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Cómo sacar mejores notas: planificación

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Estamos en ese momento en el que la mayoría ha terminado los exámenes, han empezado con la materia del tercer trimestre pero aún no ha recibido las notas del segundo. Para ayudaros a empezar este último trimestre con buen pie y que vuestros esfuerzos se traduzcan en un mejor rendimiento, os daremos una serie de recomendaciones estructuradas en torno a distintos ejes: planificación, organización, toma de apuntes, técnicas de estudio, cuidados y rutinas…

En esta primera entrada nos centraremos en la planificación:

¿Cuánto tiempo efectivo tienes de estudio? Para poder aprovechar bien el tiempo, lo primero que necesitas saber es de cuánto dispones. Debes restar el tiempo que te llevan las actividades extraescolares, los desplazamientos… Así podrás luego distribuir esas horas entre las diferentes materias.

Hazte un horario. Debes ser realista con tus rutinas y no poner que te quedarás hasta las 2 de la mañana o que los fines de semana te levantarás a las 6 si sabes que necesitas tus 8 horas de sueño, o que los domingos siempre vais a comer a casa de los abuelos. Planifica tiempo para salir, para relajarte, para hacer deporte…

Dedica tiempo diario (o casi) al estudio. Cuando dormimos, fijamos mejor la información en nuestra memoria. Por tanto, es más efectivo estudiar 1h diaria de lunes a viernes que 5h una tarde. Además es menos pesado y descubriremos antes si tenemos dudas o dificultades, de forma que podamos resolverlas o buscar a alguien que nos eche un cable.

Dependiendo de a quién le preguntes, te recomendará empezar por las asignaturas que te resultan más difíciles o que te motivan menos (al principio de la sesión de estudio tienes más energía, de forma que si empiezas con lo más difícil te costará menos concentrarte y esforzarte), mientras que otros te dirán que empieces por lo más fácil o lo que más te motiva (te quitarás tareas pendientes de encima con facilidad y puede animarte). ¿Qué te funciona mejor a ti? Si no lo sabes, prueba ambas y decide en función de tu propio criterio.

Planifica tiempo de sobras para terminar la tarea que te has propuesto. Si una tarde tienes sólo media hora, no te pongas un tema muy difícil y opta por repasar o hacer un par de ejercicios. No dejes temas a medias.

Deja tiempo para imprevistos. Puede que te pongas enfermo unos días, que hagáis muy buena temporada y juguéis el ascenso, o que te toquen unas entradas para el cine. Una buena planificación permite cierta flexibilidad, de forma que puedas adaptarte a lo que la vida tenga a bien depararte en estos meses. Eso sí, no busques excusas los días que no haya pasado nada extraordinario. Recuerda que también has planificado tiempo de ocio, si toca estudiar ¡adelante!

Si crees que necesitas ayuda con algunos de estos pasos, o deseas mejorar tus técnicas de estudio, llámanos a los teléfonos 629 97 33 24 / 622 26 60 40 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, y te informaremos sobre nuestros servicios.

¿Cómo nos afecta el cambio de hora?

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En la madrugada del próximo sábado, a las X serán las X. Si no te lo han enviado o lo has leído en alguna red social, las televisiones se encargan de recordárnoslo cada primavera y cada otoño.

Pero ¿por qué hablar del cambio de hora en una página sobre psicología y salud? Porque aunque sea sólo una hora, podemos notar sus efectos, especialmente el de la primavera, que nos “roba” una hora de sueño. El cambio de hora tiene efectos similares a los del “jet lag”, aunque en formato reducido: seguimos físicamente en el horario del día anterior, pero nuestra agenda (y por tanto nuestras horas de levantarnos, de comidas, de ir a dormir…) es la del día actual. Es un pequeño ajuste en nuestros ritmos circadianos (ciclos de funcionamiento de nuestro organismo, correspondientes a las horas de luz y de oscuridad). No debemos olvidar también el cambio en las horas de luz, dado que por los horarios de trabajo o escolares muchos pasamos la mayor parte de horas del día en entornos con luz artificial, y los cambios de hora afectan bruscamente a la luz solar que podemos recibir fuera de estos horarios.

Aunque sea poco tiempo, algunas personas pueden tener problemas, especialmente si padecen alguna otra dolencia o trastorno. Niños pequeños y adultos mayores son especialmente sensibles también a estos cambios. Todos ellos pueden tener dificultades para ajustar su horario de sueño, ocasionándoles problemas para dormir. También puede verse afectado su estado anímico, su apetito… Todo esto puede resultar en cansancio, falta de energía para hacer las tareas, dificultad para concentrarse, aturdimiento, somnolencia, cefaleas, irritabilidad…

Aunque normalmente los efectos del cambio de hora remiten espontáneamente al cabo de tres o cuatro días, podemos ayudar a reducir el impacto realizando una sencilla preparación previa: ajustar progresivamente nuestro horario los días anteriores, tanto de sueño como de comidas (adelantar o retrasar 10-15 minutos cada día), evitar dormir la siesta o consumir estimulantes para compensar el déficit, mantenerse bien hidratados y realizar alguna actividad física.

