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¿Se puede hacer terapia online?

Cada vez es más habitual realizar muchas actividades que tradicionalmente hacíamos en persona desde la comodidad de nuestro domicilio: comprar, estudiar, conocer a otras personas… De igual forma, existe la posibilidad de realizar terapia a distancia, bien sea videoconferencia, por teléfono, correo electrónico…

¿Son efectivas estas terapias a distancia? La respuesta es sí, pero con matices. Por un lado, hay que considerar el medio: aquellos que nos permiten vernos son más efectivos que aquellos en los que sólo nos oímos o nos escribimos. Hay una buena parte de comunicación que es no verbal, y es una buena fuente de información para el terapeuta, además de ayudar a transmitir el mensaje y evitar malos entendidos. Además, la relación terapéutica se establece mejor con alguien a quien puedes poner un rostro.

Por otro lado, depende también del tipo de problema: hay trastornos graves que se tratan mejor en persona, o que por el tipo de tratamiento que se requiere es necesario estar en persona, como podrían ser las fobias. Además, el propio hecho de desplazarse a la consulta ayuda al tratamiento (por ejemplo, en la depresión el arreglarse y hacer el esfuerzo de salir).

No obstante, hay circunstancias en que la terapia online puede ser la única opción, como el vivir en una zona aislada o en un país donde no se conoce el idioma, y encontrar un psicólogo que nos atienda se nos hace muy difícil. Otras veces se puede combinar, si por motivos de trabajo o salud no podemos desplazarnos hasta la consulta (y el psicólogo no ofrece la opción de visitar a domicilio). También el precio puede ser una variable a considerar, pues las sesiones online acostumbran a tener un precio más económico que las presenciales.

En RB Psicòlegs ofrecemos terapia online y a domicilio para adaptarnos a las circunstancias de las personas que nos consultan. El precio de una sesión de una hora de terapia individual online es de 35€, lo que hace nuestro servicio mucho más asequible, además de la comodidad y la discreción que ofrece este tipo de terapia. También nos desplazamos a domicilio, en un área de unos 20 kms alrededor de Terrassa, sin coste adicional (eso sí, no aplicamos los descuentos que realizamos en Terrassa).

En nuestra experiencia, la terapia online se ha mostrado como una opción muy eficaz, que ahorra tiempo y dinero, y con unas características muy similares a la atención presencial. Si deseas más información, no dudes en consultarnos en nuestra dirección de correo electrónico rbpsicolegs@gmail.com, o en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24.

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El coaching

Imagen: cafelogos.wordpress.com

Imagen: Cafelogos.wordpress.com

En los últimos tiempos ha aparecido la figura del coach en multitud de contextos, convirtiéndose en un término bastante popular. A pesar de todo, queremos explicar un poquito en qué consiste.

Coaching deriva del término inglés coach, que significa entrenar. El coach (entrenador) prepara al coachee (pupilo) para que mejore su rendimiento en aquellas áreas que éste último haya solicitado y pueda sacar más partido a su potencial. No hay una formación específica para ser coach, pero generalmente se trata de un profesional (no necesariamente un psicólogo) experto en el área específica (empresarial, educativa, deportiva…) que ha realizado algún curso de los que se ofertan para trabajar como coach.

Así pues, un coach trabaja con personas que no tienen ningún trastorno, pero que necesitan ayuda con algún objetivo personal o profesional, como dejar de fumar, adelgazar, gestionar mejor su día a día, conseguir un empleo mejor… El coach puede aportar tanto sus conocimientos y experiencia en el área concreta (como pueden ser los perfiles profesionales que buscan las empresas, prepararle para la entrevista de trabajo…), como conocimientos sobre crecimiento personal (motivación, autoestima, hablar en público…), así como una visión objetiva del coachee, de forma que pueda valorar la meta propuesta y crear una planificación realista para conseguirla.

Muchas veces no sacamos el rendimiento suficiente a nuestras cualidades porque no sabemos que las poseemos, y no pulimos algunos errores porque no somos conscientes de ellos. Otras veces nos estancamos en situaciones que no nos hacen felices porque no sabemos por donde empezar a cambiar. También hay objetivos que se nos resisten porque no sabemos gestionar correctamente nuestro tiempo y/o nuestros recursos. El coaching puede ser una inversión de tiempo y dinero muy beneficiosa en nuestra vida personal y profesional.

