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Cómo sacar mejores notas: organización

Imagen: rd.com

Siguiendo con las recomendaciones para estudiar mejor, hoy nos vamos a centrar en la organización:

Lo que mejor funciona es tener un horario fijo de estudio. A veces nuestro horario por las tardes es complicado por las actividades extraescolares. Con una buena organización puedes adelantar deberes, lecturas y actividades los fines de semana, de forma que no tengas que hacer horarios extremos.

Estudiar no es sinónimo de “empollar”, sino que implica lectura y organización de apuntes, aplicación de técnicas de estudio (realización de esquemas, mapas conceptuales…), realización de ejercicios, simulacros de examen… Por tanto, necesitaremos 2 o 3 horas diarias, casi todos los días de la semana (esto es orientativo, todos somos diferentes y necesitamos una dedicación diferente, tú decides el tiempo que necesitas).

Nuestra capacidad de atención y concentración no puede mantenerse durante períodos largos. Lo ideal es estudiar unos 45-50 minutos, y descansar 10-15. En ese tiempo de descanso, podemos hacer lo que nos apetezca (ver la tele, llamar a alguien, echar una partida…), pero recomendamos usar una parte al menos para el autocuidado (hidratarse, comer algo sano, hacer unos estiramientos…).

Ten cuidado con los “robatiempos”. A veces, aunque nos hayamos programado 3 horas de estudio y efectivamente las hayamos pasado en la habitación, hemos dedicado la mayoría a mirar el móvil, internet… Asegúrate de que ese tiempo está bien aprovechado, no te engañes a ti mismo. Sácate de encima aquellas cosas que te ocupen el pensamiento: si te apetece hablar con una amiga, quieres mirar unas entradas o necesitas comprar unos zapatos, hazlo lo antes posible y no sigas dándole vueltas.

Proponte tareas concretas y ordenadas por prioridad. En lugar de decir que vas a dedicar la tarde a “estudiar”, decide qué temas y qué asignaturas son más importantes o más urgentes, y dedícales el tiempo necesario hasta terminar lo que te has propuesto.

Cuidado con la autoexigencia, no te programes más de lo que puedas hacer, ajusta las programaciones si lo crees necesario, si no te encuentras bien no te fuerces… Con una buena planificación y organización, tienes tiempo de sobras para adaptarte a las dificultades que surjan.

Olvídate de las “empolladas” de última hora. Aprenderás mejor y memorizarás durante mucho más tiempo si estudias desde el principio del trimestre (y del curso, claro, aunque ya no podamos volver atrás en el tiempo). Además, los nervios y la presión son grandes saboteadores de la memoria.

Busca actividades que te gusten, que te relajen, que te ayuden a sacar el estrés… y dedícales tiempo especialmente el fin de semana, que hay horas para casi todo.

Felicítate cada día que hayas cumplido con los objetivos que te habías propuesto. Puede que consideres que no has hecho nada extraordinario, pero siempre tenemos la opción de no hacer nada, así que cualquier cosa que hacemos supone un esfuerzo y nos merecemos un reconocimiento, aunque sea propio. También puedes planificar pequeñas recompensas cada cierto tiempo, por ejemplo una actividad un poco especial al final de cada mes si has trabajado bien.

Si necesitas más ayuda, llámanos a los teléfonos 629 97 33 24 / 622 26 60 40 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com y te informaremos sobre los servicios y actividades relacionados con el ámbito escolar.

Nueva actividad: taller de estimulación cognitiva para mayores

Imagen: actmentalhealth.com

Como explicamos en nuestra anterior entrada sobre el servicio de estimulación cognitiva para adultos, no sólo debemos ocuparnos de la parte física (alimentación, ejercicio…) sino también de la psicológica y social para disfrutar de un envejecimiento saludable.

En nuestro compromiso por ofrecer actividades para favorecer la salud y el bienestar en todas las etapas de la vida, presentamos el taller de estimulación cognitiva para adultos. Esta actividad incluye una evaluación inicial y ejercicios personalizados enfocados al mantenimiento y la mejora del lenguaje, la atención, el razonamiento, la memoria, la destreza…

La plasticidad cerebral (la capacidad de las neuronas para adaptarse y regenerarse mediante estimulación externa) está presente a lo largo de toda nuestra vida, permitiéndonos mantener y recuperar las funciones del cerebro que pueden perderse con la edad o por lesiones.

El taller consiste en una sesión semanal de una hora y media de duración en nuestra sede (Topete 35, despacho 9). También ofrecemos un servicio individual de estimulación cognitiva a domicilio, en caso de decantarse por una atención con un formato más personalizado.

 

Nuevo servicio: estimulación cognitiva para adultos

Imagen: jimdaly.focusonthefamily.com

Imagen: jimdaly.focusonthefamily.com

Cuando hablamos de envejecimiento saludable, pensamos en alimentación sana y actividad física, a fin de mantener el tono muscular, no engordar, seguir ágiles y flexibles… No obstante, a menudo descuidamos el aspecto neurológico y psicológico de las personas mayores.

Con el fin de mantener y estimular la capacidad cognitiva a medida que nos hacemos mayores, tengamos o no alguna complicación (demencia, Alzheimer), ofrecemos el servicio de estimulación cognitiva para adultos. Este servicio incluye una evaluación inicial, ejercicios personalizados, actividades entre sesiones y atención psicológica de todos los aspectos que conlleva ser un adulto mayor.