Si te notas decaído y/o te falta energía durante más de unos pocos días, recuerda que en los cambios de estación se da también lo que llamamos astenia. Si el malestar se prolonga más allá de un par de semanas, podría tratarse de otro problema. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24 o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com y te informaremos.

Conoce nuestra Aula de Estudio

A partir del próximo lunes 17 de noviembre, estaremos todos los lunes y miércoles (también viernes si nos lo solicitáis) de 18:15 a 19:15 en el espacio “Aula de estudio”, en nuestra sede de la Avenida Barcelona, 224.

Allí te ayudaremos a hacer los deberes y a estudiar, pero también a utilizar bien la agenda, a organizar tu espacio en casa, a planificar tu hábito de trabajo y la preparación de los exámenes… Nuestro equipo está formado por psicólogos y psicopedagogos especializados en Necesidades Educativas Específicas, de forma que sabemos dar respuesta a cualquier dificultad de aprendizaje.

¡Llámanos para informarte, te esperamos!

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¿Es posible educar sin castigos?

Imagen: canalextremadura.es

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Aunque no lo parezca, la respuesta es que sí es posible educar sin castigos, y además los resultados suelen ser mucho mejores que recurriendo repetidamente al castigo. No hablamos sólo de castigo físico, con el que estamos en absoluto desacuerdo y que además está prohibido por ley en España desde 2007, sino de otros como el rincón de pensar, el dejar sin postre, etc.

Solemos asociar la falta de castigos con ser unos padres permisivos, cuando no tiene nada que ver. Los límites y las normas son buenos y necesarios para los hijos, pero la forma de hacerlos respetar no tiene porqué implicar el aplicar castigos.

Lo primero que tenemos que hacer es tener claro cuáles son los límites y normas que se han de respetar en nuestra casa, y que sean realistas y aplicables en nuestra situación personal y familiar. Lo que funciona en una familia puede que no funcione en otra, dado que cada una es diferente y única. Sobretodo cabe preguntarse porqué decidimos unas normas y no otras, y si nuestros hijos tienen la capacidad de comprenderlas y seguirlas. En caso de que no sea así, debemos pensar qué podemos hacer para que nuestras normas sean más fáciles de cumplir. Por ejemplo, si tenemos hijos muy pequeños y una vitrina con una cristalería preciosa, las posibilidades de que nuestros hijos abran la vitrina y rompan algo son muy grandes. ¿Van a ser capaces de reprimir la curiosidad por abrir la vitrina a base de castigos? Es mucho más sencillo buscar un sistema que bloquee la apertura, o guardar la cristalería en el trastero hasta que los niños crezcan, que pasarse el tiempo castigándoles o riñéndoles. Por lo tanto, la anticipación es vital si queremos reducir la necesidad de disciplinar a los pequeños por lo que aún no pueden controlar.

De la misma forma, hay que “escoger las batallas“. Tenemos que ser capaces de desarrollar un margen de tolerancia a ciertos comportamientos, cuando éstos no pongan en peligro al niño ni hagan daño a terceros. De nuevo, tenemos que ser realistas: los niños gritan, corren, desordenan, se ensucian… Son niños, y a ciertas edades su capacidad para controlar sus impulsos es inexistente o muy baja. En estos casos, lo mejor es dar un buen ejemplo a imitar: no gritando, siendo ordenados y acompañándoles para que empiecen a recoger, enseñarles a limpiar lo que han ensuciado… Nos centraremos primero en aquello que nos parezca más necesario, más importante o más fácil de controlar para nuestro hijo, y lo demás trataremos de ignorarlo hasta que llegue el momento adecuado para corregirlo o se corrija solo (por ejemplo, el niño que se ensucia comiendo llegará un momento en el que tenga suficiente destreza como para no mancharse). El estar riñendo o amenazando constantemente nos convierte en una especie de ruido de fondo, del que los niños acaban por desconectar, y que hace menos efectivas las veces que sí es importante que nos dirijamos a ellos.

No podemos olvidar tampoco el apego, la conexión emocional que establecemos con nuestros hijos. Si pasamos tiempo en positivo con ellos, jugando, leyendo cuentos, cantando, explicándonos cosas, dándonos besos y abrazos… estarán mucho más pendientes de nosotros, de nuestro estado de ánimo, y se esforzarán mucho más por tenernos contentos y hacernos caso. No se trata de hacer chantaje emocional (“si no haces esto dejaré de quererte”), sino que no hace falta decir nada: los niños están muy pendientes de nosotros todo el día, de la expresión de nuestra cara y del tono de nuestra voz. Si la conexión con ellos es fuerte, serán más receptivos a nuestras señales, e intentarán que estemos contentos.

