Archivo mensual: noviembre 2016

A malas notas, buena cara

Imagen: protectus.co.uk

Imagen: protectus.co.uk

Estamos a un paso del final del primer trimestre. Aunque suele ser considerado un trimestre de transición, de adaptación al nuevo curso o a la nueva etapa, a veces nos pilla con el paso cambiado a los padres, y la sorpresa, el miedo a repetir o el enfado nos puede llevar a reaccionar de una manera que no beneficia a nadie. Nuestra actitud puede determinar cómo encajen nuestros hijos esas notas y cómo reaccionen a posteriori.

Lo primero y principal es recordar lo dicho en el primer párrafo: es un trimestre de adaptación, a veces al tutor, a veces al ciclo, otras veces al centro, otras a la mezcla entre clases, incluso a asignaturas nuevas. Unos cambios son más complicados que otros, pero lo que es seguro es que necesitan un tiempo para aprender cómo funciona la nueva situación. Para los cambios, hay un símil que nos gusta mucho: imaginad que siempre vais al mismo supermercado, y por circunstancias, un día hacéis la compra en un supermercado de la misma cadena, pero de otro barrio o ciudad. ¿A que vais perdidos? ¿A que necesitáis más tiempo para encontrarlo todo? Pues en este caso es lo mismo. Por lo tanto, es bueno tener paciencia y no achacar de entrada la bajada de rendimiento a una disminución del esfuerzo de nuestros hijos.

También tenemos que valorar la evolución y no sólo el resultado. Si sabemos las notas de los exámenes de todo el trimestre, podemos ver si la media se ha visto perjudicada por las primeras pruebas. Esto indica una progresión positiva, aunque sea dentro del suspenso, y también es bueno valorarlo. No nos debemos quedar sólo con que se ha suspendido, incluso pasar de un 2 a un 3 se puede valorar como un progreso, porque se están acercando al aprobado.

Debemos entender, y también ayudar a que nuestros hijos lo consideren así, que un examen es una herramienta que nos permite tener más información sobre nuestro proceso de aprendizaje: dónde tenemos dificultades y dónde no. No se trata sólo de no haber respondido bien, si no de porqué no hemos respondido bien. Puede ser que no hayamos entendido el tema, que no hayamos entendido la pregunta, que no hayamos estudiado suficiente, que nos hayamos puesto nerviosos y nos hayamos quedado en blanco, que haya una dificultad de aprendizaje no detectada… Cada una de estas problemáticas tiene una solución diferente, no se trata sólo de estudiar más o de hacer más ejercicios. Aprender de los errores es una buena enseñanza para todos los aspectos de la vida.

La motivación también juega su papel. Existen muchos tipos de motivación. Todos funcionamos con una combinación de ellas, pero los niños están más acostumbrados a la motivación extrínseca, positiva (“tendrás un premio”) o negativa (“tendrás un castigo”). Una de nuestras funciones como padres es enseñarles a depender menos de la motivación extrínseca (la que viene de los demás) y aprender a funcionar gracias a la motivación intrínseca (la que proviene del propio deseo de mejorar y autorealizarse). Así, podemos hacerles razonar sobre los resultados, cómo se sienten con ellos, qué podrían haber hecho para sentirse mejor…

También podemos ayudarles con sus expectativas de autoeficacia. Cuando nos marcamos un objetivo o reto muy difícil, es poco probable que lo consigamos, haciendo que nos consideremos menos competentes. Cuando el objetivo o reto es demasiado fácil, no nos motivaremos lo suficiente como para esforzarnos. Si han suspendido siete, quizá pretender recuperarlas todas al siguiente trimestre no sea realista. Por ejemplo, un buen objetivo puede ser dedicar quince minutos diarios más al estudio, y que independientemente de si se aprueban o se suspenden las asignaturas, intenten quedarse más cerca del aprobado. En el siguiente trimestre, y en función del resultado de las primeras pruebas, se pueden buscar nuevas estrategias hasta dar con aquellas que funcionen.

Finalmente, recordad que además de las asignaturas suspendidas, hay otras que se han aprobado, donde se ha trabajado bien o ha habido otras circunstancias que han permitido aprobar. Debemos valorarlas, así como buscar qué ha funcionado en estas asignaturas que en las suspendidas no.

Hay muchas estrategias que pueden ayudarles, sean cuales sean sus dificultades. Desde el castigo, los gritos, los calificativos, las etiquetas… no vamos a propiciar un cambio real, duradero y sobre todo motivador en nuestros hijos.

Si creéis que tras las dificultades de vuestros hijos puede haber algo más que una mala estrategia, no dudéis en buscar el asesoramiento de un profesional. Podéis encontrarnos en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, y por correo electrónico a rbpsicolegs@gmail.com.