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El sentimiento de culpa en las madres

Imagen: xpoppymay.deviantart.com

Imagen: xpoppymay.deviantart.com

“Si lo coges en brazos se malacostumbra”, “Déjale llorar”, “Si lo metes en la cama luego no le podrás sacar”… Éstas y otras muchas frases son las que tienen que oír las madres, especialmente las primerizas, de boca de familiares, amigas y vecinas (suelen ser otras madres, aunque también hay hombres que lo hacen) durante los primeros meses, e incluso años, de la vida de sus hijos.

Si ya es difícil criar un hijo, por aquello de que vienen sin manual de instrucciones, el escuchar este tipo de afirmaciones crea aún más inseguridad en la madre. Recibe críticas por seguir sus instintos, oculta lo que hace por miedo al qué dirán, no tiene con quién compartir las dudas, si busca información por internet parece que elija la que elija le va a crear un trauma a su hijo… Al final, lo que termina ocurriendo es que acaba sintiéndose culpable por todo, por su salud, por su educación, por su rendimiento en el colegio, por sus relaciones sociales…

Un hijo implica muchas responsabilidades. Como padres, debemos asegurarnos de cubrir sus necesidades básicas (alimentación saludable, descanso suficiente, atención médica e integridad física y psicológica, asistencia regular al colegio mientras dura la educación obligatoria, cariño y respeto), ponerles normas y límites (para que se hagan personas educadas, autónomas y responsables) y facilitarles en la medida de lo posible tener experiencias variadas en lo personal y en lo educativo (ampliar sus horizontes). Todo esto es el “qué”, que sí que vale para todos.

En cuanto al “cómo”, cada uno debe encontrar lo que funciona bien para el niño y para la familia. Cada niño y cada familia son diferentes. Lo que funciona bien para unos no tiene por qué resultar para otros. Da lo mismo si el tema es la lactancia, la introducción de la alimentación, si se hace o no colecho, la retirada del pañal… Si algo os funciona y estáis todos contentos, seguid con ello. Si algo no funciona, cambiadlo hasta dar con algo que sí funcione y que os haga sentir que hacéis lo correcto, sin importar los comentarios o las críticas. Sois vosotros los que pasáis las 24h (o las que sean) con ese bebé o ese niño, así que lo que hagáis os tiene que convencer a vosotros y a nadie más.

Desgraciadamente, es muy difícil evitar que la gente que os rodea dé su opinión. Si creéis que merece la pena, explicad lo que hacéis y lo bien que os funciona, o vuestros problemas y que necesitáis ideas. Si es alguien que ni os va ni os viene, siempre tenéis la opción de decir que os va todo genial, que os ha tocado la lotería con el bebé y que come, duerme y hace sus necesidades (con perdón, pero son los temas estrella con los niños) perfectísimamente bien.

Y si ya has pasado por esa etapa, aplícate el cuento. Los padres más experimentados podemos explicar lo que nos funcionó con nuestros hijos, pero no asumir que es la única manera correcta de criar. Si a otra familia les va bien de otra forma, y son felices, ésa es la manera correcta para ellos. Les hacemos un flaco favor criticando su manera de hacer las cosas. Una cosa es ofrecer ayuda y otra muy diferente querer imponer nuestras ideas. Si de verdad quieres ayudar a unos nuevos padres, llévales algo de comida, friégales los platos, vigílales al bebé mientras salen a dar un paseo o llévate al hermanito mayor para que tengan un rato de tranquilidad. Ésa es la ayuda que será bienvenida de verdad.

Si tienes dudas sobre la crianza de tus hijos, o te resulta difícil adaptarte a tu nuevo rol, podemos ayudarte. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, y te informaremos.

¿Feliz Navidad?

Imagen: elcomercio.com

Imagen: elcomercio.com

Las fiestas navideñas son unas fechas en las que parece que debemos ser felices por obra y gracia de la televisión y los centros comerciales. Para muchas personas que atraviesan un mal momento o con recuerdos no muy felices, son días especialmente tristes, y aumentan los casos de estrés y depresión. Para ayudar a sobrellevar estas fechas lo mejor posible, ahí van algunos consejos:

