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¿Por qué es tan caro ir al psicólogo?

Imagen: bubblews.com

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Una queja que los profesionales escuchamos a menudo en nuestra vida privada es “¡Es que ir al psicólogo es muy caro!”, a veces acompañada de “Si total sólo es ir a hablar un rato!”. Entendemos que ir al psicólogo es un desembolso importante, pero la consideración de caro o barato responde a dos ejes fundamentales: uno es si se paga demasiado para lo que es y el otro es si se paga demasiado para lo que se obtiene.

En el primer caso, el precio medio oscila entre los 40-80€ por una sesión de una hora. No hay un precio fijado, aunque sí unas recomendaciones de los Colegios Profesionales. Así, cada profesional decide cuánto cobrar en función de muchos factores. Hay que considerar los gastos que tiene un psicólogo por ejercer su profesión: cuota de autónomo, cuota del Colegio de Psicólogos, costes del despacho o gabinete, sueldo del personal que trabaja para él, retenciones e impuestos… Estos gastos son más o menos comunes a todos los profesionales de la salud (pediatras, ginecólogos, traumatólogos…).

A esto, hay que sumar los gastos en libros, seminarios, cursos… que realiza el psicólogo, y que garantizan una formación completa y actualizada en su área. En el caso de los profesionales de RB Psicòlegs, la media es de una o dos asistencias mensuales a algún tipo de formación, además del tiempo que dedicamos a leer revistas y libros especializados. También hay que añadir el coste de las pruebas psicológicas, que es muy elevado.

En cuanto al tiempo de dedicación, éste no se limita a la hora que se está con el cliente, sino que hay que sumarle el tiempo de preparación previo y la gestión de la información posterior, el tiempo de corrección de las pruebas, la elaboración de informes, los desplazamientos en las visitas a domicilio… Esto hace que el número de horas disponibles para estar con clientes no sea de 8 horas diarias, sino muchas menos. Otros profesionales sanitarios pueden ver tres o cuatro pacientes por hora, mientras que los psicólogos podemos ver ese número en toda una jornada. Nuestro trabajo implica recordar no sólo lo que hemos hecho hasta ahora, sino todo lo que se nos ha explicado, las aficiones, lo que le desagrada, el nombre de la pareja, los hijos y hasta la mascota, para poder conocer bien al cliente y diseñar un tratamiento adaptado a sus características, sus puntos fuertes y débiles, sus recursos… Un psicólogo muy sobrecargado de trabajo jamás podrá recordar con ese nivel de detalle y hacer un tratamiento tan específico.

En cuanto a lo que se obtiene, eso es algo que no se puede cuantificar. Acudir a un psicólogo y realizar un tratamiento de algunas semanas o meses es un gasto considerable, pero es esperable que no haga falta acudir de nuevo a consulta y que las herramientas que nos ha proporcionado el profesional nos permitan afrontar los problemas y los retos de ahí en adelante, con energía, con positividad, con recursos suficientes para superar las adversidades… El bienestar psicológico, el equilibrio personal, la armonía en la familia… en definitiva, el disfrutar de la vida y ser felices tiene un valor incalculable.

Falsos mitos sobre la sexualidad masculina

Imagen: twodaymag.com

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El sexo ha sido un tema tabú en nuestra sociedad durante muchos años y, como tal, se han creado muchos mitos en torno a él. Queremos enumerar los principales, empezando por los que giran en torno a la sexualidad del hombre:

