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¡Niño, cómete el pollo!

Imagen: blog.foodnetwork.com

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Llegas cansado/a a casa, haces un esfuerzo por preparar una cena sana y nutritiva, un salmón con verduritas (¡con lo caro que está el pescado!), hasta lo presentas como un concursante de Masterchef con las coloridas verduras haciendo una camita y el pescado encima… Y tu niño de cuatro años arruga la nariz y te dice “¡No me gustaaaa!”. Es una escena muy habitual, ya que los niños suelen sentir recelo hacia muchos alimentos.

Nuestra respuesta suele ser “Tú pruébalo”, si tenemos temple, o una bronca monumental de tipo “pues-no-pienso-tirarlo-porque-el-pescado-está-carísimo-y-no-me-da-la-gana-de-que-seas-tan-raro” si ese día andamos un poco susceptibles. El peligro que corremos es que estas conductas se repitan cada vez más. Bien sea porque le funciona para obtener la atención, por reafirmar su independencia, por tener un punto oposicionista… el niño descubre el poder que tiene negarse a comer ciertos alimentos. Si se está todo el tiempo riñendo al niño, castigándole sin postre, amenazándole con dejarle sin parque, abriéndole la boca a la fuerza… se está estableciendo un método nada saludable y sobretodo demasiado agresivo para relacionarse con el pequeño. Y lo que es más, se pueden estar sentando las bases para una mala relación del niño con la comida, que pueda llevarle a desarrollar un trastorno alimentario.

Cada niño es distinto, y hay que pensar y tratar de comprender porqué no comen. En los bebés, puede que sean niños tranquilos que no gastan mucha energía y por tanto no son comilones, o puede que les desagraden ciertos sabores (¿verdad que tú no soportas las coles de Bruselas? Ellos también tienen derecho a que no les guste algo), o si la madre ha hecho lactancia materna prolongada que se niegue a comer esperando que le dé el pecho, o que en realidad lo que quieren es comer solitos… Con ellos podéis poner en práctica el baby led weaning (BLW) o alimentación complementaria a demanda, en la que el propio bebé va eligiendo qué y cuánto comer. Con los niños un poco más mayores, como ya hemos comentado, puede ser por obtener la atención, por oposicionismo, por imitación de otros niños…

Es importante establecer una estrategia. Por ejemplo, una de las técnicas que mejor funcionan es presentar los alimentos muchas veces seguidas al pequeño, para que se acostumbre a su sabor, textura, olor y aspecto. Es suficiente un trozo pequeño o una cucharadita durante 8 ó 10 días para que incluso el alimento que les produce más rechazo les acabe pareciendo aceptable. Igual nunca llega a entusiasmarles, y se puede pactar con él que elija un alimento que no le cocinaremos nunca a cambio de que sí coma otros similares (por ejemplo, “no te haré nunca coliflor, pero a cambio el brócoli sí lo comerás”).

También influye la presentación y la técnica escogida para cocinar el alimento. Si es posible, se puede tratar de hacer presentaciones divertidas (es muy fácil convertir un huevo cocido en unos ojos con pupilas de aceitunas negras, la red está llena de ideas), o cambiar la cocción en agua de las verduras por hacerlas al vapor o asarlas al horno, que son métodos igual de sanos pero que resultan en texturas diferentes.

Otras estrategias pueden ser establecer un tiempo suficiente pero máximo para comer y luego retirar la comida (sobretodo sin enfadarse, y para casos de niños que son muy lentos comiendo), presentar el plato menos apetecible primero y “esconder” el que más gusta en la cocina, darle a elegir el menú entre dos comidas que no sean de sus favoritas, darles raciones muy pequeñas para que las vean “asequibles”, dejarles experimentar con el alimento, tocarlo, que nos ayuden a comprarlo en el súper o a prepararlo en casa, dárselo en crudo para que cocido lo acepten mejor (por ejemplo, la zanahoria), hablarles de las propiedades fantásticas que tienen los alimentos incluso con bromas y cuentos (“la zanahoria va muy bien para la vista, ¿has visto alguna vez un conejo con gafas?”), montar un mini-huerto urbano en el balcón o la terraza…

A veces se opta por dejar en el comedor escolar a los niños que comen mal. El colegio o la guardería no tienen porqué llevar toda la carga de los niños que son malos comedores, por mucho que hagan las comidas principales allí. Es importante que los padres apliquemos buenas estrategias en casa, que fuera de las comidas principales se ofrezcan alimentos sanos (a media mañana y para merendar ofrecer fruta, zumos y batidos preparados en casa y donde pueden “colarse” algunas verduras también…), que ofrezcamos un buen ejemplo comiendo de todo nosotros mismos, y sobretodo hacer de la comida un tiempo agradable para charlar en lugar del peor rato del día. Los niños deben sentarse a la mesa incluso aunque digan que no les gusta la comida y no darle importancia, hablando de otras cosas. Con paciencia y constancia, se puede conseguir que acepten comer un buen abanico de alimentos diferentes, y que crezcan con unos buenos hábitos alimenticios que les duren toda la vida.