Horóscopo para 2013

Imagen: Wikimedia Commons

Imagen: Wikimedia Commons

Aquí tienes tu predicción para 2013:

Este nuevo año se presenta con algunos altibajos. Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo, así que a veces te sentirás un poco bajo, pero no durará mucho ya que, aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado, inténtalo. Disciplinado y controlado hacia el exterior, tiendes a estar preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas, procura reafirmarte. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad, y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones, así que no te limites a ti mismo. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado, así que las relaciones sociales pueden presentar algunas complicaciones. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser algo irreales, procura tener los pies en la tierra.

sincero: si tuvieras que poner una puntuación a lo identificado/a que te has sentido leyendo el texto, ¿cuál sería? De 0 a 5, ¿estaríamos hablando de un 3 o un 4, quizá? Pero claro, el texto es el mismo para todo el mundo, seas Tauro, Libra o Sagitario, ¿cómo puede ser un horóscopo para 2013? ¿Dónde está el truco?

Este texto es una adaptación del que entregó el psicólogo Bertram R. Forer en 1948 a sus estudiantes, como resultado a un test de personalidad que habían pasado anteriormente. Les pidió que puntuaran de 0 a 5 la precisión del resultado, según se sintieran nada o muy identificados, sin explicarles que todos habían recibido exactamente el mismo texto. Lo curioso es que la puntuación media fue 4’26, ¿tanto se parecían entre ellos?

Evidentemente no, y el experimento muestra lo que posteriormente se ha conocido como efecto Forer, efecto Barnum o falacia de validación personal, y que consiste en aceptar como válida una descripción vaga e imprecisa de su personalidad, creyendo que se hace de forma específica para ellos. Estudios posteriores han demostrado que la aceptación es mayor si el individuo cree que el análisis es personalizado (no por su signo zodiacal, por ejemplo, sino para él específicamente), si quien le ha evaluado es una persona con autoridad en el tema, y si las características que describe son mayoritariamente positivas.

Si os fijáis, el texto está plagado de “a veces”, “algunas”, antónimos (controlado/preocupado, extrovertido/introvertido)… haciéndolo aplicable casi a cualquiera, ya que contiene características, dudas y esperanzas universales, matizadas con suficiente imprecisión como para que todos nos podamos sentir identificados. Así, astrólogos, tarotistas y futurólogos varios elaboran perfiles y predicciones “infalibles” con características similares a las del texto de Forer. Y añadiendo otras técnicas como la “lectura en frío (interpretación del lenguaje corporal, principalmente, para obtener información del interlocutor)” o el truco del arcoiris (eventos que han sucedido casi con total certeza a todos en alguna ocasión, como un desengaño amoroso, una discusión con un amigo o la pérdida de un ser querido, “eres buena persona, pero cuando te traicionan te sientes muy dolido y hasta sientes mucha rabia”), personas con pocos escrúpulos pueden sacar provecho de quienes atraviesan por un mal momento.

El lenguaje corporal

Foto: Peter Hapak

Cuando nos relacionamos con los demás, nos comunicamos tanto con lo que decimos como con lo que mostramos a través de nuestro lenguaje corporal. Cuando estamos relajados, a gusto con la compañía y expresando sinceramente lo que sentimos, nuestras palabras se corresponden con nuestro tono de voz,  la expresión de nuestro rostro, la postura de nuestro cuerpo, nuestros gestos y  movimientos. Pero cuando hay una disincronía por el motivo que sea (timidez, nerviosismo, al mentir…), nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos pueden ser delatados con pasmosa facilidad por nuestro cuerpo.

Cuando queremos ocultar algo, solemos prestar atención sobretodo a nuestra cara, porque es donde la verdad se refleja más claramente. No se nos ocurrirá adular a alguien que nos resulta antipático diciéndole “¡qué bien te sienta el corte de pelo!” poniendo cara de asco (o sí, si queremos ser sarcásticos). Es relativamente fácil cambiar nuestra expresión facial: es donde podemos ejercer mejor control de los movimientos, aunque haya muchas microexpresiones que puedan revelar cómo nos sentimos. Las microexpresiones son pequeños movimientos de los músculos alrededor de los ojos y la boca que suelen traicionar la expresión facial que queremos mostrar.

Podríamos pensar que los movimientos corporales no son tan importantes, pero también dan mucha información. Por ejemplo, se realizó un estudio con varias personas, que llevaban una docena de luces diminutas en partes clave del cuerpo, lo que permitía distinguir su postura y movimientos a pesar de estar en una habitación completamente a oscuras. El estudio mostró que los observadores fueron capaces de distinguir si eran hombres o mujeres, incluso la identidad de sus conocidos, sólo por la forma de caminar. También lo probaron con actores, pidiéndoles que se movieran mostrando emociones básicas, y nuevamente los observadores no tuvieron ningún problema en identificarlas.

