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Baby led weaning (BLW)

Baby led weaning o BLW es el término inglés con el que se define la alimentación complementaria guiada por el bebé. “Guiada por el bebé” quiere decir que son los bebés los que deciden qué y cuánto comer, no les damos la papilla con una cuchara haciendo el avión, sino que simplemente les facilitamos los alimentos para que ellos se alimenten de forma autónoma. No es nada nuevo, de hecho nuestros abuelos alimentaron así a nuestros padres, pero la preocupación por darles mucho de comer para que no les falten nutrientes, las prisas o la comodidad han ido llevando a nuestra sociedad a la introducción de alimentación complementaria a partir de los 4 meses (la OMS recomienda lactancia exclusiva hasta los 6 meses y a partir de ahí introducir alimentación complementaria de forma progresiva) con biberones con cereales y papillas, a menudo en cantidades exageradas y forzando al bebé a terminárselo todo.

Este método, en cambio, consiste en introducir lo antes posible los trozos, algo que normalmente en padres recientes inspira bastante miedo, por lo que a veces se retrasa la introducción de una alimentación similar a la del resto de la familia hasta el año y medio o incluso los dos años. Al poner en práctica el BLW, la comida que se le ofrece al bebé consiste en pequeños trozos de la misma comida que toma la familia, siempre que sea adecuada a la pauta de introducción de alimentos, tengan la consistencia apropiada, sea saludable y el niño muestre interés y habilidad suficiente para hacerlo. Por ejemplo, trocitos pequeños de plátano, patata, judía verde, lentejas, pollo, pescado… Pondremos los trocitos a su alcance para que él mismo los coja con los dedos y se los lleve a la boca, los explore, los chafe… En definitiva, el objetivo no es tanto que coma cantidad (a esas edades el alimento principal sigue siendo la leche materna o de fórmula) sino que pruebe, explore y disfrute, sin ser obligado a comer más de lo que le apetezca. También pueden tomar puré, claro, pero en este caso debería ser también nuestra comida.

Gracias al BLW, los pequeños se introducen antes en la rutina familiar, no tienen por qué comer a horas diferentes ni una comida distinta, con lo que se favorece no sólo la autonomía del niño, sino que se fortalece la musculatura de la boca (con los beneficios que ello aporta al habla), la psicomotricidad fina (que posteriormente le será de gran ayuda para la escritura), se desarrolla la sensación de saciedad (ayudando a prevenir la obesidad), la aceptación de nuevos alimentos, el hacer de la comida un tiempo en familia, de disfrute y relajación…

En RB Psicòlegs ofrecemos el taller “Desayuna con tu coach”, un grupo para mamás recientes o no tan recientes, donde os ayudamos con información, recursos y apoyo en la maravillosa pero dura etapa de la maternidad. Infórmate en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escribiéndonos a rbpsicolegs@gmail.com.

A malas notas, buena cara

Imagen: protectus.co.uk

Imagen: protectus.co.uk

Estamos a un paso del final del primer trimestre. Aunque suele ser considerado un trimestre de transición, de adaptación al nuevo curso o a la nueva etapa, a veces nos pilla con el paso cambiado a los padres, y la sorpresa, el miedo a repetir o el enfado nos puede llevar a reaccionar de una manera que no beneficia a nadie. Nuestra actitud puede determinar cómo encajen nuestros hijos esas notas y cómo reaccionen a posteriori.

Lo primero y principal es recordar lo dicho en el primer párrafo: es un trimestre de adaptación, a veces al tutor, a veces al ciclo, otras veces al centro, otras a la mezcla entre clases, incluso a asignaturas nuevas. Unos cambios son más complicados que otros, pero lo que es seguro es que necesitan un tiempo para aprender cómo funciona la nueva situación. Para los cambios, hay un símil que nos gusta mucho: imaginad que siempre vais al mismo supermercado, y por circunstancias, un día hacéis la compra en un supermercado de la misma cadena, pero de otro barrio o ciudad. ¿A que vais perdidos? ¿A que necesitáis más tiempo para encontrarlo todo? Pues en este caso es lo mismo. Por lo tanto, es bueno tener paciencia y no achacar de entrada la bajada de rendimiento a una disminución del esfuerzo de nuestros hijos.

También tenemos que valorar la evolución y no sólo el resultado. Si sabemos las notas de los exámenes de todo el trimestre, podemos ver si la media se ha visto perjudicada por las primeras pruebas. Esto indica una progresión positiva, aunque sea dentro del suspenso, y también es bueno valorarlo. No nos debemos quedar sólo con que se ha suspendido, incluso pasar de un 2 a un 3 se puede valorar como un progreso, porque se están acercando al aprobado.