  • No hagas más de lo que puedas (o te apetezca) hacer-  Planifica, delega y deja tiempo también para descansar. Es muy bonito tener la casa decorada, un menú magnífico, regalos ideales y envueltos de maravilla, enviar postales hechas a mano… en las películas. Sé realista y cumple con lo que puedas. Empieza a preparar las cosas con tiempo. Aprende a decir no. Si alguien se queja, a la próxima que arrime el hombro. Todos lo pasaréis mejor si tú estás contento/a.
  • Mantén hábitos saludables (dentro de lo posible)- Escoge opciones ligeras en los restaurantes o a la hora de repetir, no te olvides de que hay una comilona tras otra (así que tienes muchas ocasiones de beber y comer turrones), aprovecha el tiempo libre para salir a caminar, hidrátate bien, limita el tabaco (sobretodo si eres fumador social), si hace sol aprovecha para hacer alguna actividad al aire libre (aunque sea leer el periódico en el balcón), duerme lo suficiente…
  • Vigila el presupuesto- No gastes más de lo que puedas permitirte, y recuerda que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. Hay muchas actividades con un coste bajo que pueden resultar satisfactorias, sin necesidad de ir a esquiar a los Alpes o de pasar la Navidad en Eurodisney. Y a veces los mejores regalos cuestan nada o muy poco (nuestro tiempo, regalos hechos por nosotros mismos, detalles útiles que demuestren que conocemos a esa persona y nos preocupamos por ayudarla…).
  • Perdona y acepta a los demás, y controla las expectativas- Si todos los años tu tía se las ingenia para llamarte “gordo/a” (aunque hayas bajado 10 kilos respecto al año pasado y/o ella pese mucho más que tú), tu suegro se queja de que tus hijos están asalvajados o tu cuñado te restriega las maravillosas vacaciones que ha pasado en la República Dominicana… lo más probable es que este año pase lo mismo. Intenta recordar que es un día al año, que a lo mejor no se dan cuenta de que te fastidia o que no tienen otra cosa mejor que contar, e intenta que te afecte lo mínimo posible. Habrá cosas que salgan mal, un plato que no esté bueno, alguien que llegue tardísimo, otro que beba más de la cuenta… Si estás preparado para aceptar que el mundo no es perfecto disfrutarás más de todo lo que sale bien.
  • Acepta tus sentimientos, pero no te aisles- No estás obligado a sentirte alegre si tus circunstancias no te acompañan. Si has perdido a un ser querido, si tu relación de pareja se ha roto… date tiempo para recuperarte. No tienes que ser el alma de la fiesta ni montar un gran jolgorio, pero será agradable estar con gente que te quiere. Y si te sientes solo, busca actividades que te ayuden a sentirte parte de la celebración directa o indirectamente (teatro o conciertos navideños, voluntariado en hospitales, residencias o comedores sociales…).
  • Evita el síndrome postvacacional- Si tus días libres te lo permiten, deja algún día para descansar, regular horarios de sueño, comer ligero y preparar lo que necesites para empezar de nuevo con la rutina. Agradecerás una adaptación progresiva de las vacaciones al horario habitual.

Esperamos que estos consejos os ayuden a tener unas buenas fiestas, ¡que disfrutéis!

¿Cómo subo mi autoestima?

“Lo más importante es cómo te ves” (Fuente: fitmindfitlife.com)

La falta de autoestima nos hunde cuando las cosas no nos vienen de cara y nos impide reconocer y disfrutar las cosas buenas que hay en nuestra vida. Un buen nivel de autoestima no sucede de la noche a la mañana, se consigue reforzándola diariamente porque incluso personas con un nivel adecuado tienen momentos de crisis, pero tienen los recursos para volver a subirla. Si no es tu caso, aquí van unas pautas para subirla y mantenerla arriba:

  • Mírate con ojos de buen amigo- seguro que hay alguien en tu familia o entre tus amigos que objetivamente no es especialmente guapo, pero como le quieres te fijas en lo bueno y te parece que es lo más bonito del mundo. Pues esos mismos ojos son los que debes utilizar para mirarte a ti. Céntrate en todo lo bueno. Escribe una lista con todo lo que te gusta de ti, sea físico (ojos bonitos, pelo brillante, manos de largos dedos, sonrisa…) o de tu personalidad (cariñoso, trabajador, amable, buen amigo…). Repasa también todas tus habilidades, las cosas que sabes hacer (enfoca siempre lo bueno, por ejemplo en lugar de pensar que no sabes cocinar piensa que preparas unas ensaladas estupendas). E incluye lo que otras personas han alabado en ti a lo largo de los años.
  • Revisa tus logros- Fíjate en lo que has conseguido en tu vida, sea lo que sea, cualquier logro es bueno. Incluso si te ayudaron, piensa que eres una persona con recursos, que sabe pedir ayuda cuando lo necesita. Si aún así no estás convencido, plantéate un pequeño reto y llévalo a cabo. Es importante que busques la información necesaria, que planifiques la ejecución… Incluso si no te saliera bien, fíjate en lo bueno que es que intentes cosas nuevas, que eres una persona capaz de ponerse retos, de prepararse y organizarse. En cuanto a la ejecución, sigue leyendo el próximo punto.
  • Nadie es perfecto- Los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada. Los demás nos equivocamos y mucho, pero los errores nos hacen aprender. Cuando te equivoques, trata de arreglarlo, averigua la solución correcta, y piensa que para la próxima ya sabes mucho más, y que seguro que lo haces mejor. Y, por supuesto, ese error no desmerece todo lo demás. Las personas tenemos muchas facetas, tal vez eso que nos hemos propuesto no llegue nunca a salirnos perfecto (sólo hubo un Mozart o un Picasso), pero tenemos otros talentos y habilidades (seguro que Mozart nunca preparó unos macarrones tan ricos como los tuyos… ¡Chúpate ésa, Mozart!).
  • Felicítate por lo que haces bien- Tendemos a dedicarle muchísimo tiempo a pensar lo que ha ido mal, y nada o muy poco a lo que sale bien. Desde el buen gusto que tenemos al escoger la ropa, lo bien que nos sienta un peinado, lo buenos conductores que somos porque paramos en todos los pasos de cebra… No lo des por hecho, lo has hecho tú y tienes que reconocerte el mérito que tiene.
  • Trátate como una prioridad- Siendo más asertivo, dedicándote más tiempo a ti mismo, haciendo algo que te apetezca por delante de otras obligaciones que no sean urgentes… No te sientas egoísta por ello sino todo lo contrario. Piensa que si tú estás bien tendrás mucha más energía y buen humor, y eso repercutirá en todos los aspectos de tu vida (así que si dejas al bebé una hora con tu madre y la dedicas a hacer algo que te guste, no estás siendo egoísta, sino que te estás cuidando para ser una mamá feliz, aunque las camas sigan sin hacer).
  • Pon en práctica “la semana de la autoestima”- Hazte una foto con una gran sonrisa y pégala en el espejo. Escribe en un papel tres (y si son cinco mejor) cosas buenas sobre ti de cada categoría (físico, personalidad, habilidades y logros) y pégalo debajo de la foto. Busca una canción que te dé energía y te haga sentir bien. Cada mañana, ponte música, mírate al espejo mientras te arreglas, céntrate en todas las cosas de la lista, búscalas otra vez en ti, mira tu foto sonriente, sonríe a tu reflejo y anímate (“¡Buenos días!¡Qué día tan estupendo!¡Vamos allá!).