  • El tamaño importa- Excepto en casos muy extremos, el tamaño del pene no tiene relación con el disfrute que se pueda dar a la pareja. Para muchas mujeres es más importante el grosor que la longitud.
  • Masturbarse es malo (te puedes quedar ciego, te salen granos, es sucio, es de obsesos sexuales…)- La masturbación es una práctica sana, que ayuda a conocer mejor nuestro cuerpo y los mecanismos del placer. Además, nos relaja, aumenta la liberación de endorfinas… 
  • Dejan de masturbarse cuando tienen una relación estable- Normalmente no desaparece el hábito, aunque baja la frecuencia. Y, como decíamos en el punto anterior, no hay nada malo en la masturbación, solos o en pareja.
  • Siempre les apetece el sexo– Los hombres tienen el mismo derecho que las mujeres a decir que no quieren sexo en un momento determinado, sin que eso signifique un menoscabo de su virilidad. Si se está cansado o no se encuentra uno bien, no tiene por qué mantener relaciones sexuales. 
  • Siempre deben llevar la iniciativa– En una pareja, ambos son responsables del buen funcionamiento a nivel sexual. Llevar la iniciativa es también cosa de dos. 
  • Siempre se debe proporcionar un orgasmo a la pareja– El orgasmo forma parte de la sexualidad, pero no es el fin último de todo contacto sexual. Una relación sexual puede ser muy placentera incluso sin llegar al orgasmo. 
  • Siempre se debe culminar una relación sexual con la penetración– Como en el punto anterior, el coito tampoco debe ser el objetivo de toda relación sexual. 
  • Es necesaria una erección completa tanto para conseguir el orgasmo como para eyacular– Tanto el orgasmo como la eyaculación pueden conseguirse con una erección parcial. 
  • A los 40 bajan la potencia sexual y el deseo– Si bien con la edad se va perdiendo poco a poco la capacidad de tener una erección total, duradera y una recuperación rápida después de la eyaculación, el deseo no está en el pene, sino en el cerebro. Es éste último el principal órgano sexual tanto en hombres como en mujeres, así que nuestro deseo sexual responde más a nuestros pensamientos y nuestras emociones que a nuestro estado físico, salvo que se tenga un problema de tipo fisiólogico concreto. 
  • El hombre sabe satisfacer a su pareja desde la primera relación– No sólo es algo que se aprende gradualmente, sino que lo que es válido con una pareja puede no serlo con otra. La comunicación, explicarnos qué nos gusta y cómo nos gusta, los juegos, las fantasías… nos permiten aprender y mejorar.

Esperamos que estos 10 puntos hayan contribuido a despejar algunas de las dudas y culpabilidades que rodean el mundo de la sexualidad. En breve, os enumeraremos también algunos falsos mitos de la sexualidad femenina.

Las disfunciones sexuales

Lo primero que hay que aclarar es que las disfunciones sexuales no son enfermedades. Pueden tener un origen psicológico o fisiológico, y pueden ser consecuencia de enfermedades, medicación u otros trastornos, pero en si mismas son trastornos que, en la mayoría de casos, tienen una solución. Con esto, no le estamos restando importancia al problema, ya que una disfunción sexual puede afectar gravemente nuestra vida, generándonos frustración, ansiedad, vergüenza, culpa, problemas de pareja… Pero precisamente algunos de estos sentimientos, como la vergüenza o la culpa, nos bloquean a la hora de buscar ayuda para un problema que muchas veces se resolvería sin complicaciones.

Una disfunción sexual es una dificultad que nos impide alcanzar alguna de las fases del ciclo sexual, o incluso el inicio de dicho ciclo (falta de deseo sexual). Las fases del ciclo de respuesta sexual son:

  • La excitación– En esta fase se produce la erección del pene, y se hinchan el clítoris, los labios menores y la vagina.
  • La lubricación– En el hombre mediante el líquido preseminal, y en la mujer mediante unas glándulas presentes en la uretra y en la entrada de la vagina.
  • El orgasmo– En el hombre se produce la eyaculación por las contracciones de próstata, glándulas seminales y conductos deferentes. En la mujer, se contrae la musculatura vaginal y anal.
  • La resolución– Esta fase es muy evidente en el hombre, al bajar la erección, pero en la mujer no se producen evidencias físicas, y puede continuar manteniendo el acto sexual si así lo desea.

Las fases en las que se dan las disfunciones sexuales son la de excitación (disfunción eréctil) y la de orgasmo (eyaculación precoz, anorgasmia). Es común una falta de lubricación en las mujeres, especialmente tras la menopausia, que puede hacer dolorosa la penetración, pero esto puede solucionarse fácilmente con el uso de un lubricante (y con una mayor dedicación a los preliminares).

Una buena comunicación entre los dos miembros de la pareja (expresar lo que nos gusta y cómo nos gusta, nuestras dudas y nuestros miedos para que puedan ser disipados por el otro, exponer nuestras fantasías con naturalidad y confianza…) es básica para tener unas relaciones sexuales satisfactorias. Estar bien informados va a permitirnos librarnos de muchos falsos mitos que pueden exacerbar nuestros sentimientos de culpa o vergüenza. Y finalmente consultar con un profesional que nos ayude bien si se trata de un problema fisiológico o psicológico, nos permitirá recuperar el disfrute de un aspecto de nuestra vida que es importantísimo para nuestro bienestar, pero que suele descuidarse o relegarse completamente.