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El papel del padre primerizo

Para el padre, por pura razón biológica, el proceso perinatal (embarazo, parto, postparto, lactancia) es algo externo, y es lógico que no lo viva tan intensamente como la madre. Aunque no quisiéramos, para nosotras es casi imposible olvidarnos ni por un momento de que estamos embarazadas, por las molestias, el cansancio, los movimientos… Los futuros padres no tienen ese recordatorio constante, así que es razonable que su implicación sea menor.

El problema viene cuando esa menor implicación (voluntaria o a veces incluso impuesta por su pareja) va creando un distanciamiento entre ambos, hasta el punto de que el papá puede llegar a tener celos del bebé o sentimientos de abandono por su pareja, y la mamá una gran carga de estrés y agobio por sentir que lleva la mayor parte de la carga, o de soledad por no sentirse apoyada. Especialmente el primer año de vida del bebé, por la gran dependencia que tiene de sus cuidadores, es de mucha demanda, y la relación de pareja puede dañarse irreversiblemente.

¿Cómo se puede evitar ese distancimiento? En primer lugar, siendo ambos conscientes de que el embarazo es cosa de tres, papá, mamá y bebé, y hay un vínculo que formar entre todos. Ese vínculo no aparece mágicamente. Incluso la madre, que ha podido vivir intensamente el embarazo, puede tardar un tiempo (horas, días y hasta semanas) en conectar con su bebé, con más razón la persona que no lo ha llevado en su vientre.

Hay que trabajar la conexión desde el principio, acudiendo si se puede a las visitas en el hospital y al curso preparto, sintiendo al bebé, hablándole o cantándole, implicándose en los detalles como la compra de la canastilla, leyendo algún libro sobre embarazo y crianza… Es un camino a recorrer en pareja, y aunque parezca que no vamos a querer más a nuestro hijo por elegir sus pijamas, sí que aumenta la confianza en la pareja y en nuestra capacidad para cuidar del recién nacido.

Una vez nacido el bebé, las posibilidades de implicarse pueden ser muchas incluso aunque se instaure la lactancia materna: el papá puede ocuparse de que expulse los gases, de baños, de portearle… Y también de cuidar a la mamá a recuperarse de un proceso físicamente exigente (hasta un vaso de agua se agradece mucho en esas circunstancias), y permitirle también tener algunos momentos para sí misma (ni que sea poderse dar una ducha sin parar el agua constantemente para asegurarse de que los lloros que oímos sólo están en nuestra cabeza).

Cuando nace un bebé, nacen también una mamá y un papá, son roles nuevos que debemos incorporar a nuestra personalidad, y es algo que nos va a requerir un tiempo. Pero seguimos teniendo otros roles que atender, seguimos siendo individuos, pareja, hijos, amigos… y todas esas parcelas requieren su atención (aunque evidentemente no en el mismo porcentaje ni todos los días).

Por supuesto, para que el padre se implique más, la madre tiene que dejarle. El bebé no necesita que los pantalones coordinen en color con la camiseta, ni llevar un moñito perfectamente centrado (que además nadie nace sabiendo, la práctica hace la perfección), sino unos padres felices, que disfrutan del tiempo que pasan con él, lo más descansados posible… La etapa de bebé es corta, enseguida van ganando autonomía, y es mucho más habitual oír a los padres quejarse de lo rápido que ha pasado que de lo largo que se les ha hecho.

En RB Psicòlegs somos expertos en psicología perinatal. Si tenéis cualquier dificultad relacionada con el embarazo, parto, postparto, lactancia… no dudéis en consultarnos en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escribidnos a rbpsicolegs@gmail.com.

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¿Cuándo realizar terapia de pareja?

La terapia de pareja es un tipo de terapia enfocado a personas que tienen problemas en su convivencia, por comunicación deficiente, por interferencia de sus familias de origen, por incapacidad para organizarse o coordinarse eficazmente, por discrepancias en el trato a los hijos de relaciones anteriores… Incluso hay casos de parejas que acuden antes de iniciar la convivencia o que ya están en trámite de separación, para evitar problemas en el futuro.