Debemos entender, y también ayudar a que nuestros hijos lo consideren así, que un examen es una herramienta que nos permite tener más información sobre nuestro proceso de aprendizaje: dónde tenemos dificultades y dónde no. No se trata sólo de no haber respondido bien, si no de porqué no hemos respondido bien. Puede ser que no hayamos entendido el tema, que no hayamos entendido la pregunta, que no hayamos estudiado suficiente, que nos hayamos puesto nerviosos y nos hayamos quedado en blanco, que haya una dificultad de aprendizaje no detectada… Cada una de estas problemáticas tiene una solución diferente, no se trata sólo de estudiar más o de hacer más ejercicios. Aprender de los errores es una buena enseñanza para todos los aspectos de la vida.

La motivación también juega su papel. Existen muchos tipos de motivación. Todos funcionamos con una combinación de ellas, pero los niños están más acostumbrados a la motivación extrínseca, positiva (“tendrás un premio”) o negativa (“tendrás un castigo”). Una de nuestras funciones como padres es enseñarles a depender menos de la motivación extrínseca (la que viene de los demás) y aprender a funcionar gracias a la motivación intrínseca (la que proviene del propio deseo de mejorar y autorealizarse). Así, podemos hacerles razonar sobre los resultados, cómo se sienten con ellos, qué podrían haber hecho para sentirse mejor…

También podemos ayudarles con sus expectativas de autoeficacia. Cuando nos marcamos un objetivo o reto muy difícil, es poco probable que lo consigamos, haciendo que nos consideremos menos competentes. Cuando el objetivo o reto es demasiado fácil, no nos motivaremos lo suficiente como para esforzarnos. Si han suspendido siete, quizá pretender recuperarlas todas al siguiente trimestre no sea realista. Por ejemplo, un buen objetivo puede ser dedicar quince minutos diarios más al estudio, y que independientemente de si se aprueban o se suspenden las asignaturas, intenten quedarse más cerca del aprobado. En el siguiente trimestre, y en función del resultado de las primeras pruebas, se pueden buscar nuevas estrategias hasta dar con aquellas que funcionen.

Finalmente, recordad que además de las asignaturas suspendidas, hay otras que se han aprobado, donde se ha trabajado bien o ha habido otras circunstancias que han permitido aprobar. Debemos valorarlas, así como buscar qué ha funcionado en estas asignaturas que en las suspendidas no.

Hay muchas estrategias que pueden ayudarles, sean cuales sean sus dificultades. Desde el castigo, los gritos, los calificativos, las etiquetas… no vamos a propiciar un cambio real, duradero y sobre todo motivador en nuestros hijos.

Si creéis que tras las dificultades de vuestros hijos puede haber algo más que una mala estrategia, no dudéis en buscar el asesoramiento de un profesional. Podéis encontrarnos en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, y por correo electrónico a rbpsicolegs@gmail.com.

¿Para qué ir al psicólogo?

Imagen: garagemdinamica.com.br

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Muchas personas, especialmente los nacidos antes de los 70, piensan que un psicólogo trata a los “locos”. Es verdad que se suele esperar a tener un malestar muy grande antes de acudir a consulta. Con los niños y sus problemas de aprendizaje y emocionales no se suele ser tan reacio, pero para muchos adultos, parejas y familias es una especie de último recurso ante una situación desesperada. Entendemos que por la situación de crisis y el coste del tratamiento no seamos la primera opción, pero realizamos muchas funciones de asesoramiento, acompañamiento y entrenamiento que, enfocadas de modo preventivo, evitarían llegar a situaciones mucho más difíciles de encaminar posteriormente. Un  buen profesional en tu camino te ayudará a evitar sufrimientos y a sacar lo mejor de ti en cada situación.

Un psicólogo es un mediador en muchas circunstancias de nuestra vida. La capacidad de comunicarnos la poseemos todos, pero la de comunicarnos bien no, y a la larga puede entorpecer y estropear muchas de tus relaciones personales y profesionales. Con algunas estrategias podrás evitar multitud de conflictos que te pongan en una situación delicada en tu vida familiar, social y/o profesional. Además, una visión objetiva e imparcial puede aportarte alternativas que no te habías planteado a la hora de encontrar soluciones a los conflictos.

Los cambios vitales, incluso los más positivos, pueden acarrear un estrés importante y dificultades de adaptación. En estos casos, realizamos una función de acompañamiento apoyando, resolviendo dudas y facilitando el cambio de rol que se te plantea. Cuando te casas, cuando te planteas tener un hijo, cuando ese bebé se resiste a venir, cuando te mudas, cuando te cambias de trabajo, cuando te jubilas… son circunstancias especiales que disparan emociones a veces inesperadas que podemos ayudar a canalizar.

También podemos ayudar en la superación personal y profesional, encontrando tus fortalezas, reduciendo tus debilidades y superando las limitaciones que te empequeñecen el horizonte. Orientamos en la planificación de objetivos y en la manera de conseguirlos, para dar un poco más de empuje a quienes se plantean nuevas metas.

