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El uso del castigo

Imagen: ninosdeahora.tv

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Vaya por delante, como ya dijimos en un artículo previo, que es posible educar sin castigos. Os animamos a aprender diferentes estrategias de disciplina positiva, y educar a vuestros hijos con amor y respeto. No obstante, también hay que decir que nadie es perfecto, y por la razón que sea a veces se va a recurrir al castigo. No hay por qué flagelarse por ello, no es el fin del mundo, pero si se hace, al menos hay que intentar usarlo de la mejor manera posible.

El castigo es efectivo para la inhibición de una conducta problemática, no para favorecer la aparición y el mantenimiento de una conducta apropiada. Las conductas en las que sí sería más efectivo el castigo son gritar, pegar, decir palabrotas… Por lo tanto, debemos intentar evitar castigar en caso de querer que los niños hagan deberes, se preparen la mochila, se bañen solos…

¿Qué tipo de castigos podemos poner? Como hemos dicho, el castigo físico es ilegal, y además hay muy buenas razones para no dar el famoso “cachete a tiempo“. Pero hay castigos de tipo no físico que degradan, que humillan, que ridiculizan o asustan, y que son tan malos o peores que el físico. Gritar, insultar, amenazar con violencia, hacer afirmaciones del tipo “no haces nada bien nunca”, aislar al niño en una habitación, retirarle la palabra… entran en el terreno del maltrato psicológico.

Es preferible castigar con la retirada de privilegios (paga, tablet, ordenador…), dejarles sin hacer una actividad o salida o reducir el tiempo de esa misma actividad (siempre y cuando sea inmediata, no al cabo de varios días). ¿Durante cuánto tiempo? Poco, lo mejor es que sea un tiempo breve, dependiendo de la edad del niño: una hora, una tarde… Y además un solo privilegio o actividad cada vez. Si castigamos retirando todos los privilegios, el niño ya no tiene nada que perder y su conducta puede empeorar mientras dure el castigo.

Además, podemos dar la oportunidad de recuperar lo que se haya perdido si se corrige aquello por lo que fue castigado o, si ya no es posible, con una actividad que merezca una recompensa. Por ejemplo, les quitamos la paga por suspender un examen (si fue por no estudiar), pero si durante la semana estudian todos los días podemos devolverles parte de la paga por el esfuerzo y la buena disposición a que no se repita.

En resumen, en la educación de nuestros hijos debemos optar siempre por la disciplina positiva, porque no queremos que actuen para evitar el castigo (“no debo decir palabrotas delante de mis padres porque me castigan”) en lugar de interiorizar lo que es correcto (“una persona educada habla correctamente, sin palabrotas”). No obstante, si entramos en la vía del castigo, al menos hagámoslo de una manera lo más calmada posible (sin gritos ni amenazas) y dándoles la opción de aprender de su error y corregirlo, para que la experiencia sea lo más positiva posible. Y no confundamos disciplina positiva con permisividad, podemos establecer unos límites y normas claros y educar bien a nuestros hijos sin dejar de tener una relación de confianza, respeto mutuo y cariño.

Si necesitas introducir cambios o tienes dificultades a la hora de educar a tus hijos, no dudes en consultarnos. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 639 97 33 24 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, e infórmate sobre nuestros servicios.

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Estudiar en verano

Imagen: 8tracks.com

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Tener que estudiar en verano suele ser la pesadilla de los estudiantes. Todos necesitamos y merecemos unas vacaciones, pero cuando han quedado varias asignaturas que se han de recuperar en septiembre o el siguiente curso, o simplemente existe la necesidad de repasar para mantener el ritmo o el hábito de estudio, puede ser una lucha tanto para los alumnos como para los padres.

La planificación es importantísima. Debemos decidir qué, cuándo, cuánto, cómo y dónde. En función del objetivo que tengamos, haremos lo siguiente:

  • Dividiremos el trabajo en secciones y nos marcaremos un tiempo para cubrir cada sección. Cada día repasaremos lo estudiado el día anterior, y también debemos prever jornadas sólo de repaso. Por ejemplo, podemos estudiar un par de temas de lunes a jueves, y repasar los viernes. También programaremos jornadas extra para repasos más globales (un sábado de cada dos podría ser una posibilidad), así como unos días finales también para revisar aquello que aún nos cueste recordar.
  • Decidiremos la hora que nos resulte más fácil de compaginar con nuestro horario en verano. Recomendamos que sea por la mañana, ya que es el momento del día en que solemos estar más descansados, y además si comenzamos temprano podemos disfrutar de tiempo para ocio y descanso el resto del día.
  • Los descansos son imprescindibles, aunque intentaremos limitarlos a un máximo de 10 o 15 minutos por cada hora que dediquemos a estudiar. Evidentemente, no es lo mismo un niño de 9 años que un adolescente o un universitario, pero el rendimiento de todos ellos mejorará si se descansa cada 45 minutos aproximadamente. Es más productivo ser constantes que hacer grandes maratones de estudio de tanto en tanto.
  • Es importante utilizar técnicas de estudio (lectura rápida, lectura lenta, subrayado, resumen, esquemas, mapas conceptuales, fichas…). Nos ayudan a estructurar la información, a retener los datos, y nos facilitan el repaso posterior.
  • Debemos elegir un lugar tranquilo y sin distracciones. Si tenemos la casa muy llena, tendencia a la procrastinación o nos falta fuerza de voluntad para evitar mirar la tele o conectarnos a internet, podemos plantearnos estudiar fuera de casa, sea en la terraza, la biblioteca o buscar un compañero de estudio (aunque no estudie lo mismo que nosotros, pero nos animará estar acompañados y nos podemos ayudar mutuamente a repasar).
  • Podemos planificar también algunas recompensas si cumplimos nuestra programación, como ir a la piscina o la playa por la tarde, al cine el fin de semana, o darnos unos días de vacaciones al final del mes.
  • Si un día estamos cansados o nos sale un plan o simplemente no nos apetece, no pasa nada. No debemos sentirnos culpables ni pensar que somos irresponsables ni nada semejante. El verano es muy largo, y si hemos hecho una buena planificación, seguro que nos queda tiempo más que suficiente donde reubicar esas pocas horas.

Estamos seguros de que siguiendo estas pautas los resultados serán muy positivos. ¡Mucho ánimo, y a disfrutar del verano!