Como hemos dicho, una buena autoestima no se construye en un día, así que pon estos consejos en práctica tan a menudo como puedas hasta que sientas que tu autoestima está fuerte. Sobretodo tienes que cambiar tu forma de pensar en cuanto a lo que vales y a cómo encajar las equivocaciones, interiorizando la idea de que somos personas valiosas y capaces, que nos merecemos lo mejor, y que lo malo nos sirve para aprender.

El método del sandwich

En el artículo sobre los “mensajes-yo”, comentábamos que hay personas muy sensibles a las críticas. Evidentemente, a todos nos gusta más que nos alaben en lugar de criticarnos, así que siempre cuesta encajar los comentarios negativos, por mucho que la persona que nos los hace lo haga con la mejor intención.

El método del sandwich es una técnica muy sencilla y muy efectiva para hacer crítica constructiva sin enemistarnos con nadie, ya que presenta al mismo tiempo lo negativo y lo positivo (seguro que casi siempre podemos encontrar algo positivo que decir). Veamos la diferencia entre una crítica “a pelo” y otra empleando el método del sandwich:

– Esta comida no sabe a nada, ¿has perdido el salero?

– Gracias por preparar la comida, aunque para mi gusto creo que le falta algo, algo de sal o alguna especia. El pollo que hiciste el otro día estaba más sabroso, me gustó mucho.

Con el método del sandwich, posicionamos la crítica en medio de dos comentarios más agradables para la otra persona, de forma que obtenga información tanto negativa como positiva (que, además, también merece reconocimiento), no se ponga a la defensiva y esté más predispuesto a solucionar la parte problemática. Así, su motivación será mayor y además abrimos la comunicación, de forma que tal vez nos pidan más indicaciones, nos sugieran qué nos parece la solución que han pensado…

Los “mensajes-yo”

Imagen: Chris Wucherer

Los “mensajes-yo” son mensajes en los que expresamos nuestros sentimientos, deseos u opiniones en primera persona. Se diferencian de los “mensajes-tú” en que no atribuyen responsabilidad o culpa directamente al otro, de manera que suelen ser más efectivos cuando nos comunicamos en una situación de conflicto (bien sea con nuestra pareja, nuestros hijos o cualquier persona de nuestro entorno). Compara los siguientes mensajes:

– “¡Tú nunca me tienes en cuenta a la hora de decidir qué vamos a hacer el fin de semana, haces lo que te da la gana y si a mí no me gusta te importa un pimiento!”.

– “Me siento ignorada cuando haces planes para el fin de semana. Me gustaría que me consultaras más, yo también tengo opiniones e ideas, y creo que muchos de mis planes serían interesantes para los dos”.

Como puedes ver, en el segundo caso también expresamos estar molestos con la situación, pero de una forma mucho menos agresiva, sin acusar directamente al otro. Hay personas muy sensibles a las críticas, de manera que los “mensajes-tú” rompen la comunicación, haciéndoles ponerse a la defensiva, enfadarse y devolver lo que consideran un ataque.

Los “mensajes-yo” son mucho más persuasivos y constructivos. Facilitan que la otra persona tenga en cuenta nuestras necesidades y que participe en el camino del cambio, sin que la relación resulte dañada por las críticas.

Para elaborar un “mensaje-yo”, evidentemente debemos evitar referirnos al otro, y empezar exponiendo la emoción que sentimos por la situación. Debemos centrarnos también en hacer sugerencias de cara al futuro, en vez de centrarnos en lo que no nos gusta del momento presente. Y destaquemos lo positivo de esa futura situación, lo bien que nos sentiremos (ambos), y los beneficios que obtendremos (estaremos más relajados, podremos pasar más tiempo juntos, será más agradable estar en casa…).