Gracias a ello, abarcamos diversas áreas del funcionamiento cognitivo (lenguaje, atención, razonamiento, praxis, memoria…), así como los aspectos emocionales y sociales, dotando de mayor calidad de vida a nuestros mayores.

El servicio estándar consiste en una sesión semanal de una hora de duración a domicilio. También ofrecemos un taller grupal de estimulación cognitiva en nuestra sede (Topete 35, despacho 9), en caso de decantarse por una atención más económica.

Llámanos a los teléfonos 629 97 33 24 / 622 26 60 40, o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, e infórmate con más detalle.

¿Para qué sirven las emociones?

A pesar de lo mucho que hablamos sobre emociones a lo largo del día, de lo mucho que se utilizan conceptos como “inteligencia emocional”, cuando le preguntamos a alguien “¿para qué sirven las emociones?”, a menudo obtenemos silencio o un “no sé” como respuesta. Y no sólo sirven “para algo”, sino que tienen varias funciones distintas, y muy útiles además.

En primer lugar, nos sirven para activar diferentes sistemas de nuestro cuerpo (cerebrales- como el sensorial, el atencional o el motor-, el sistema respiratorio, el cardiovascular, el endocrino, el metabólico) como si se tratara de un interruptor: cuando sentimos miedo, por ejemplo, no pensamos “necesito preparar mi cuerpo para huir o protegerme así que mi corazón tiene que bombear más deprisa, mis músculos se tienen que poner en tensión…”. Simplemente reaccionamos a la emoción y nos preparamos.

Las emociones también nos ayudan a la hora de almacenar y recuperar aprendizajes y recuerdos, pues pueden hacer que memoricemos de forma más  o menos efectiva. Cuando estudiamos para un examen, si estamos nerviosos nos costará memorizar, mientras que si estamos contentos y relajados aprenderemos con mayor facilidad.

También son motivadoras y adaptativas, es decir, nos llevan a hacer lo necesario para cubrir nuestras necesidades de forma flexible. Por ejemplo, ante un peligro una persona podría huir si no se siente suficientemente capaz o si no tiene necesidad de enfrentarse, pero otra podría intentarlo. Nuestra capacidad de razonamiento se ve afectada, y cuando tomamos decisiones lo hacemos influidos por las emociones que van ligadas a cada opción.

Otra función importante es permitir entendernos y empatizar con otros: yo puedo no haber pasado por las mismas experiencias que otra persona o no sentir las mismas emociones, pero sí que entiendo si esa persona en esa situación me dice que ha pasado vergüenza o celos o desconfianza, porque son emociones que yo sí he sentido. Esta conexión emocional también nos permite asegurar la supervivencia biológica y social, puesto que me rodeo y procuro garantizar el bienestar de las personas que me rodean, especialmente de las que dependen de mí.

Así pues, aunque a veces asociemos las emociones con las consecuencias negativas de algunas de ellas (tristeza, rabia, frustración), son necesarias y beneficiosas para lo que hacemos y experimentamos en nuestro días a día.

Si necesitas ayuda con alguna dificultad a nivel emocional, puedes contactarnos en los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, o escribirnos a rbpsicolegs@gmail.com.

La terapia cognitivo-conductual

TCC

Los profesionales de RB Psicòlegs desarrollamos nuestros tratamientos apoyándonos principalmente (aunque no limitándonos) en el marco de la terapia cognitivo-conductual. Este término se aplica a las diferentes terapias enfocadas a modular las emociones problemáticas a través de diversas técnicas de modificación de pensamientos distorsionados (el nivel cognitivo) y de conductas maladaptativas (el nivel conductual).

Cuando un cliente acude a nosotros con un problema, actuamos por dos vías: la primera tiene que ver con todo lo que le afecta en cuanto a lo que percibe y cómo lo procesa (no apreciar nuestras características positivas, pensar que las cosas siempre nos salen mal, vernos peor de lo que somos cuando nos miramos al espejo, dificultades para fijar la atención…), y que le genera unos sentimientos lógicos y naturales, pero perjudiciales. Por ejemplo, si yo pienso que todo lo que hago me sale mal sentiré que no valgo para nada y estaré triste, desanimado, sin ganas de hacer nada… Es lógico que me sienta así, pero el problema está en que yo piense que todo lo que hago sale mal. Al cambiar ese pensamiento, cambiarán también mis emociones.

La segunda vía tiene que ver con lo que hace. Nuestras acciones pueden afectarnos de forma positiva o negativa: si por la mañana me levanto, me ducho y me visto, estaré más dispuesto a continuar activo que si me tumbo en pijama en el sofá. De la misma manera, si estudio de una forma organizada, constante, haciendo descansos para favorecer la concentración… estaré ayudando a mi capacidad de atención y a mi memoria, cosa que no hago si estudio el día de antes del examen pasando la noche en blanco y tomando litros de café. Así, mis conductas también afectan a mis capacidades, a mis pensamientos y a mis sentimientos.

Cambiar la manera de pensar y los hábitos no es nada sencillo, es un trabajo que requiere esfuerzo y constancia. Todos tenemos la capacidad de cambiar, pero a menudo no sabemos ni por dónde empezar, no somos conscientes de qué hacemos mal, nos falta fuerza de voluntad, de organización y planificación para conseguir ese cambio que necesitamos hacer… Es ahí donde la figura del psicólogo se vuelve imprescindible, como guía del proceso de cambio que nos llevará a un estado de bienestar y equilibrio.