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Factores de riesgo en el duelo

Imagen: imagui.com

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El duelo es un proceso natural que nos permite adaptarnos a los cambios que comporta una pérdida. Sin embargo, hay situaciones en las que resulta más difícil realizar el proceso de duelo. Estas circunstancias pueden dividirse en personales (del superviviente), interpersonales (vínculo con la persona fallecida) y de la propia muerte (de la persona fallecida).

Circunstancias personales:

  • Personalidad- Aquí incluimos tanto las creencias religiosas, la filosofía vital, los recursos personales y de afrontamiento (ante los problemas, inseguridad, autoestima, capacidad para expresar sentimientos…).
  • Salud- Física y mental, antecedentes médicos y psicológicos, tratamiento farmacológico…
  • Historia de vida- Cómo ha sido su infancia, juventud, madurez y/o vejez, experiencia previa con otras pérdidas, duelos no resueltos…
  • Red de apoyo- Si mantenemos relaciones sociales numerosas y próximas que nos apoyen.

Circunstancias interpersonales:

  • La cercanía con el fallecido- Más que si era un familiar cercano o no, consideraremos si la persona estaba presente en nuestro día a día o si la veíamos una vez al año, si era una persona entrañable o más fría…
  • La “calidad” de la relación- Una relación complicada o ambivalente puede dejarnos la sensación de quedarnos con temas pendientes, cosas que no dijimos, que se nos deben unas disculpas… por más que la relación no fuera buena o cercana.
  • Dependencia de la persona fallecida- Si llevamos una vida más dependiente (hijos pequeños, cónyuges con poca autonomía…) nos veremos mucho más afectados. También el momento vital en que nos hallamos, si nuestros planes se apoyaban mucho en esa persona (trabajar en pequeños negocios familiares, relaciones de 30-40 años de duración)…

Circunstancias de la propia muerte:

  • Lo esperado del fallecimiento- Cuando nuestro ser querido es muy mayor o está muy enfermo ya vamos praparándonos para la posibilidad de que fallezca en breve, resolvemos temas pendientes, nos decimos lo que queremos decirnos a la hora de despedirnos… Una muerte inesperada nos roba esa posibilidad.
  • La edad del fallecido- Cuando la persona que perdemos es mayor de unos 80 años nos suele parecer que ha vivido lo esperado, mientras que morir antes nos parece una injusticia, por no haber podido disfrutar de la jubilación, conocer a los nietos… A menor edad, mayor sensación de injusticia.
  • La causa de la muerte- Si la persona había sufrido una enfermedad larga o degenerativa, podemos tener una sensación de cierto alivio porque haya dejado de sufrir. En el otro extremo, puede ser muy difícil de aceptar que alguien se quite la vida o que haya muerto a consecuencia directa de la acción de otra persona, por pensar que haya sido una muerte “evitable”.
  • Circunstancias extraordinarias- Que el cuerpo no pueda ser recuperado, varios fallecimientos al mismo tiempo (en un accidente de coche, por ejemplo), que el superviviente también haya recibido un daño a consecuencia del cual peligre su autonomía (herido de gravedad, pérdida de la vivienda).

El hecho de presentar uno o varios factores de riesgo no nos aboca irremediablemente a un duelo patológico, pero sí nos debe hacer conscientes de que es probable que nos resulte más difícil aceptar la pérdida, y por tanto la recuperación puede requerir más tiempo o el apoyo de un profesional especializado.

En RB Psicòlegs estamos especializados en el acompañamiento terapéutico en casos de duelo. Si crees que tú o alguien de tu entorno necesita apoyo para superar una pérdida, escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com o llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 y te orientaremos sobre qué puedes hacer en esta situación.

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¿Cuándo realizar terapia de pareja?

La terapia de pareja es un tipo de terapia enfocado a personas que tienen problemas en su convivencia, por comunicación deficiente, por interferencia de sus familias de origen, por incapacidad para organizarse o coordinarse eficazmente, por discrepancias en el trato a los hijos de relaciones anteriores… Incluso hay casos de parejas que acuden antes de iniciar la convivencia o que ya están en trámite de separación, para evitar problemas en el futuro.

Muchas parejas pueden plantearse en un momento u otro realizar terapia de pareja, pero ¿son todas las parejas igual de aptas para recibir terapia de pareja? ¿Se recomienda en todos los casos? ¿En qué casos está desaconsejada?

Las parejas para las que es recomendable acudir a terapia son aquellas que tienen dificultades de comunicación (no se escuchan, discuten continuamente, se insultan…), que tienen desaveniencias (por ejemplo, debidas al reparto de las tareas domésticas o la educación de los hijos), que están insatisfechas con la relación (por desgaste, sienten que el vínculo ya no es tan fuerte como antes, no están contentos con la parte sexual…), se sienten coaccionadas (por celos, por dependencia emocional o económica…), que están pensando en separarse o a punto de formalizar la separación (para prevenir conflictos posteriores, sobretodo si hay hijos comunes).

Las parejas para las que la terapia no se recomienda son aquellas en las que alguno de los miembros tiene una patología grave (lo indicado sería tratar esta patología en primer lugar de forma individual, y en función de la evolución pasar a terapia de pareja), cuando uno de los dos no desea resolver los problemas o hace una valoración muy negativa de la intervención psicológica, en las que se da una situación de maltrato reiterado (psicológico o físico) o abusos, cuando uno de los miembros tiene una relación con otra persona (no puntual sino estable, si no son una pareja no tiene sentido la terapia) o cuando ya están separados (a menos que ésta sea temporal, para tomarse un tiempo de reflexión).