Ser conscientes de los gestos que nos delatan nos puede resultar útil en multitud de situaciones. Por ejemplo, si queremos ocultar nuestro nerviosismo y parecer seguros de nosotros mismos en una entrevista de trabajo, es importante que nuestra sonrisa se extienda hasta nuestros ojos, que nuestros hombros estén hacia atrás y nuestra espalda recta (una buena postura es también importante para nuestra salud en general), el cuerpo ligeramente inclinado hacia nuestro interlocutor para mostrar interés, las manos reposando juntas pero no cruzadas (así evitaremos un exceso de gesticulación si estamos muy nerviosos) y mejor aún situadas en nuestro regazo, y controlar los movimientos de nuestras piernas y pies cruzándolos a la altura de los tobillos.

La escucha activa

La escucha activa es una habilidad que consiste en asegurarse de que entendemos lo que nos explican, interactuando con el que habla pero manteniendo el foco de interés única y exclusivamente en el mensaje del otro. De esta manera, nos aseguramos de haber entendido perfectamente lo que el otro quiere decir, sin distraernos pensando en lo que vamos a aportar nosotros al diálogo. También le animaremos a hablar, a través de nuestro lenguaje corporal y con algunas técnicas, de forma que podamos fomentar o recuperar la comunicación con nuestra pareja, hijos adolescentes…

A continuación ofrecemos las pautas a seguir para poner en práctica la escucha activa:

  1. Cuando alguien quiera hablar con nosotros, dejaremos lo que estemos haciendo y centraremos toda nuestra atención en él. Por ejemplo, si estábamos leyendo un libro, lo cerraremos y lo dejaremos a un lado, nos giraremos para poner todo nuestro cuerpo orientado hacia el otro, en una posición relajada, y le miraremos a los ojos. Con esto, también prestaremos atención al lenguaje corporal del otro, por si podemos entrever que hay algo más que lo que nos están contando (esto es especialmente útil en el caso de los niños, que pueden estar contándonos una cosa sin saber exactamente cómo se sienten, y necesitan que tiremos del hilo).
  2. Haremos gestos de asentimiento y expresaremos que vamos siguiendo la conversación, sin interrumpir mientras se nos expone un argumento. Asentiremos o negaremos con la cabeza, sonreiremos o nos sorprenderemos, diremos “sí”, “no”, “ajá”, “claro”, “entiendo”, ¿y entonces?”… según lo requiera la conversación.
  3. Nos aseguraremos de haber entendido lo que nos han dicho de diversas formas, por ejemplo, repitiendo la frase tal cual de forma interrogativa (¿Pablo te dijo que no sabías jugar a fútbol?), parafraseándola (¿Pablo te gritó que eras un mal jugador?) o reformulándola poniéndola en nuestras propias palabras (¿Entonces Pablo se había enfadado porque fallaste el pase?). Todas estas técnicas animan al otro a dar más detalles o a explicar otras historias relacionadas (es que Pablo siempre me está diciendo esas cosas, que no sé jugar, que siempre suspendo…), de forma que podemos ir llegando al fondo de la cuestión, a pensamientos y sentimientos que el otro no sabe o se atreve a explicar.
  4. Pasaremos lo que nos ha dicho a un lenguaje de sentimientos, bien reflejando simplemente lo que nos ha contado (“pareces muy preocupado por esto”) o “traduciéndolo” a sentimientos concretos (“debes sentirte frustrado con esta situación”). Utilizaremos también el silencio, dando tiempo a que el otro ordene sus pensamientos. No debemos presionarle a hablar, los silencios deben ser cómodos.
  5. Preguntaremos por lo que piensan hacer para solucionar el problema en lugar de aconsejar o dar nuestra opinión (“¿has pensado qué hacer?” en vez de “¡pues no vuelvas a quedar con él!” o “¡vaya un amigo, nunca me ha caído bien!”).
  6. Si vemos a nuestro interlocutor muy bloqueado o empeñado en hacer algo que nos parece mala solución, sí podemos sugerir alguna acción (“¿Qué crees que pasaría si le llamaras?”) o recordarle situaciones similares (“¿te acuerdas de aquella vez que te peleaste con Laura?”).
  7. Expresar lo que la conversación ha significado para nosotros, validando que haya supuesto un esfuerzo para el otro (“me alegro de que me lo hayas contado”, “es un tema difícil, has sido muy valiente al compartirlo”).

Como muchas de las estrategias que proponemos, puede parece forzado o manipulador al principio, pero a medida que lo practicamos nos va resultando más natural, y los resultados son positivos, especialmente cuando la comunicación está algo dañada y la otra persona no está demasiado comunicativa, o cuando empezamos bien pero luego terminamos en una confrontación. Es importante entender el punto de vista del otro, así que no debemos asumir que ya sabemos de qué nos habla porque es un tema que también nos atañe.