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Astenia

Imagen: animals.desktopnexus.com

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Astenia es un término médico que se emplea para definir el cansancio generalizado, sin que haya habido un gran esfuerzo físico que lo justifique. Es por tanto un síntoma que puede indicar algún problema de salud, como anemia o una infección.

Sin embargo, en psicología, y cuando no existe una causa médica, nos referimos a un estado de cansancio físico y mental, que suele coincidir con los cambios de estación. La astenia primaveral es la que suelen padecer más personas, ya que además entran en juego factores como las alergias, que confluyen en crear un estado de falta de ánimo, somnolencia, irritabilidad, falta de concentración, reflejos disminuidos, dolores musculares, falta de apetito, mareos, disminución del deseo sexual… Como decimos, la primaveral es la más conocida, pero la otoñal también se da en muchos de nosotros, resultando ambas en el cuadro de síntomas que hemos referido, que puede durar entre unos pocos días y algunas semanas.

El tratamiento va encaminado a favorecer la estabilización de nuestro metabolismo, más que a aumentar el descanso, pues se ha mostrado mucho más efectivo. Así pues, nos centraremos especialmente en la dieta y el ejercicio físico, dentro de una rutina diaria de cinco comidas al día y unos horarios de sueño regulares. Se recomienda aumentar el consumo de cereales, verduras y frutas, y reducir el de grasas saturadas y azúcares refinados. En cuanto al ejercicio, éste debe ser regular y adaptado a nuestro estado de forma y salud: caminatas, yoga, paseos en bicicleta, deportes… Aprovechando que las tardes son más largas y las temperaturas más agradables, se recomienda hacer las actividades al aire libre, puesto que la exposición a la luz solar (con protección) aporta el beneficio añadido de ayudar a la producción de la vitamina D y a mejorar el estado anímico.

Es importante descartar otros trastornos o enfermedades, así que si no se nota mejoría en unos días, se empeora o aparecen nuevos síntomas, se recomienda acudir al médico o al psicólogo, y que éste evalúe la situación.

¿Cómo mantener los celos a raya?

Imagen: glamquotes.com

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Como ya explicamos en nuestro artículo sobre los celos, hasta cierto punto son normales y hasta deseables para el otro miembro de la pareja, ya que suele entenderse como una indicación de lo que le importamos al otro. Sin embargo, cuando empezamos a obsesionarnos, a imaginar cosas y a buscar pruebas de infidelidad sin que tengamos un motivo para sospechar, debemos hacer un esfuerzo por controlarnos o corremos el riesgo de padecer celos patológicos. A continuación os damos algunos consejos para conseguirlo:

1- Evita la ansiedad- Duerme las horas necesarias, lleva una alimentación saludable, haz ejercicio, evita la cafeína… Cuanto mejor sea tu estado de salud y más te cuides, mejor te sentirás contigo mismo.

2- Comparte tus sentimientos- Es importante buscar apoyo en nuestro círculo, saber que es normal sentirse así y, en cuanto a nuestra pareja, que nos aporte seguridad siendo más claro y abierto con sus emociones. A todos nos gusta saber lo importantes que somos para el otro, y nunca hace daño oír otro “te quiero”. Utiliza los “mensajes-yo” para evitar un tono acusador.

3- Estrecha los lazos… sin ahogar- Hoy en día tenemos muchísimas vías para comunicarnos con nuestra pareja a lo largo del día. Podemos pedir a nuestra pareja que comparta más su día a día con nosotros, con una llamada a la hora de comer o un breve chat durante el trayecto en el autobús. Si el otro está de acuerdo, aumentará nuestra sensación de cercanía.

4- Pregunta, pero no interrogues- No hay nada malo en querer conocer qué ha hecho el otro en nuestra ausencia. Lo normal es que el otro lo comparta sin problemas, ya que es una información intrascendente. Cuanto más nos cuente, más podemos confiar en que no tiene nada que ocultar, así que coméntaselo, haciendo servir también los mensajes-yo: “me gusta saber qué haces cuando sales con tus amigos, te agradecería que me lo contaras porque si no lo haces siento que te estoy sonsacando o que tienes algo que ocultar, así me quedaría más tranquilo/a”.

5- Plantéate si sois compatibles- Hay veces que por muy buena voluntad que tengamos, las cosas no funcionan. Bien porque seamos incapaces de perdonar un desliz, porque la otra persona sea muy reservada y no exteriorice sus sentimientos, porque sea muy abierto y nosotros lo interpretemos todo como motivos para tener celos… tal vez necesitemos una relación que nos haga sentir más seguros. Ambos seremos más felices con alguien que entienda y/o comparta nuestras necesidades de estar más conectados.

¿A ti qué te funciona?