Muchas parejas pueden plantearse en un momento u otro realizar terapia de pareja, pero ¿son todas las parejas igual de aptas para recibir terapia de pareja? ¿Se recomienda en todos los casos? ¿En qué casos está desaconsejada?

Las parejas para las que es recomendable acudir a terapia son aquellas que tienen dificultades de comunicación (no se escuchan, discuten continuamente, se insultan…), que tienen desaveniencias (por ejemplo, debidas al reparto de las tareas domésticas o la educación de los hijos), que están insatisfechas con la relación (por desgaste, sienten que el vínculo ya no es tan fuerte como antes, no están contentos con la parte sexual…), se sienten coaccionadas (por celos, por dependencia emocional o económica…), que están pensando en separarse o a punto de formalizar la separación (para prevenir conflictos posteriores, sobretodo si hay hijos comunes).

Las parejas para las que la terapia no se recomienda son aquellas en las que alguno de los miembros tiene una patología grave (lo indicado sería tratar esta patología en primer lugar de forma individual, y en función de la evolución pasar a terapia de pareja), cuando uno de los dos no desea resolver los problemas o hace una valoración muy negativa de la intervención psicológica, en las que se da una situación de maltrato reiterado (psicológico o físico) o abusos, cuando uno de los miembros tiene una relación con otra persona (no puntual sino estable, si no son una pareja no tiene sentido la terapia) o cuando ya están separados (a menos que ésta sea temporal, para tomarse un tiempo de reflexión).

Los celos infantiles

Imagen: lagreenbean.com

Imagen: lagreenbean.com

Lo primero que debemos tener en mente a la hora de tratar de entender los comportamientos de nuestros hijos es que son muy inseguros. Cuando hablamos de los celos en los adultos, ya hicimos la conexión entre los celos y el instinto de supervivencia. Si los adultos no podemos evitar sentirnos amenazados, ¿cómo no va a pasarle a nuestros hijos?

Cuando tratamos con niños, es útil mirar las cosas desde su prisma. Es igual que les hayamos dicho en diversas ocasiones que les queremos o que tener un hermanito es muy divertido. Los niños tienen muy poca perspectiva, en especial los más pequeños, y tienden a fijarse en el momento presente, en el ahora. Y ahora su hermano está recibiendo la atención y él no. Los comportamientos que lleve a cabo serán en buena medida una forma de reclamar la atención que desea (y que necesita).

Para tratar de paliar la aparición de celos, tenemos muchas vías por las que actuar:

  • Hacer refuerzo positivo– Siempre hay que buscar algo que premiar o apreciar en el comportamiento del niño, incluso cuando tiene una de esas tardes terribles en las que parece imposible portarse peor. Simplemente con que esté sentado cinco minutos mirando los dibujos, le diremos “¡qué bien que te estás portando ahí sentado, tan tranquilo!”, y si además nos sentamos con él, le damos unos mimos o charlamos unos minutos, le estaremos mostrando claramente que ese buen comportamiento tiene el premio de nuestra atención.
  • Ignorar el mal comportamiento– Es el complemento perfecto al refuerzo positivo. Si el niño no está haciendo nada con lo que pueda hacerse daño o hacerle daño a los demás, le dejaremos estar. Debemos ser conscientes de que tenemos un niño y no una estatua, así que si desordena, ensucia, hace ruido… simplemente está actuando como lo que es. No queremos crearle la idea de que el rol que le consigue atención es el del “hermano malo”.
  • Adelantarnos a los conflictos– Ser previsores nos va a ahorrar muchísimos problemas. Siguiendo el punto anterior, podemos evitar reñirle por cosas que podíamos haber apartado de su alcance, o actividades que no pueda hacer sin supervisión: si el niño pinta las paredes con rotuladores, es porque le hemos dejado cogerlos. Y normalmente sabemos qué botones hacen saltar a nuestros hijos, en qué situaciones se ponen más celosos… Podemos evitarlo de muchas maneras, desde tener algún juguete preparado por si los que nos visitan nos traen un regalo para el nuevo bebé o un regalo de cumpleaños para el hermano, quedar con los abuelos para que le den un paseo mientras grabamos el primer baño del bebé o cuando vamos a ver actuar al otro…
  • Atención en exclusiva– Debemos buscar momentos para que cada niño sea protagonista absoluto. Los bebés no son conscientes de lo que pasa a su alrededor, así que intentaremos centrar nuestra atención en los hermanos mayores, charlando con ellos, pidiéndoles que sean nuestros ayudantes… Y cuando ya no sean bebés, en darles tiempo a solas a todos. Da un poco igual que sea con mamá que con papá que con los abuelos o los tíos, pero que sean tiempos en los que no tengan que competir con otros niños. Si tenemos la posibilidad, haremos diferentes combinaciones para dar atención individualizada a nuestros hijos. Hasta acostarlos con quince o veinte minutos de diferencia (y así leerles un cuento distinto, que el mayor tenga el premio de ver un ratito más la tele por haber cumplido con sus tareas…) dan ocasión a encontrar ratos a solas con cada uno.
  • Quererles igual, pero tratarles según sus necesidades y su carácter– Cada niño es diferente, así que debemos reconocer estas diferencias. Todos sabemos que si compramos dos juguetes iguales, los niños se acabarán peleando por el mismo, probablemente porque ni sabrán cuál es el de cada uno. Es mejor dar opciones para elegir a los niños, conocer sus gustos y tratarlos de forma individualizada. Si un niño elige un coche rojo y el otro un avión azul, no hay duda de qué juguete es el de cada uno. Si quieren jugar con el del otro, tendrán que pedírselo por favor. También les explicaremos que los pequeños necesitan más ayuda porque saben hacer menos cosas, y que si quieren que tengamos más tiempo para ellos nos tienen que ayudar. Y si les decimos lo rollo que es ser pequeño porque no pueden hacer nada, y lo chulo que es ser mayor y la cantidad de ventajas que tiene, mejor aún.
  • Decirles lo mucho que les queremos muy a menudo– A ser posible, varias veces al día. Y explicarles que aunque nos enfademos con ellos no dejamos de quererles por nada, que son dos sentimientos compatibles. Los enfados vienen y van, el amor es para siempre.
  • Cuidar su autoestima– Como hemos dicho, los niños son muy inseguros. Deben saber que son valiosos, que saben hacer muchas cosas bien y que nos encanta estar con ellos. Además del refuerzo positivo y de decirles que les queremos, deben tener ocasiones de hacer cosas que les muestren su valía. Ser lo más autónomos posible y tener tareas les ayuda a aprender, a sentirse seguros, a tolerar mejor la frustración y que no pasa nada por equivocarse.
  • Darles palabras para reconocer sus estados de ánimo– Cuando se porten mal, debemos explicarles porqué creemos que lo hacen. Y que no es excusa para no recibir la consecuencia o el castigo. Si estamos haciendo la cena y los niños no paran de pelearse, les diremos: “sé que estáis cansados y aburridos, pero si tengo que estar pendiente de vosotros no podré hacer la cena, así que además de cansados y aburridos estaréis hambrientos”, y les daremos una tarea o les llevaremos al rincón de pensar o nos sentaremos hasta que se comporten. Además de disciplinarles, les estaremos ayudando a mejorar su inteligencia emocional, y se podrán autoregular mejor con el tiempo.

Como siempre que esperamos ver un cambio, tenemos que ser constantes y pacientes. Con el transcurrir de las semanas y los meses veremos cómo los lloros y las peleas bajan considerablemente.

¿Cómo mantener los celos a raya?

Imagen: glamquotes.com

Imagen: glamquotes.com

Como ya explicamos en nuestro artículo sobre los celos, hasta cierto punto son normales y hasta deseables para el otro miembro de la pareja, ya que suele entenderse como una indicación de lo que le importamos al otro. Sin embargo, cuando empezamos a obsesionarnos, a imaginar cosas y a buscar pruebas de infidelidad sin que tengamos un motivo para sospechar, debemos hacer un esfuerzo por controlarnos o corremos el riesgo de padecer celos patológicos. A continuación os damos algunos consejos para conseguirlo:

1- Evita la ansiedad- Duerme las horas necesarias, lleva una alimentación saludable, haz ejercicio, evita la cafeína… Cuanto mejor sea tu estado de salud y más te cuides, mejor te sentirás contigo mismo.