En definitiva, el día a día nos depara multitud de retos grandes y pequeños que debemos superar. Si disponemos de las herramientas necesarias para lidiar con ellos, o al menos para ser capaces de mantener el equilibrio ante las circunstancias, no nos llegaremos a derrumbar. Siempre es mucho más sencillo arreglar una grieta que construir de nuevo el edificio.

¿Qué es la psicoterapia?

Foto de Athanasia Nomikou

Parece una pregunta con una respuesta bastante obvia: es el tratamiento que hacen los psicólogos para curar los trastornos mentales. Esto es así, pero nos gustaría aportar algo más de información sobre el tema. Al fin y al cabo, en nuestro país sigue habiendo un cierto recelo hacia las personas que acuden al psicólogo.

La psicoterapia es también un proceso para ayudar a las personas que tienen algún problema y que no son capaces de resolver. No se trata de que el psicólogo resuelva el problema, sino de que proporcione las herramientas de las que el cliente carece, para que mejore su calidad de vida.

Es por ello por lo que siempre hemos pensado que todos necesitamos un psicólogo. No hace falta llegar al punto de no poderse levantar de la cama. Basta con que se tengan dificultades para comunicarse con la pareja, con que cueste relacionarse de forma relajada con los hijos o que se tenga estrés en el trabajo.

Evidentemente, cuando aparece un trastorno mental de cierta envergadura, la psicoterapia (y probablemente el tratamiento farmacológico prescrito por un psiquiatra) se vuelven imprescindibles. Pero, en muchos casos, se llega al trastorno después de un tiempo teniendo un problema mucho más simple de resolver: poca asertividad, baja autoestima, algo de ansiedad, miedos, dificultad para tomar decisiones, timidez… Es una lástima tener que llegar a sentirse realmente mal en lugar de acudir al psicólogo para que nos ayude a mantener la salud mental.

Básicamente, la psicoterapia consiste en marcar unos objetivos entre el terapeuta y el cliente bastante claros, que ayudarán a que el cliente deje de padecer por la situación en la que se encuentra. A partir de estos objetivos, se marcará una línea de trabajo para conseguirlos en un tiempo aproximado, y el psicólogo dará al cliente una serie de tareas a realizar entre sesión y sesión, se hablará de las dificultades, de los mecanismos que producen malestar en el cliente, se pueden hacer diferentes actividades dirigidas durante la sesión… Todo esto depende del tipo de terapia que realice el terapeuta y también de las necesidades específicas del cliente. Y es que no hay una fórmula mágica para cada necesidad, sino que cada terapia es específica para cada cliente, y se irá adaptando en la medida en que el cliente avance en su tratamiento.

Algo que solemos encontrarnos los psicólogos es que los clientes no realizan las tareas asignadas (diarios, registro de determinados datos, cartas, ejercicios ante el espejo…). Muchos piensan que la psicoterapia es sólo de tipo psicoanalista (te estiras en un diván y empiezas a hablar de lo que se te ocurre), cuando en realidad hay muchos tipos de terapia, y la mayoría requieren un papel activo del cliente. Es por ello que decimos “cliente” en lugar de “paciente”: “paciente” parece implicar que sólo se va a la consulta y el terapeuta arregla el problema, mientras que un cliente tiene un rol con mayor implicación, tiene que participar en su tratamiento ya que el terapeuta le va a orientar y acompañar, pero es él quien debe realizar los cambios en su vida (o la terapia no será efectiva). Puede que a veces las actividades que se propongan parezcan extrañas o absurdas, pero tienen un propósito, que es hacernos cuestionar la manera en que hacemos las cosas normalmente, y proponernos un punto de vista diferente. Hay que estar dispuesto a hacer lo que nos pida el terapeuta, ya que se trata de un entorno donde no se nos va a juzgar.

Una de las principales características que definen a un buen psicólogo es la capacidad de aceptar a sus clientes incondicionalmente. Esto quiere decir que entendemos que cada uno actúa de una manera determinada por unas circunstancias particulares, dado que todos somos diferentes. Así, no juzgamos, simplemente constatamos la necesidad de cambiar ciertos patrones para que no perpetúen el problema. Lo demás, siempre y cuando no sea un delito, no importa.

Como ya hemos dicho, existen diferentes líneas de terapia: conductual, cognitiva (a menudo van unidas y se le llama cognitivo-conductual), psicoanalítica, humanista-experiencial… A su vez, estas líneas incluyen diversos tipos, con lo cual el número de terapias existentes es muy amplio (en futuros posts explicaremos las más utilizadas). Hay terapeutas más fieles a un tipo particular de terapia, y otros que prefieren utilizar técnicas extraídas de diferentes terapias. No hay una opción mejor que otra, lo importante es que se trate de un buen profesional que conozca bien las técnicas y las sepa aplicar en la situación indicada, ya que el objetivo es que el cliente reciba el mejor tratamiento posible.