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Nueva actividad para mamás: “Desayuna con tu coach”

En RB Psicòlegs nos gusta ayudaros a encontrar la armonía en todos los aspectos de vuestra vida. La maternidad es un momento especialmente complejo: el propio proceso de embarazo, parto y lactancia, la creación del vínculo, adaptarse al nuevo rol de mamá, compatibilizarlo con el resto de roles (persona, pareja, profesional, social…), reincorporarse al trabajo sin sentirse culpable o quedarse en casa sintiéndose igual de válida, aprender cómo gestionar la imposición de límites o las rabietas de nuestros hijos, ayudarles a crecer con una buena autoestima, apoyarles en sus dificultades de aprendizaje… Cada día nos trae nuevas dudas y complicaciones, que a veces nos hacen sentirnos un poco perdidas.

Queríamos ofrecer algún tipo de servicio que permitiera poner nuestros conocimientos y nuestra experiencia como psicólogas, psicopedagogas y madres a vuestro alcance de una forma accesible y relajada, tomando un café (o un té, o una infusión, y algo de comer) y aportándoos nuevas ideas y estrategias. De ahí nació la idea de “Desayuna con tu coach”, como una reunión semanal entre madres para apoyarnos y ofrecer nuevas perspectivas y soluciones a los problemas del día a día en familias con hijos pequeños (o no tan pequeños), no sólo centrándonos en los niños, sino en todo lo que nos afecta en una etapa igual de dura que maravillosa.

Si estás interesada, llámanos a los teléfonos 622 26 60 40 / 629 97 33 24, y te informaremos de los detalles. Las plazas son limitadas, y el horario se decidirá en función de la disponibilidad de las personas interesadas (también se podría organizar un grupo de tarde).

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La pirámide de Maslow

Imagen: comocualquiera.com

Imagen: comocualquiera.com

El psicólogo estadounidense Abraham Maslow desarrolló en 1943 la teoría de la jerarquía de las necesidades humanas, más conocida como pirámide de las necesidades de Maslow o simplemente pirámide de Maslow. Según esta teoría, las necesidades de las personas se pueden ordenar en diversas categorías de forma jerárquica, siendo las de más abajo las básicas (fisiología, seguridad, afiliación y reconocimiento) y la superior de crecimiento (autorrealización).

En las categorías básicas se hayan las necesidades que motivan por su ausencia, es decir, que cuando no las tenemos actuamos para conseguirlas y cuanto más tiempo pasamos sin ellas mayor es nuestra necesidad de conseguirlas. En el primer nivel se hallan las necesidades denominadas fisiológicas, que son el respirar, alimentarse (e hidratarse), descansar, el sexo y la homeóstasis (mantener la temperatura corporal estable). En el siguiente nivel, hallamos las necesidades de seguridad (física, de recursos, familiar, de empleo, moral, de salud y de propiedad privada), de afiliación o sociales (amistad, afecto, intimidad sexual) y de reconocimiento o estima (confianza, respeto, éxito).

Por ejemplo, no podemos pasar mucho tiempo sin descansar, cuando estamos cansados buscaremos la forma de descansar, y si algo nos lo impide esta necesidad se volverá cada vez más imperiosa, hasta que apartemos o releguemos todo lo demás para conseguirla. Como estas necesidades van desde la supervivencia pura (la necesidad de respirar) hasta otras que, aunque muy importantes, no son vitales, debemos asegurarnos de tener las del nivel inferior antes de pasar al superior. Si estamos descansados, alimentados, hidratados… podemos pensar en buscar un lugar adecuado donde vivir, en proteger nuestra salud, en tener una educación… para posteriormente pensar en nuestras relaciones sociales y por último plantearnos nuestras perspectivas de éxito en nuestra profesión, el respeto de los demás…

En la parte superior de la pirámide, se hallarían las personas autorrealizadas. Tras tener cubiertas todas las necesidades básicas, las personas pueden alcanzar un estado de equilibrio en el que aceptan la realidad, no se dejan llevar por los prejuicios, son creativas…

Independientemente de que para cada uno de nosotros algunas necesidades puedan estar un escalón por encima o por debajo, sí que es cierto que cada uno necesita cubrir sus necesidades básicas antes de poder dedicar nuestras energías a un nivel superior, o nuestras capacidades se verán mermadas. Es importante ser conscientes de que no podemos estar bien ni con nosotros mismos ni con los demás si no nos cuidamos y nos aseguramos de tener y garantizar en el futuro lo básico.

Hay situaciones en la vida que nos arrebatan una necesidad que teníamos cubierta, como quedarnos en paro, separarnos de nuestra pareja, atravesar un duelo… En estos casos, es frecuente focalizar nuestra atención en esa pérdida e intentar en la medida de lo posible volver a cubrirla, olvidándonos de las necesidades básicas. Para recuperar el equilibrio, debemos volver al primer nivel de la pirámide, asegurarnos de que estamos bien surtidos de lo básico, y a partir de ahí volver a construir lentamente una base firme sobre la que asentar el resto de necesidades.

El síndrome postvacacional

Imagen: blog.intercall.com

Imagen: blog.intercall.com

Aunque no figure como trastorno ni en el DSM ni en la CIE (las dos clasificaciones internacionales de enfermedades, la primera de la Asociación Americana de Psiquiatría y limitada a los trastornos mentales, y la segunda de la OMS), cada vez oímos hablar más de este síndrome.

El síndrome postvacacional hace referencia a una serie de síntomas experimentados por las personas a la vuelta de un período de vacaciones. A nivel físico se puede experimentar cansancio, insomnio y/o somnolencia y falta de apetito, pero la mayoría de síntomas son de tipo psicológico: dificultades de concentración y de toma de decisiones, apatía, procrastinación, irritabilidad, angustia… Estos síntomas suelen hacerse más manifiestos en el entorno laboral, especialmente cuando nuestro trabajo ya nos resultaba poco satisfactorio o estresante antes de las vacaciones, pero pueden acabar afectando al área familiar y social. También unas vacaciones muy largas y/o agotadoras, y el jetlag incrementan las posibilidades de aparición del síndrome, así como la intensidad y la duración del mismo.

La mejor manera de evitar el síndrome postvacacional es la prevención: volver del lugar de veraneo al menos un par de días antes de la reincorporación al puesto de trabajo, reinstaurar progresivamente los horarios y rutinas hacia el final de nuestras vacaciones, dedicar más tiempo a nuestras aficiones en esos primeros días de reincorporación para no hacer un cambio tan brusco entre vacaciones y rutina, dedicar un tiempo a planificar y ordenar nuestra lista de tareas pendientes… Si tenemos la posibilidad, también puede ser bueno no gastar todos nuestros días libres seguidos, sino reservar algunos para repartirlos a lo largo del año, de forma que mantengamos la ilusión por algunos días más de descanso en cualquier estación del año, no sólo en verano.

Generalmente, el síndrome postvacacional remite con el tiempo, y en unas pocas semanas volveremos a estar a pleno rendimiento. Si notamos mucha afectación y que la mejoría no llega, recomendamos consultar con un profesional.