Las alternativas para lidiar con las conductas problemáticas son el modelado (que nos lo vean hacer a nosotros), la aplicación de consecuencias naturales (por ejemplo, si no se visten a tiempo no irán al cumpleaños), el refuerzo positivo (alabar todo comportamiento que queramos que repitan), la extinción (ignorar la mala conducta)… Hay muchas, y el ser capaces de aplicarlas correctamente y de forma efectiva requiere paciencia, constancia, planificación, anticipación, sentido común… No resulta nada fácil, pero a la larga nos reporta grandes beneficios a muchos niveles (una buena autoestima y regulación emocional de nuestros hijos, una relación sana y abierta con ellos, un buen clima familiar, una disciplina eficaz y satisfactoria emocionalmente para todos…).

Si te cuesta encontrar alternativas al castigo, podemos ayudarte a la hora de inculcar una disciplina positiva a tus hijos. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com.

El sentimiento de culpa en las madres

Imagen: xpoppymay.deviantart.com

Imagen: xpoppymay.deviantart.com

“Si lo coges en brazos se malacostumbra”, “Déjale llorar”, “Si lo metes en la cama luego no le podrás sacar”… Éstas y otras muchas frases son las que tienen que oír las madres, especialmente las primerizas, de boca de familiares, amigas y vecinas (suelen ser otras madres, aunque también hay hombres que lo hacen) durante los primeros meses, e incluso años, de la vida de sus hijos.

Si ya es difícil criar un hijo, por aquello de que vienen sin manual de instrucciones, el escuchar este tipo de afirmaciones crea aún más inseguridad en la madre. Recibe críticas por seguir sus instintos, oculta lo que hace por miedo al qué dirán, no tiene con quién compartir las dudas, si busca información por internet parece que elija la que elija le va a crear un trauma a su hijo… Al final, lo que termina ocurriendo es que acaba sintiéndose culpable por todo, por su salud, por su educación, por su rendimiento en el colegio, por sus relaciones sociales…

Un hijo implica muchas responsabilidades. Como padres, debemos asegurarnos de cubrir sus necesidades básicas (alimentación saludable, descanso suficiente, atención médica e integridad física y psicológica, asistencia regular al colegio mientras dura la educación obligatoria, cariño y respeto), ponerles normas y límites (para que se hagan personas educadas, autónomas y responsables) y facilitarles en la medida de lo posible tener experiencias variadas en lo personal y en lo educativo (ampliar sus horizontes). Todo esto es el “qué”, que sí que vale para todos.

En cuanto al “cómo”, cada uno debe encontrar lo que funciona bien para el niño y para la familia. Cada niño y cada familia son diferentes. Lo que funciona bien para unos no tiene por qué resultar para otros. Da lo mismo si el tema es la lactancia, la introducción de la alimentación, si se hace o no colecho, la retirada del pañal… Si algo os funciona y estáis todos contentos, seguid con ello. Si algo no funciona, cambiadlo hasta dar con algo que sí funcione y que os haga sentir que hacéis lo correcto, sin importar los comentarios o las críticas. Sois vosotros los que pasáis las 24h (o las que sean) con ese bebé o ese niño, así que lo que hagáis os tiene que convencer a vosotros y a nadie más.

Desgraciadamente, es muy difícil evitar que la gente que os rodea dé su opinión. Si creéis que merece la pena, explicad lo que hacéis y lo bien que os funciona, o vuestros problemas y que necesitáis ideas. Si es alguien que ni os va ni os viene, siempre tenéis la opción de decir que os va todo genial, que os ha tocado la lotería con el bebé y que come, duerme y hace sus necesidades (con perdón, pero son los temas estrella con los niños) perfectísimamente bien.

Y si ya has pasado por esa etapa, aplícate el cuento. Los padres más experimentados podemos explicar lo que nos funcionó con nuestros hijos, pero no asumir que es la única manera correcta de criar. Si a otra familia les va bien de otra forma, y son felices, ésa es la manera correcta para ellos. Les hacemos un flaco favor criticando su manera de hacer las cosas. Una cosa es ofrecer ayuda y otra muy diferente querer imponer nuestras ideas. Si de verdad quieres ayudar a unos nuevos padres, llévales algo de comida, friégales los platos, vigílales al bebé mientras salen a dar un paseo o llévate al hermanito mayor para que tengan un rato de tranquilidad. Ésa es la ayuda que será bienvenida de verdad.

Si tienes dudas sobre la crianza de tus hijos, o te resulta difícil adaptarte a tu nuevo rol, podemos ayudarte. Llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, o escríbenos a rbpsicolegs@gmail.com, y te informaremos.