si tiene una causa: somos humanos y las circunstancias nos afectan. Puede que durante un tiempo estemos más apagados, lloremos, tengamos menos ganas de salir… Si el niño sabe a qué se debe no se preocupará. También nos sentará bien hablar de ello: si se acerca una fecha señalada en que notaremos más la ausencia (un cumpleaños, las navidades…), si un día por lo que sea se nos hace más cuesta arriba, si hemos soñado con nuestro ser querido… son circunstancias que podemos explicar, así como qué hacemos para seguir adelante, qué pensamos o qué recuerdos bonitos intentamos primar. Incluso si lo que sentimos es rabia o alivio (por ejemplo, en caso de haber fallecido tras una dura enfermedad), es positivo explicarlo, para normalizar emociones que puede que el niño también sienta y pueda pensar que no debería sentir. El duelo es una época de emociones intensas y que a veces cambian con rapidez, y compartirlas nos ayuda a darnos cuenta de que todos estamos en la misma situación.

Debemos también observarles y estar abiertos a responder a sus preguntas. Es normal que puedan estar más callados, con menos ganas de jugar, más apegados a nosotros… En este caso, podemos intentar favorecer que se expresen hablando desde nuestros propios sentimientos: “hoy me he acordado del abuelo porque he comprado para hacer su comida favorita, y le echo mucho de menos”. También podemos utilizar otros medios de expresión, como el dibujo o la música.

Otra opción son los libros especialmente editados para diversas circunstancias:

  • Para explicar la muerte a los niños:

                           – La estrella de Lea, de C.K. Dubois y P. Gilson

                           – Jack y la muerte, de T. Bowley

                           – Cuentos para el adiós, de B. Ibarrola

  • Cuando fallece un abuelo:

                           – El abuelo de Tom ha muerto, de M.A. Bawin y C. Les Masne

                           – El arco iris de la abuela, de T. Bunnag

  • Cuando fallece un hermano antes de nacer:

                           – No tendremos un nuevo bebé, de M. Gryte y K. McClendon

  • Cuando muere una mascota:

                           – Cuando se muere tu mascota, de V. Ryan

                           – ¿Cómo es posible? La historia de Elvis, de P. Schössow

En cualquier caso, debemos recordar que evitar o distraer nos impide aprender a afrontar y gestionar las emociones como la tristeza y el miedo, así como darles la oportunidad de despedirse de su ser querido. El cariño, la comprensión, la empatía… son el mejor apoyo para superar cualquier pérdida, todos lo vamos a necesitar mucho, y no podremos dárnoslo con libertad si evitamos que los niños se enteren de lo que ha sucedido.

En caso de que la intensidad o la duración del duelo genere mucho malestar o continuar con normalidad nuestra vida, consulta a nuestros profesionales en los teléfonos 622 26 60 40 o 629 97 33 24.