2- Comparte tus sentimientos- Es importante buscar apoyo en nuestro círculo, saber que es normal sentirse así y, en cuanto a nuestra pareja, que nos aporte seguridad siendo más claro y abierto con sus emociones. A todos nos gusta saber lo importantes que somos para el otro, y nunca hace daño oír otro “te quiero”. Utiliza los “mensajes-yo” para evitar un tono acusador.

3- Estrecha los lazos… sin ahogar- Hoy en día tenemos muchísimas vías para comunicarnos con nuestra pareja a lo largo del día. Podemos pedir a nuestra pareja que comparta más su día a día con nosotros, con una llamada a la hora de comer o un breve chat durante el trayecto en el autobús. Si el otro está de acuerdo, aumentará nuestra sensación de cercanía.

4- Pregunta, pero no interrogues- No hay nada malo en querer conocer qué ha hecho el otro en nuestra ausencia. Lo normal es que el otro lo comparta sin problemas, ya que es una información intrascendente. Cuanto más nos cuente, más podemos confiar en que no tiene nada que ocultar, así que coméntaselo, haciendo servir también los mensajes-yo: “me gusta saber qué haces cuando sales con tus amigos, te agradecería que me lo contaras porque si no lo haces siento que te estoy sonsacando o que tienes algo que ocultar, así me quedaría más tranquilo/a”.

5- Plantéate si sois compatibles- Hay veces que por muy buena voluntad que tengamos, las cosas no funcionan. Bien porque seamos incapaces de perdonar un desliz, porque la otra persona sea muy reservada y no exteriorice sus sentimientos, porque sea muy abierto y nosotros lo interpretemos todo como motivos para tener celos… tal vez necesitemos una relación que nos haga sentir más seguros. Ambos seremos más felices con alguien que entienda y/o comparta nuestras necesidades de estar más conectados.

¿A ti qué te funciona?

Los celos

Celos, de Edvard Munch (fuente: edvard-munch.com)

Celos, de Edvard Munch (fuente: edvard-munch.com)

En una relación de pareja, los celos son la creencia de que la otra persona es de alguna manera nuestra, de forma que cualquier atención dada o recibida por nuestra pareja de parte de otro hace que salten las alarmas y nos sintamos amenazados.

Muchos piensan que los celos son absolutamente normales e incluso deseables, ya que serían una señal de lo que le importamos a nuestra pareja. A más celos, mayor amor y pasión. En el momento en el que el otro va dejando de sentir celos, es porque deja de importarle con quien vamos.

En realidad hay personas más y menos celosas, y a menudo los celos están relacionados con el nivel de seguridad y autoestima que poseemos. A todos nos gusta que nos presten atención y nos den cariño. Forma parte de nuestro mecanismo de supervivencia cuando nacemos, ya que nos garantiza la protección y los cuidados de nuestros padres. Cuando pensamos que el vínculo que nos une a nuestra pareja está amenazado y podemos quedarnos sin esa atención, es normal sentir celos. Pero también influye la confianza que tenemos en que nuestra pareja quiera estar con nosotros, lo que nos valoramos frente a los demás, si pensamos que nuestra pareja nos necesita más que nosotros a él, nuestro historial amoroso- tanto si nos han traicionado como si nosotros mismos lo hemos hecho…

La mayor parte de lo que nos hace sentir celosos está en nuestra cabeza y no en las acciones de los demás. Podemos tener control sobre nuestros celos, confiando en nuestra pareja, en que está con nosotros porque desea hacerlo y porque merecemos la pena. Como decíamos al principio, mucha gente cree que es deseable cierto nivel de celos por parte del otro, y algún comentario puntual puede resultar incluso atractivo para dar algo de chispa a la relación. Pero el exceso de control produce el efecto contrario, puede resultar asfixiante y acabar por estropear la relación. Si creemos que el tema se nos escapa de las manos, que nos angustia en exceso, nos impide actuar de forma racional, y nos lleva a buscar constantemente pruebas de que el otro nos es infiel cuando no tenemos ningún indicio que nos haga sospechar, es el momento de buscar ayuda.